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domingo, 23 de junio de 2019

APRENDAMOS CON "KAPE"- BUENOS AIRES- ARGENTINA:

 FUE ABANDERADO, AL FIN DE SUS ESTUDIOS...

EL DOCTOR Y SUS PACIENTES AÑOSOS...

 

"QUIÉN ES “KAPE…”

Este es el apodo, de Alejandro Kapeniak, escritor, médico y psicólogo, que trabaja en el Hospital Borda, y en horarios vespertinos, va por las zonas del oeste del Gran Buenos Aires…
Hace controles psiquiátricos a adultos-mayores, muchos, terminales…
Explica: “mis pacientes mayores, me enseñaron a no ser un médico pedante…y a aceptar una mano que acaricie…”
De a poco se fue soltando, en sus entrevistas, con adultos-mayores, y empezó, a disfrutar, cada encuentro humano, olvidándose de sus propios miedos, y prejuicios, en estos hogares, algunos de extrema pobreza, con grandes deterioros, enfermedades, y la cercanía de la propia muerte…
Explica que los médicos, muchas veces, son temerosos, con el cuerpo vivo, de sus pacientes, y se los ve, (aún para establecer distancia y una presunta “protección”), como un objeto, y descubrir a la verdadera persona, cuesta mucho, y a veces duele, bastante, también.
“Kape”, se atrevió, con lo que explica, las tres dimensiones del mundo de los viejos: su cuerpo, su mirada y sus palabras…
Lo recibieron, con afecto, y le decían: “¿Cansado y apurado, doc? Le convidamos unos mates, y siga su ruta ¿Tiene pibes?...”
Y así, iban surgiendo conversaciones, a veces muy profundas, que empezó a escribir, y llegó a publicar: “El Croquit”, “Camila y el Doctor”, “Pequeñas Situaciones”, “Cuentos del Borde”, “Llegó el doctor del abuelo”, “El Croquitario”, y “Kioku…”
Con un cuento: “La Buena Muerte”, ganó el Concurso Internacional Carbono Alterado en 2018…
¿Y por qué?
Los humanos, necesitamos mimos, y más, si estamos, enfermos y desamparados…
Y una de sus pacientes, a la que llamaba: Mi Ángel, le dijo, “arme un librito, doc…”
Y al mes siguiente, arregló una cita, con una Editorial, y comenzó, su pasión, de escribir…
A otra mujer, a la que apodó: “Mi Dama”, a la que acompañó, por su paso a la demencia, y la visitó en un geriátrico, durante dos años, y le cumplió, una promesa, que le había realizado, y cuando la iba a acompañar, siempre la encontraba, sentada, enfrente de un ventanal, y por su enfermedad mental, no llegaba a intercambiar palabras, pero la promesa contaba, y continuó, viéndola, y se sentaba frente a ella, sin palabras, y durante un rato, simplemente, SE MIRABAN A SUS OJOS…
Esto, y nada más, y entonces, “Kape”, aprendió a valorizar, las miradas de los ancianos, esas miradas, que pueden llegar a derrotar, al miedo y a la tristeza…
Explica, en Mundos Íntimos del diario Clarín, de la ciudad de Buenos Aires, que los abuelos, precisan medicamentos, pero a “Kape”, le prestaron oídos, para su propio dolor, y acariciaron sus manos, y su alma…
Dice, que estos abuelos, son los “viejos sabios”, de la tribu, valorados, por la humanidad, desde sus orígenes…
Pero el culto al joven, de la actualidad, hace que se los descarte, pues no trabajan, no producen…
El ignorarlos, es de hace poco, y esto, dice “Kape”, …ES INJUSTO, PARA TODOS…
Aprovechar a los ancianos, transformó su vida, y espera, que también transformen las suyas…  
  


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