Herminia
de Arequito.
En
marzo cumplí 89 años, nací en Arequito,
en la misma casa que nació mi padre.
Mi
padre nació también en Arequito, pero mi abuelo vino de Italia, de Piamonte, de
la Provincia
de Cogno.
Mi
padre era de hablar poco, pero según me contó mi madre, mi abuelo vino a
America, a buscar fortuna, en esa época decían que en America se podía hacer
dinero, y él vino a la
Argentina.
Mi
abuelo siempre trabajó en el campo, sí.
Llegó
primero a la localidad de San Carlos, provincia de Santa Fe, pero allí estuvo
muy poquito tiempo, y después vino para Arequito, llegando a ser uno de los
primeros pobladores.
Mi
abuelo falleció cuando yo tenía cinco años, así que no recuerdo mucho de él, y
a sus últimos años presentó un deterioro cognitivo importante, estaba postrado,
y así.
Mis
padres siempre me contaban de las fiestas de su época, se reunían los
pobladores en algún momento del año, creo que me hablaban del 20 de septiembre, de los italianos, el 25 de mayo, y el 9 de julio. Hacían una reunión social, una
especie de romería, le llamaban por ese entonces.
Se
reunía todo el pueblo. Era chico, e iban todos, en general. Había servicios. Se
armaban carpas, se armaba después el baile, el baile era sagrado, sí. Y a los
chicos, era una costumbre de época antigua, darles a los niños el famoso té de
amapolas, para poder disfrutar un rato ellos.
Así
lograban rápido el sueño de sus niños.
En
Arequito hay un Museo Histórico, es muy completo, y los colonos fueron donando
elementos, los colonos y el pueblo de Arquito, en general. Yo doné fotografías,
facturas de mi papá, de 1912, para adelante, las que encontré, y una bicicleta
de mi esposo, que él siempre usó para ir a trabajar, iba y venía en bicicleta,
al banco, primero la usó para ir a la sodería, que fue lo primero que tuvimos,
y después entró en el banco, hasta que se jubiló, y siempre fue en ese
bicicleta, era su vehículo.
Los
que tenían campos eran mis suegros, pero como él fue el primer hijo, mi suegro
lo mandó a estudiar, y por eso casi no estuvo en el campo, él. Se jubiló como
autónomo. En el banco era como el comodín, adonde lo necesitaban, él iba.
Yo
viví toda mi vida en Arequito, el lugar siempre me gustó, me gustó el campo
mucho, siempre, Arequito está hacia el sur de la Provincia de Santa Fe, y
tiene el río Carcarañá a dos kilómetros, muy importante, pues trae todo el agua
de las montañas del Noroeste Argentino, a través de los ríos Pasaje, Juramento,
Salado, y llega a la cuenca del Paraná y el río de La Plata.
Una
vez hubo mucha, mucha lluvia, y se inundó Arequito, y se llevó al puente, y
después tardaron casi diez años en reconstruirlo.
Ahora
está muy lindo, y el balneario, también está muy lindo, es una pena, porque aún
no tenemos pavimento, es camino de tierra, peligroso con la lluvia, y levanta
mucho polvo.
Arequito,
tiene una población de siete mil personas, no llega a ocho mil, y tenemos tres
escuelas primarias, una de monjas, y dos de la provincia de Santa Fe, y hay una
Escuela Técnica, y una Escuela Secundaria, y salen de la primera con oficios, y
de la segunda, Peritos Mercantiles. Y después pueden seguir en la Universidad.
En la
juventud de Arequito, hay algunos que son muy buenos, pero otros, no tanto, hay
muchos que ingresan de afuera, y la droga, se drogan los chicos, sí,
desgraciadamente, está ya instalada.
El
sitio progresó muchísimo, en los últimos años.
De la
televisión de Arequito, fui entrevistada, y me pidieron que les cuente desde mi
niñez, hasta la actualidad. Directamente mi vida, sí.
Me
puse un poco nerviosa, porque las filmaciones y la grabación, me ponen un poco
nerviosa, pero después me sentí muy bien, digamos que orgullosa, que se
acuerden de mí…
En
Arequito hay dos clubes de football, estuve como cinco años como Presidenta de la Comisión de Mujeres, de
uno de ellos, el Club Belgrano, era una comisión de apoyo, que se encargaba de
preparar la comida de las reuniones sociales del Club Belgrano, y el 25 de
Mayo, que festejaba ese Club, hacíamos la repostería, que así le llamaban, con
todo tipo de postres, y aquí Herminia me mostró una foto de una torta de varios
pisos, muy alta, apropiada para esas ocasiones.
Eran
como 25 mujeres, trabajando, todas
juntas, y se hacían a veces como 1000
empanadas, y se amasaba a mano, todo a mano, sí. Éramos jóvenes y
podíamos, y lo hacíamos para mucha gente. Había voluntad para trabajar.
Mi
Club era Belgrano, y el otro se llama 9
de Julio.
Hay
dos hinchadas, y hay cierta rivalidad manifiesta, que le pone un poquito de
sal, a la relación, sí, es divertido, en mi familia son todos de 9 de Julio, y yo salí de Belgrano, la única
oveja negra, soy yo.
Después
de esos cinco años, tuve que dejar el Club para cuidar de mis padres, que ya
estaban viejitos y me necesitaban, tenía que cuidarlos a ellos, y dejé un
poquito de lado, el club.
Después
retomé un tiempo, pues se hacían Festivales de Folklore, grandísimos, vino
gente hasta de Ushuaia, de todo el país, venían a Arequito, sí. Y allí trabajé,
porque había que alojar gente en casas, porque en esa época, no había hotel en
Arequito, y había que darles albergue, actualmente hay uno chiquito, pero ahora
ya tenemos uno. El que tenía una casa desocupada cerca, se ofrecía, sí, les
armábamos las camas, los colchones, todo, todas sus comodidades.
El
Museo de Arequito, está abierto todos los domingos, después de las cinco de la
tarde, y es digno de visitarlo, sí.
En mi
juventud y en mi niñez, la gente mayor se reunía en las casas, pero
actualmente, se reúnen en los Clubes, hay un Club de bochas, muy importante, y
es punto de reunión de mayores, sí.
Y
después está el Club de Abuelos de Arequito, fundado el 24 de agosto de 1992,
durante dos meses fui Presidenta, y mucho tiempo fui Vicepresidenta, y estuve
trabajando 14 años, hasta picar
ladrillos, hice allí de todo, porque compramos una casa, entre los fundadores,
y el pueblo ayudó económicamente, era precisamente la casa en la que vivía yo,
antes de ir a mi casa actual, se hizo un salón a los costados, una cancha de
bochas, y después, con el tiempo, como se trabajaba mucho, se hacía mucho
baile, y teníamos el dinero y compramos la casa de al lado, y ampliamos el
lugar.
Y así
logramos hacer un salón más grande. Eso actualmente está a full. Van muchas
mujeres a jugar al chinchón, los hombres a jugar a los naipes y a las bochas, y
así se entretiene mucho.
Estuve
allí catorce años, y después dejé.
Me
olvido que tengo casi 90 años, ya, y me
pongo a trabajar, y no paro, de ir de un lado para el otro.
Mentalmente
me siento como de 60 años, sí.
El
cuerpo no responde tanto, en esta época de mi vida. Pero yo estoy muy
tranquila, porque el Club, está en muy buenas manos, y el deporte más común es
el football, pero las bochas también. Son Centros Recreativos.
A las
bochas, van gente de todas las edades, y ahora están dictando clases de bochas
para chicos, sí.
La
provincia les donó una cancha de un piso especial, no es plástico, es un
revestimiento, muy lindo.
En
Arequito, somos descendientes de italianos, mezclados con yugoslavos, hay
muchísimos yugoslavos, todos a las tareas rurales, fundamentalmente.
Los
yugoslavos, tuvieron un salón que daban cine, y después se lo vendieron al Club
Belgrano.
Yo
tuve un solo hijo, y cinco nietos, con cuatro bisnietos, tres nenas de 5, un
año y medio, y la última de cinco meses, y el varoncito tiene tres años y
medio.
Después
de haber vivido todos estos años, en Arequito, si tuviera que volver a vivir,
de nuevo, viviría en Arequito, sí.
Aunque
la seguridad allá ya dejó de ser lo que era antes, hace cosa de dos meses, me
sucedió algo muy feo, era una noche de mucho calor, tenía una galería que la
cerré con mamparas, y corrí la puerta y dejé el
mosquitero, y a las cuatro de la mañana, sentí que el perro se
comportaba como si hubiera una persona, yo miro de la cama, tengo la ventan
allí cerquita, y había adentro una persona mirando, allí, y yo no me asusté,
creí que era mi nieto, y lo llamaba, ¿sos vos David? Y no me contestaba nadie,
y yo seguía preguntando, y allí grité contestame David, porque sabés que estoy
armada…
Y
allí, el que miraba, se escapó.
Yo
estoy armada para asustarlo, no para tirarle.
Después
llamé a la Policía,
pero no pasó nada.
Ya
había desaparecido.
Está
pasando como una ciudad grande, ya Arequito.
Hay
muchos que llegan de afuera, porque en Arequito, nos conocemos todos, sí.
Con
mi esposo, lo que disfruté mucho fueron los viajes, el primero, lo hicimos a
Bariloche, el segundo lo hicimos al Noroeste Argentino, es divino, divino,
divino, fuimos hasta la
Quebrada de Humahuaca, y después seguimos con Cataratas del
Iguazú, Misiones, y dos viajes a Santiago, a las Termas de Río Hondo.
El último
fue a Puerto Madryn, pero ya mi esposo no estaba bien.
Realmente,
los viajes con mi esposo, los disfruté muchísimo. Fui muy feliz.
En el
banco, después de jubilado, siguió, un tiempo, porque el fue fundador, porque
el banco antes era Caja de Crédito, y él ya estaba allí. Lo conocían y lo
querían mucho, y lo seguían necesitando, además por la confianza.
Era
una persona que no hablaba para no ofender.
Y
trabajó hasta que se enfermó.
Cinco
años después de su jubilación, y en las vacaciones de esos cinco años,
viajábamos.
Ya
sola, es distinto, una sola vez fui a las Termas de Río Hondo, con unas amigas,
pero era distinto.
En la
época que fuimos nosotros, no había mucho para disfrutar, no había tantos
bailes ni cantos, como ahora, ni tampoco estaba el sitio para jugar a las
bochas, que hoy tiene tanto éxito. Sólo había el baño termal del Hotel y el
municipal, el público.
Yo,
los 14 años, que estuve en el Club, me
las pasaba jugando a las bochas, sí.
Y el
juego del tejo, que se juega en todas las playas del mar de Argentina, es muy
parecido a las bochas, pero tiene tejos que se arrojan, porque en la playa, por
la arena, no se puede usar mucho la bocha, porque no rodaría, pero el juego es
muy similar.
Por
enfermedades, pasé momentos difíciles, sí, pero si uno hiciera un balance, para
mí, fue positivo.
Cerquita
del río Carcarañá, hay un monolito que es la Posta de Arequito, y es referencia histórica, en
la lucha por la
Independencia de Argentina.
También
estuve 14 años, representando obras de
teatro, en el Cine Teatro Rossini, bajo la Dirección General
y Puesta en Escena de Ricardo Costamagna, se comenta, que es uno de los mejores
teatros de la zona, y lo han restaurado, porque se estaba viniendo un poco
abajo, y fue construido en 1930.
Cuando
actuaba, sentía una emoción tremenda, y me gustaba de alma, sentí dejarlo, pero
no pude seguir, por los ensayos, que hacía mucho frío, ya no, no pude más, la
última obra, la ensayé hasta el último día, y me tuvieron que internar por
fiebre, cuando ellos estaban actuando. Y así dejé.
Obras
que hice fueron, el Conventillo de la
Paloma, Esperando la Carroza, Los Milagros del Padre Liborio, El Gran
Billete, y muchísimas más.
A mi
papá le entregaron una medalla conmemorativa, en junio de 1981, por ser el
único habitante que nació el mismo año en que fue fundado Arequito. Miguel
Garello.
Me
dieron un diploma, en reconocimiento a Mujeres Protagonistas 2012, cuando me
hicieron el reportaje televisivo, el 6
de diciembre de 2012.
Fue
nominada en un premio de la radio, 104.1, Play, en un concurso, por su
desempeño artístico, fue ternada, pero no ganó. Se llamaba Grupo Teatro de la Tercera Edad de Arequito, y
muchas veces contó con el auspicio de la Secretaría Comunal
de Cultura de la localidad.
Con
el Club de Abuelos de Arequito, fueron a un Segundo Encuentro de Clubes de
Abuelos, en Cosquín, en mayo de 1996.
Tengo
un pariente, sacerdote, que era sobrino de mi padre, y que reside en el barrio
de La Florida,
de Rosario, Rogelio Barufaldi, que es un escritor, y me dedicó afectuosamente
su libro Aire desaparecido.
En su
libro, el Padre Barufaldi expresa que la localidad de Arequito se empezó a
poblar con los primeros pobladores transitorios, que llegaron en carretas,
diligencias o caballos: la posta, y luego, paso y residencia de soldados. Después,
para mover mieses y ganados, el progreso trajo al Ferrocarril, y a su Estación.
Y por último el pueblo, con sus vidas, sueños y recuerdos.
El
libro es de poemas, pero tiene un centro en la localidad de Arequito. Y por
ejemplo, hay un poema, que se denomina Canto Centenario para Arequito,
1891-1991, y dice así:
Arequito
es un pueblo con nombre de camino.
Un
rancho puro y solo lo paró en su distancia
De
leguas y carretas, mayorales y huellas
Sobre
la pampa virgen que llaman “Candelaria”
Primero
posta quieta entre horizontes de aves,
El
cielo la tensaba en enormes desiertos,
Los
pastos y los vientos recorrían su pulso
Y un
aire de guitarras derrotaba el silencio.
Recobrada
en su tiempo, la posta entredormida
Se
ladea en un río angosto, brusco, amigo,
Despierto
en las crecidas y oscuro entre barrancas,
“Carcarañá”
lo nombra la lengua de los indios.
Posta,
cantón, colonia, y el año ochenta y uno
Le
van creciendo manos de colonos extraños.
En
esa pampa virgen los surcos van abriendo
Entrañas
de una tierra que se entibia en los granos.
Sembrar
siempre acostumbra al hombre a su paisaje,
Cada
nueva cosecha anuda una querencia.
Poco
a poco unas casas, almacenes, palenques,
Delinean
un espacio donde aquietar la siembra.
Decretando
silencios y descubriendo sombras,
Primera
por las calles se pasea la luna.
La
luna de los pueblos se parece a una rosa
Tan
fría que la noche se hiela entre sus puntas.
Allí
se hacen las calles, las esquinas, la plaza,
Se va
trazando el pueblo con oleadas de gringos,
Se
sorprendían los pájaros con los árboles nuevos,
Los
rieles dibujan la “Estación Arequito”.
Por
el año noventa pidió voz y guitarra
Para
ordenar la fuerza de campos y graneros
Y en
el mapa preciso de Santa Fe “invencible”
Fue
en el Departamento que se llamó “Caseros”.
Crecieron
las pisadas a lo largo y a lo ancho.
Los
vecinos sentían más vecinos sus rumbos,
Veía
la “colonia” que el “pueblo” le nacía
Se lo
aprobó el Gobierno. Año noventa y uno.
(Aquí
debía, confiado en las leyes de historia
Detenerme
un instante en el viento del canto,
Extender
un pañuelo de exaltado recuerdo
Para
el año que ahora es AÑO CENTENARIO)
Mientras
tímidos planos imaginaban cuadras,
Y
lentos almacenes se abrían por el centro,
Los
hombres se enraciman ordenando opiniones.
El
noventa y dos tiene: Comisión de Fomento.
No
bastaba a los hombres enraizarse en el suelo
Saben
que el rumbo largo del ojo son estrellas,
Que
los techos no quedan seguros si están solos
Sin
la sombra y la flecha de una torre de iglesia.
Año
noventa y siete, el Padre Netri empieza
Las
paredes que el cuatro de este siglo es Parroquia.
Ya
está el Padre Domingo, eterno como el pueblo,
Alzando
por los cielos del pueblo la otra historia.
Aún
no acababa el siglo. Año noventa y nueve.
Los
gobiernos disponen inscribir muerte y vida.
Diez
y nueve de abril, Juan Borzone atestigua:
El
Registro Civil de Arequito se inicia.
Se
consigna en escritos –hoy tinta desleída-
La
cotidiana historia de muerte y nacimiento.
Cuántos
rostros, distintos, amores y tristezas
Guardan
las viejas actas en sus páginas quietas.
Mientras
tanto las “Casas de Ramos Generales”
Acopiaban
cereales en frescos almacenes,
Los
sulkis se amarraban en las largas
veredas;
Con
un vino se cuenta lo feliz o una muerte.
El
poblado y las chacras intercambian latidos.
Los
domingos los juntan la Iglesia
y el boliche.
Endomingados
hombres y elegantes muchachas,
Hacen
rondas en la plaza o en la esquina se miden.
Les
dolía a los hombres maduros el recuerdo:
Otro
campo, otras rosas, otro mar, otras formas,
Italianos,
hispanos, yugoslavos, franceses.
Argentinaba
al pueblo lentamente un idioma.
Nostalgias
y esperanzas se juntan en los nombres:
“Cine
Teatro Rossini”, “Romerías Españolas”,
“Hogar
Sociedad Croata”. En las fiestas desviven
La
música de un alma que esta tierra convoca.
Para
nombrar el pueblo cabal, como es debido,
Falta
cantar la gloria rival desde hace años,
De
fraternas divisas, constantes como el suelo
Donde
juegan su suerte: el Nueve y el Belgrano.
Después…vendría
todo eso que llamamos “progreso”.
Pavimento,
las luces, las casas remozadas…
Pero
pido permiso para fijar el quieto
Arequito
que siempre nos corre por el alma.
Largas
calles de tierra se ordenan con las casas;
Generosos
baldíos con caballos o quintas;
El
reloj de la Iglesia
entregando las horas;
Siempre
leguas de campo enmarcando las vidas.
Las
mañanas de otoño los tempraneros fríos
Ponen
los guardapolvos a blanquear las veredas.
Un
sulky, algún petiso va tranqueando despacio.
Amanece
en el pueblo el sol de las escuelas.
Siempre
bajó la noche muy suave en Arequito:
Los
negocios se entornan, algún bar se reanima.
Las
copas de los árboles lentamente se ensombran.
Un
claro olor de cenas empuebla las cocinas.
Dormir
en Arequito es compensar el sueño
Con
algunas estrellas que creíamos cerca,
Y es
quizás escucharles ese lado de sombra
Que
aprendimos sentados a un cordón de la vereda.
Nuestro
pueblo es un pueblo donde cien años marcan
Por
el costado izquierdo de la Pampa
más Gringa
El
corazón de quienes estrenamos su tierra
Y
paramos su cielo para verlo de arriba.
Si
aquel Don Braulio Areco de la posta lejana
Despertara
en un sueño de tiempo y de camino
Quizá
en doscientos años no sabría de un pueblo
Que
lo lleva abreviado en su nombre: Arequito.
Hay
infinidad de poemas, uno mejor que otro, pero todos inspirados en el ALMA de
Arequito, que comenzó como una Posta, para darle a los viajeros mejores
beneficios y seguridad en sus dilatados viajes, y así, cuenta Lía Claudia
García, en Historia Integral de Arequito, que se estableció una parada
intermedia a 4 leguas de los Desmochados, e igual distancia de la Guardia de la Esquina, y que en la
cartografía de la época se conoció con las denominaciones de Arequito, o lo de
Areco.
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