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miércoles, 3 de diciembre de 2014

HERMINIA DE AREQUITO






Herminia de Arequito.

En marzo cumplí 89  años, nací en Arequito, en la misma casa que nació mi padre.
Mi padre nació también en Arequito, pero mi abuelo vino de Italia, de Piamonte, de la Provincia de Cogno.
Mi padre era de hablar poco, pero según me contó mi madre, mi abuelo vino a America, a buscar fortuna, en esa época decían que en America se podía hacer dinero, y él vino a la Argentina.
Mi abuelo siempre trabajó en el campo, sí.
Llegó primero a la localidad de San Carlos, provincia de Santa Fe, pero allí estuvo muy poquito tiempo, y después vino para Arequito, llegando a ser uno de los primeros pobladores.
Mi abuelo falleció cuando yo tenía cinco años, así que no recuerdo mucho de él, y a sus últimos años presentó un deterioro cognitivo importante, estaba postrado, y así.
Mis padres siempre me contaban de las fiestas de su época, se reunían los pobladores en algún momento del año, creo que me hablaban del 20  de septiembre, de los italianos, el 25  de mayo, y el 9  de julio. Hacían una reunión social, una especie de romería, le llamaban por ese entonces.
Se reunía todo el pueblo. Era chico, e iban todos, en general. Había servicios. Se armaban carpas, se armaba después el baile, el baile era sagrado, sí. Y a los chicos, era una costumbre de época antigua, darles a los niños el famoso té de amapolas, para poder disfrutar un rato ellos.
Así lograban rápido el sueño de sus niños.
En Arequito hay un Museo Histórico, es muy completo, y los colonos fueron donando elementos, los colonos y el pueblo de Arquito, en general. Yo doné fotografías, facturas de mi papá, de 1912, para adelante, las que encontré, y una bicicleta de mi esposo, que él siempre usó para ir a trabajar, iba y venía en bicicleta, al banco, primero la usó para ir a la sodería, que fue lo primero que tuvimos, y después entró en el banco, hasta que se jubiló, y siempre fue en ese bicicleta, era su vehículo.
Los que tenían campos eran mis suegros, pero como él fue el primer hijo, mi suegro lo mandó a estudiar, y por eso casi no estuvo en el campo, él. Se jubiló como autónomo. En el banco era como el comodín, adonde lo necesitaban, él iba.
Yo viví toda mi vida en Arequito, el lugar siempre me gustó, me gustó el campo mucho, siempre, Arequito está hacia el sur de la Provincia de Santa Fe, y tiene el río Carcarañá a dos kilómetros, muy importante, pues trae todo el agua de las montañas del Noroeste Argentino, a través de los ríos Pasaje, Juramento, Salado, y llega a la cuenca del Paraná y el río de La Plata.
Una vez hubo mucha, mucha lluvia, y se inundó Arequito, y se llevó al puente, y después tardaron casi diez años en reconstruirlo.
Ahora está muy lindo, y el balneario, también está muy lindo, es una pena, porque aún no tenemos pavimento, es camino de tierra, peligroso con la lluvia, y levanta mucho polvo.
Arequito, tiene una población de siete mil personas, no llega a ocho mil, y tenemos tres escuelas primarias, una de monjas, y dos de la provincia de Santa Fe, y hay una Escuela Técnica, y una Escuela Secundaria, y salen de la primera con oficios, y de la segunda, Peritos Mercantiles. Y después pueden seguir en la Universidad.
En la juventud de Arequito, hay algunos que son muy buenos, pero otros, no tanto, hay muchos que ingresan de afuera, y la droga, se drogan los chicos, sí, desgraciadamente, está ya instalada.
El sitio progresó muchísimo, en los últimos años.
De la televisión de Arequito, fui entrevistada, y me pidieron que les cuente desde mi niñez, hasta la actualidad. Directamente mi vida, sí.
Me puse un poco nerviosa, porque las filmaciones y la grabación, me ponen un poco nerviosa, pero después me sentí muy bien, digamos que orgullosa, que se acuerden de mí…
En Arequito hay dos clubes de football, estuve como cinco años como Presidenta de la Comisión de Mujeres, de uno de ellos, el Club Belgrano, era una comisión de apoyo, que se encargaba de preparar la comida de las reuniones sociales del Club Belgrano, y el 25 de Mayo, que festejaba ese Club, hacíamos la repostería, que así le llamaban, con todo tipo de postres, y aquí Herminia me mostró una foto de una torta de varios pisos, muy alta, apropiada para esas ocasiones.
Eran como 25  mujeres, trabajando, todas juntas, y se hacían a veces como 1000  empanadas, y se amasaba a mano, todo a mano, sí. Éramos jóvenes y podíamos, y lo hacíamos para mucha gente. Había voluntad para trabajar.
Mi Club era Belgrano, y el otro se llama 9  de Julio.
Hay dos hinchadas, y hay cierta rivalidad manifiesta, que le pone un poquito de sal, a la relación, sí, es divertido, en mi familia son todos de 9  de Julio, y yo salí de Belgrano, la única oveja negra, soy yo.
Después de esos cinco años, tuve que dejar el Club para cuidar de mis padres, que ya estaban viejitos y me necesitaban, tenía que cuidarlos a ellos, y dejé un poquito de lado, el club.
Después retomé un tiempo, pues se hacían Festivales de Folklore, grandísimos, vino gente hasta de Ushuaia, de todo el país, venían a Arequito, sí. Y allí trabajé, porque había que alojar gente en casas, porque en esa época, no había hotel en Arequito, y había que darles albergue, actualmente hay uno chiquito, pero ahora ya tenemos uno. El que tenía una casa desocupada cerca, se ofrecía, sí, les armábamos las camas, los colchones, todo, todas sus comodidades.
El Museo de Arequito, está abierto todos los domingos, después de las cinco de la tarde, y es digno de visitarlo, sí.
En mi juventud y en mi niñez, la gente mayor se reunía en las casas, pero actualmente, se reúnen en los Clubes, hay un Club de bochas, muy importante, y es punto de reunión de mayores, sí.
Y después está el Club de Abuelos de Arequito, fundado el 24 de agosto de 1992, durante dos meses fui Presidenta, y mucho tiempo fui Vicepresidenta, y estuve trabajando 14  años, hasta picar ladrillos, hice allí de todo, porque compramos una casa, entre los fundadores, y el pueblo ayudó económicamente, era precisamente la casa en la que vivía yo, antes de ir a mi casa actual, se hizo un salón a los costados, una cancha de bochas, y después, con el tiempo, como se trabajaba mucho, se hacía mucho baile, y teníamos el dinero y compramos la casa de al lado, y ampliamos el lugar.
Y así logramos hacer un salón más grande. Eso actualmente está a full. Van muchas mujeres a jugar al chinchón, los hombres a jugar a los naipes y a las bochas, y así se entretiene mucho.
Estuve allí catorce años, y después dejé.
Me olvido que tengo casi 90  años, ya, y me pongo a trabajar, y no paro, de ir de un lado para el otro.
Mentalmente me siento como de 60  años, sí.
El cuerpo no responde tanto, en esta época de mi vida. Pero yo estoy muy tranquila, porque el Club, está en muy buenas manos, y el deporte más común es el football, pero las bochas también. Son Centros Recreativos.
A las bochas, van gente de todas las edades, y ahora están dictando clases de bochas para chicos, sí.
La provincia les donó una cancha de un piso especial, no es plástico, es un revestimiento, muy lindo.
En Arequito, somos descendientes de italianos, mezclados con yugoslavos, hay muchísimos yugoslavos, todos a las tareas rurales, fundamentalmente.
Los yugoslavos, tuvieron un salón que daban cine, y después se lo vendieron al Club Belgrano.
Yo tuve un solo hijo, y cinco nietos, con cuatro bisnietos, tres nenas de 5, un año y medio, y la última de cinco meses, y el varoncito tiene tres años y medio.
Después de haber vivido todos estos años, en Arequito, si tuviera que volver a vivir, de nuevo, viviría en Arequito, sí.
Aunque la seguridad allá ya dejó de ser lo que era antes, hace cosa de dos meses, me sucedió algo muy feo, era una noche de mucho calor, tenía una galería que la cerré con mamparas, y corrí la puerta y dejé el  mosquitero, y a las cuatro de la mañana, sentí que el perro se comportaba como si hubiera una persona, yo miro de la cama, tengo la ventan allí cerquita, y había adentro una persona mirando, allí, y yo no me asusté, creí que era mi nieto, y lo llamaba, ¿sos vos David? Y no me contestaba nadie, y yo seguía preguntando, y allí grité contestame David, porque sabés que estoy armada…
Y allí, el que miraba, se escapó.
Yo estoy armada para asustarlo, no para tirarle.
Después llamé a la Policía, pero no pasó nada.
Ya había desaparecido.
Está pasando como una ciudad grande, ya Arequito.
Hay muchos que llegan de afuera, porque en Arequito, nos conocemos todos, sí.
Con mi esposo, lo que disfruté mucho fueron los viajes, el primero, lo hicimos a Bariloche, el segundo lo hicimos al Noroeste Argentino, es divino, divino, divino, fuimos hasta la Quebrada de Humahuaca, y después seguimos con Cataratas del Iguazú, Misiones, y dos viajes a Santiago, a las Termas de Río Hondo.
El último fue a Puerto Madryn, pero ya mi esposo no estaba bien.
Realmente, los viajes con mi esposo, los disfruté muchísimo. Fui muy feliz.
En el banco, después de jubilado, siguió, un tiempo, porque el fue fundador, porque el banco antes era Caja de Crédito, y él ya estaba allí. Lo conocían y lo querían mucho, y lo seguían necesitando, además por la confianza.
Era una persona que no hablaba para no ofender.
Y trabajó hasta que se enfermó.
Cinco años después de su jubilación, y en las vacaciones de esos cinco años, viajábamos.
Ya sola, es distinto, una sola vez fui a las Termas de Río Hondo, con unas amigas, pero era distinto.
En la época que fuimos nosotros, no había mucho para disfrutar, no había tantos bailes ni cantos, como ahora, ni tampoco estaba el sitio para jugar a las bochas, que hoy tiene tanto éxito. Sólo había el baño termal del Hotel y el municipal, el público.
Yo, los 14  años, que estuve en el Club, me las pasaba jugando a las bochas, sí.
Y el juego del tejo, que se juega en todas las playas del mar de Argentina, es muy parecido a las bochas, pero tiene tejos que se arrojan, porque en la playa, por la arena, no se puede usar mucho la bocha, porque no rodaría, pero el juego es muy similar.
Por enfermedades, pasé momentos difíciles, sí, pero si uno hiciera un balance, para mí, fue positivo.
Cerquita del río Carcarañá, hay un monolito que es la Posta de Arequito, y es referencia histórica, en la lucha por la Independencia de Argentina.
También estuve 14  años, representando obras de teatro, en el Cine Teatro Rossini, bajo la Dirección General y Puesta en Escena de Ricardo Costamagna, se comenta, que es uno de los mejores teatros de la zona, y lo han restaurado, porque se estaba viniendo un poco abajo, y fue construido en 1930.
Cuando actuaba, sentía una emoción tremenda, y me gustaba de alma, sentí dejarlo, pero no pude seguir, por los ensayos, que hacía mucho frío, ya no, no pude más, la última obra, la ensayé hasta el último día, y me tuvieron que internar por fiebre, cuando ellos estaban actuando. Y así dejé.
Obras que hice fueron, el Conventillo de la Paloma, Esperando la Carroza, Los Milagros del Padre Liborio, El Gran Billete, y muchísimas más.
A mi papá le entregaron una medalla conmemorativa, en junio de 1981, por ser el único habitante que nació el mismo año en que fue fundado Arequito. Miguel Garello.
Me dieron un diploma, en reconocimiento a Mujeres Protagonistas 2012, cuando me hicieron el reportaje televisivo, el 6  de diciembre de 2012.
Fue nominada en un premio de la radio, 104.1, Play, en un concurso, por su desempeño artístico, fue ternada, pero no ganó. Se llamaba Grupo Teatro de la Tercera Edad de Arequito, y muchas veces contó con el auspicio de la Secretaría Comunal de Cultura de la localidad.
Con el Club de Abuelos de Arequito, fueron a un Segundo Encuentro de Clubes de Abuelos, en Cosquín, en mayo de 1996.
Tengo un pariente, sacerdote, que era sobrino de mi padre, y que reside en el barrio de La Florida, de Rosario, Rogelio Barufaldi, que es un escritor, y me dedicó afectuosamente su libro Aire desaparecido.
En su libro, el Padre Barufaldi expresa que la localidad de Arequito se empezó a poblar con los primeros pobladores transitorios, que llegaron en carretas, diligencias o caballos: la posta, y luego, paso y residencia de soldados. Después, para mover mieses y ganados, el progreso trajo al Ferrocarril, y a su Estación. Y por último el pueblo, con sus vidas, sueños y recuerdos.
El libro es de poemas, pero tiene un centro en la localidad de Arequito. Y por ejemplo, hay un poema, que se denomina Canto Centenario para Arequito, 1891-1991, y dice así:

Arequito es un pueblo con nombre de camino.
Un rancho puro y solo lo paró en su distancia
De leguas y carretas, mayorales y huellas
Sobre la pampa virgen que llaman “Candelaria”

Primero posta quieta entre horizontes de aves,
El cielo la tensaba en enormes desiertos,
Los pastos y los vientos recorrían su pulso
Y un aire de guitarras derrotaba el silencio.

Recobrada en su tiempo, la posta entredormida
Se ladea en un río angosto, brusco, amigo,
Despierto en las crecidas y oscuro entre barrancas,
“Carcarañá” lo nombra la lengua de los indios.

Posta, cantón, colonia, y el año ochenta y uno
Le van creciendo manos de colonos extraños.
En esa pampa virgen los surcos van abriendo
Entrañas de una tierra que se entibia en los granos.

Sembrar siempre acostumbra al hombre a su paisaje,
Cada nueva cosecha anuda una querencia.
Poco a poco unas casas, almacenes, palenques,
Delinean un espacio donde aquietar la siembra.

Decretando silencios y descubriendo sombras,
Primera por las calles se pasea la luna.
La luna de los pueblos se parece a una rosa
Tan fría que la noche se hiela entre sus puntas.

Allí se hacen las calles, las esquinas, la plaza,
Se va trazando el pueblo con oleadas de gringos,
Se sorprendían los pájaros con los árboles nuevos,
Los rieles dibujan la “Estación Arequito”.

Por el año noventa pidió voz y guitarra
Para ordenar la fuerza de campos y graneros
Y en el mapa preciso de Santa Fe “invencible”
Fue en el Departamento que se llamó “Caseros”.

Crecieron las pisadas a lo largo y a lo ancho.
Los vecinos sentían más vecinos sus rumbos,
Veía la “colonia” que el “pueblo” le nacía
Se lo aprobó el Gobierno. Año noventa y uno.

(Aquí debía, confiado en las leyes de historia
Detenerme un instante en el viento del canto,
Extender un pañuelo de exaltado recuerdo
Para el año que ahora es AÑO CENTENARIO)

Mientras tímidos planos imaginaban cuadras,
Y lentos almacenes se abrían por el centro,
Los hombres se enraciman ordenando opiniones.
El noventa y dos tiene: Comisión de Fomento.

No bastaba a los hombres enraizarse en el suelo
Saben que el rumbo largo del ojo son estrellas,
Que los techos no quedan seguros si están solos
Sin la sombra y la flecha de una torre de iglesia.

Año noventa y siete, el Padre Netri empieza
Las paredes que el cuatro de este siglo es Parroquia.
Ya está el Padre Domingo, eterno como el pueblo,
Alzando por los cielos del pueblo la otra historia.

Aún no acababa el siglo. Año noventa y nueve.
Los gobiernos disponen inscribir muerte y vida.
Diez y nueve de abril, Juan Borzone atestigua:
El Registro Civil de Arequito se inicia.

Se consigna en escritos –hoy tinta desleída-
La cotidiana historia de muerte y nacimiento.
Cuántos rostros, distintos, amores y tristezas
Guardan las viejas actas en sus páginas quietas.

Mientras tanto las “Casas de Ramos Generales”
Acopiaban cereales en frescos almacenes,
Los sulkis se amarraban  en las largas veredas;
Con un vino se cuenta lo feliz o una muerte.

El poblado y las chacras intercambian latidos.
Los domingos los juntan la Iglesia y el boliche.
Endomingados hombres y elegantes muchachas,
Hacen rondas en la plaza o en la esquina se miden.

Les dolía a los hombres maduros el recuerdo:
Otro campo, otras rosas, otro mar, otras formas,
Italianos, hispanos, yugoslavos, franceses.
Argentinaba al pueblo lentamente un idioma.

Nostalgias y esperanzas se juntan en los nombres:
“Cine Teatro Rossini”, “Romerías Españolas”,
“Hogar Sociedad Croata”. En las fiestas desviven
La música de un alma que esta tierra convoca.

Para nombrar el pueblo cabal, como es debido,
Falta cantar la gloria rival desde hace años,
De fraternas divisas, constantes como el suelo
Donde juegan su suerte: el Nueve y el Belgrano.

Después…vendría todo eso que llamamos “progreso”.
Pavimento, las luces, las casas remozadas…
Pero pido permiso para fijar el quieto
Arequito que siempre nos corre por el alma.

Largas calles de tierra se ordenan con las casas;
Generosos baldíos con caballos o quintas;
El reloj de la Iglesia entregando las horas;
Siempre leguas de campo enmarcando las vidas.

Las mañanas de otoño los tempraneros fríos
Ponen los guardapolvos a blanquear las veredas.
Un sulky, algún petiso va tranqueando despacio.
Amanece en el pueblo el sol de las escuelas.

Siempre bajó la noche muy suave en Arequito:
Los negocios se entornan, algún bar se reanima.
Las copas de los árboles lentamente se ensombran.
Un claro olor de cenas empuebla las cocinas.

Dormir en Arequito es compensar el sueño
Con algunas estrellas que creíamos cerca,
Y es quizás escucharles ese lado de sombra
Que aprendimos sentados a un cordón de la vereda.

Nuestro pueblo es un pueblo donde cien años marcan
Por el costado izquierdo de la Pampa más Gringa
El corazón de quienes estrenamos su tierra
Y paramos su cielo para verlo de arriba.

Si aquel Don Braulio Areco de la posta lejana
Despertara en un sueño de tiempo y de camino
Quizá en doscientos años no sabría de un pueblo
Que lo lleva abreviado en su nombre: Arequito.

Hay infinidad de poemas, uno mejor que otro, pero todos inspirados en el ALMA de Arequito, que comenzó como una Posta, para darle a los viajeros mejores beneficios y seguridad en sus dilatados viajes, y así, cuenta Lía Claudia García, en Historia Integral de Arequito, que se estableció una parada intermedia a 4 leguas de los Desmochados, e igual distancia de la Guardia de la Esquina, y que en la cartografía de la época se conoció con las denominaciones de Arequito, o lo de Areco.


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