"QUIÉN ES “KAPE…”
Este es el apodo, de
Alejandro Kapeniak, escritor, médico y psicólogo, que trabaja en el Hospital
Borda, y en horarios vespertinos, va por las zonas del oeste del Gran Buenos
Aires…
Hace controles
psiquiátricos a adultos-mayores, muchos, terminales…
Explica: “mis pacientes
mayores, me enseñaron a no ser un médico pedante…y a aceptar una mano que
acaricie…”
De a poco se fue
soltando, en sus entrevistas, con adultos-mayores, y empezó, a disfrutar, cada
encuentro humano, olvidándose de sus propios miedos, y prejuicios, en estos
hogares, algunos de extrema pobreza, con grandes deterioros, enfermedades, y la
cercanía de la propia muerte…
Explica que los médicos,
muchas veces, son temerosos, con el cuerpo vivo, de sus pacientes, y se los ve,
(aún para establecer distancia y una presunta “protección”), como un objeto, y
descubrir a la verdadera persona, cuesta mucho, y a veces duele, bastante,
también.
“Kape”, se atrevió, con
lo que explica, las tres dimensiones del mundo de los viejos: su cuerpo, su
mirada y sus palabras…
Lo recibieron, con afecto,
y le decían: “¿Cansado y apurado, doc? Le convidamos unos mates, y siga su ruta
¿Tiene pibes?...”
Y así, iban surgiendo
conversaciones, a veces muy profundas, que empezó a escribir, y llegó a
publicar: “El Croquit”, “Camila y el Doctor”, “Pequeñas Situaciones”, “Cuentos
del Borde”, “Llegó el doctor del abuelo”, “El Croquitario”, y “Kioku…”
Con un cuento: “La Buena
Muerte”, ganó el Concurso Internacional Carbono Alterado en 2018…
¿Y por qué?
Los humanos, necesitamos
mimos, y más, si estamos, enfermos y desamparados…
Y una de sus pacientes,
a la que llamaba: Mi Ángel, le dijo, “arme un librito, doc…”
Y al mes siguiente,
arregló una cita, con una Editorial, y comenzó, su pasión, de escribir…
A otra mujer, a la que
apodó: “Mi Dama”, a la que acompañó, por su paso a la demencia, y la visitó en
un geriátrico, durante dos años, y le cumplió, una promesa, que le había realizado,
y cuando la iba a acompañar, siempre la encontraba, sentada, enfrente de un
ventanal, y por su enfermedad mental, no llegaba a intercambiar palabras, pero
la promesa contaba, y continuó, viéndola, y se sentaba frente a ella, sin
palabras, y durante un rato, simplemente, SE MIRABAN A SUS OJOS…
Esto, y nada más, y
entonces, “Kape”, aprendió a valorizar, las miradas de los ancianos, esas miradas,
que pueden llegar a derrotar, al miedo y a la tristeza…
Explica, en Mundos
Íntimos del diario Clarín, de la ciudad de Buenos Aires, que los abuelos,
precisan medicamentos, pero a “Kape”, le prestaron oídos, para su propio dolor,
y acariciaron sus manos, y su alma…
Dice, que estos abuelos,
son los “viejos sabios”, de la tribu, valorados, por la humanidad, desde sus
orígenes…
Pero el culto al joven,
de la actualidad, hace que se los descarte, pues no trabajan, no producen…
El ignorarlos, es de
hace poco, y esto, dice “Kape”, …ES INJUSTO, PARA TODOS…
Aprovechar a los ancianos,
transformó su vida, y espera, que también transformen las suyas…
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