ALGO SOBRE LOS PAÍSES DEL CONO SUD, DE AMÉRICA:
En Argentina, los APM, agentes de propaganda médica
ingresan periódicamente a los consultorios médicos, para promocionar sus
novedades farmacológicas, y a veces, como acto de buena voluntad, nos dejan informaciones
culturales, deportivas y/o varias.
Una de ellas, que guardé desde hace varios años, era
del laboratorio Janssen, que en esa época estaba incorporado a la firma
Johnson&Johnson, y trata, en forma breve de tres temas, uno por cada país
del cono sur de América, que hoy paso a relatar:
CHILE: El pehuén, árbol milenario-
La cordillera de Los Andes, en la región de la
Araucania, ubicada en el centro-sur de Chile, se caracteriza por las montañas,
que llegan a los 3.800 metros de altura,
con quebradas de pendientes abruptas, grandes volcanes, como el Lanín, que
parece un gran helado, con su punta nívea, que comparte con la Argentina,
Quetrupillán, y Villarrica, con sus fumarolas permanentes, las cavernas de
origen volcánico en sus faldeos, los centros de esquí, y el lago del mismo
nombre a sus pies, con Pucón, el principal balneario de la zona.
Bosques de raulí y cohiue, se desarrollan en las zonas
bajas, y húmedas del Parque Nacional Villarrica, mientras que en las zonas
altas, entre los 800 y 1.000 metros, de
altura, donde el aire es menos denso, y desciende la humedad, abundan densos
bosques de araucaria araucana, una milenaria conífera, que sobrevivió a los
cataclismos geológicos del Período Terciario, y compartió el hábitat, con los
grandes saurios, ya extinguidos.
Los mapuches, aborígenes, que aún hoy, viven en la
región, lo llamaron, pehuén. En épocas anteriores a la conquista española, los
piñones, (sus semillas), por su alto valor nutritivo, constituían el alimento
básico de los pehuenches, (gente del pehuén), una etnia mapuche.
El pehuén, profundiza sus raíces, en suelos rocosos y
arenosos, elevándose hasta los 40 y 50
metros de altura, y desarrolla una copa ramificada, compuesta por
pequeñas y duras hojas, que no permiten acumulación de nieve.
Tarda en desarrollarse unos 600 años, y existen
ejemplares más viejos, que alcanzan la edad de 900 años.
En el año 1976, fue declarado monumento natural de
Chile.
Quiero aclarar, que en mi casa, en Mar Azul, municipio
de Villa Gesell, tengo dos araucarias jóvenes, que ansío verlas crecer lozanas.
ARGENTINA: Ángeles en la selva misionera-
Cuenta la historia que un grupo de misioneros de la
Compañía de Jesús, allá, por el 1608, cumpliendo una orden por Real Cédula, se
internó en la región del Guayrá, (Brasil), territorio de los guaraníes, a
muchas leguas más allá, de los grandes saltos de agua (Cataratas del Iguazú),
con la misión de iniciar la conversión de los infieles.
Allí iniciaron su obra evangelizadora y fundaron las
primeras reducciones jesuíticas.
Transcurrieron algunos años de prosperidad, hasta que
la paz fue alterada, pues llegaron, los “cazadores de esclavos”, portugueses,
que saquearon y destruyeron aquellos poblados, capturando a miles de indígenas.
Los sobrevivientes, conducidos por algunos padres
jesuitas, iniciaron un éxodo, navegando el río Paraná, aguas abajo. Finalmente,
luego de padecer grandes penurias, eligieron un lugar para fundar nuevas
reducciones, entre ellas, San Ignacio Miní, en la actual provincia de Misiones,
de Argentina.
Allí, se encuentran las ruinas de la reducción,
rescatadas de la selva, mostrando su arquitectura y el grandioso arte jesuítico
grabado en los muros.
En el frente de la iglesia, aún en pie, donde se
destacan imágenes de la flora y fauna locales, labradas en columnas y capiteles
por antiguos artesanos, dos figuras humanas se destacan, a cada lado de la
entrada. La imagen fotográfica, muestra a una de ellas , un ángel tallado,
sobre un bloque de asperón rojo manchado con tonos ocres y marrones oscuros,
que aún conserva gran parte de su esplendor. Sí, existen ángeles en la selva
misionera…
En realidad la provincia de Misiones, Argentina, es
digna de conocerse, y cerca de las imponentes Cataratas del Iguazú, que en
idioma guaraní significa I: Agua y Guazú: Grande, están las ruinas de San
Ignacio, que emociona verlas surgir de pronto, en la densa selva misionera. Yo
tuve ocasión de visitar estas ruinas, y quedé maravillado.
Actualmente se organizan en el lugar festivales
musicales que se difunden a todo el país.
URUGUAY: José Ignacio y su faro-
Desde el mar, los navegantes divisan una cercana costa
hacia el este, que se balancea envuelta, en una suave bruma matinal. En ese
difuso horizonte aparece, en forma intermitente, un destello luminoso que trae
tranquilidad a la tripulación de una barcaza de pesca, que busca la protección
del puerto de José Ignacio.
Cuenta la historia, que un antiguo poblador, en época
de la conquista española, fue quien le dio el nombre al pequeño poblado de
pescadores, nombre que también, sirvió para identificar al faro, que desde
1877, se mantiene erguido, sobre las rocas de la costa, con sus más de 30 metros, de altura, inmutable, cumpliendo la
misión de guiar la navegación, en esa zona de la costa uruguaya, en el Océano
Atlántico.
El faro de José Ignacio, ubicado en el extremo de una
península que se interna en el Océano Atlántico, distante 40 kilómetros de la ciudad turística de Punta
del Este, es una de las atracciones, que los visitantes disfrutan. El pueblo,
que aún, mantiene la tradición pesquera, de sus inicios, es un lugar tranquilo,
apacible, pintoresco, donde los veraneantes, que buscan tener más intimidad con
la naturaleza, visitan y disfrutan, principalmente, en la época estival. Las
barcazas de pesca, aportan su colorido a la Playa Mansa, mientras que La Brava
muestra sus extensas playas, abiertas al oleaje del mar.
Adivinen, cuál es la principal oferta gastronómica. Sí,
pescados, mariscos, y platos a base de algas marinas.
Espero que les haya gustado el relato, y deben saber
que lo real y original, es superior a lo narrado, y bien vale conocer.
Se agradece a Laboratorio Janssen, este informe
cultural, que he comentado.
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