A MARÍA CANDELARIA:
Dios, Amor que todo lo tolera,
Nos ofreció a su Hijo,
También las primaveras.
Dios, misterioso e inefable,
Redime al sincero arrepentido,
Aún culpable.
Y uno, pecador incalculable,
Qué cómodo es feliz gratuitamente,
Agradece humilde, inmensamente,
Tratando de ser manso y no comprende.
Pero llegó María Candelaria,
De repente.
La caridad de una plegaria.
Fue publicado en el Diario de Rosario, que se llama La Capital, en julio de 1990.
ÉL :
Que fácil que olvidamos
Que murió por nosotros;
Qué belleza en su alma
Qué tristeza en su rostro.
Qué fácil que se olvida,
Mientras sigue la vida:
Fácil.
Pero cuando no se ama
Todo se vuelve frágil.
Qué fácil es pedirle
Socorro cuando truena;
Qué fácil encontrarlo
Entre las cosas buenas
Porque vive sencillo
Aunque sea Rey.
Pero él indiferente;
El indeciso:
Jamás lo podrán ver.
No hablaré de la cruz
Ni de clavos ni espinas.
Sólo sé que es la luz,
La verdad, la justicia.
Los azotes: sin cuenta;
Caídas fueron tres
Sin contar los insultos
Y la lanza después.
Le ofrecieron hiel,
Siendo de almas su sed,
De aquellas que pescaban,
Pescadores sin red.
Sufrió hasta sudar sangre;
Negación y traición.
¿Cuántas veces no fuimos
Judas o centurión?
Su sangre que es amor,
Y su amor que es divino.
Su sangre que es amor:
Aunque parezca vino.
Su cuerpo es ese pan
Blanco como la nieve
Que tan sólo alimenta:
A los que bien, lo quieren.
Qué fácil blasfemar
Por rabia, a la ligera
Y Él sigue, fiel amigo
Consolando las penas.
Las culpas nos remuerden
Pido perdón y clamo.
Ya sabes de quién hablo
Reza hacia el cielo,
Ámalo.
Publicado en el Diario La Capital de Rosario, en 1972.
1980, Año Mariano:
Nuestra Señora del Amor
Tiene el color
De una estrella que sangra
La más diáfana y bella.
Cuando sanemos sus heridas,
Verás salir el sol esa mañana,
Como nació desde su seno,
La Navidad primaria.
Pero esta vez no vendrá el Niño,
Será el Rey joven,
En su cabalgadura blanca,
Lo esperamos,
De rodillas los cuerpos,
Erguidas nuestras almas,
E inclinarán también sus cumbres,
Las más altas montañas.
Nuestra Señora del Amor,
Jazmín en flor,
Rosa inmaculada,
Purísima novia del Supremo Espíritu,
Por el absoluto Amor del Universo, enamorada.
Y el Verbo Amar, carne se hizo.
Y se expandieron las galaxias.
Publicado en el diario La Capital, de Rosario, en el año 1980.
LA SEÑAL DE DAVID:
Ya vienen, son tres estrellas,
De diferente color.
Son las razas de la tierra,
Para adorar al Señor.
Le traen oro, incienso y mirra.
Bar El Tazar,
Gudnipar y Melaquior,
Pidámosle este año,
Nos regalen el Buen Don.
Que nos llenen los zapatos,
La mente y el corazón,
Con la ferviente ilusión:
La unión del género humano.
Tomemos la obligación,
De hacerla una realidad,
Por el amor al Amor,
Roguémosle para siempre,
A los sabios Reyes Magos,
La paz, la humildad y el sol,
Que refleja eternamente,
El rostro del Niño Dios.
Publicado en el diario La Capital, de Rosario, el 24 de Diciembre de 1978.
El siguiente poema, cuyo autor es Ángel Travella, alude a la Virgen del Tepeyac o de Guadalupe, patrona de América, México y Santa Fe; entronización que se remonta a la época de la conquista. Su antigua Basílica está ubicada en la ciudad de México, en el lugar, donde, según la tradición, la Virgen, se le apareció al indio Juan Diego. Los versos toman tradiciones de lejanos tiempos.
ROSA DEL TEPEYAC:
Adivina...
Adivinador...
¿A quién envió el Señor?
Sobre el cerro Tepeyac
Y en el poncho de Juan Diego,
lo verán hasta los ciegos,
fotocolor misteriosa,
Pintada Rosa, de rosas;
Estrella de las estrellas,
Concepción Inmaculada,
la criatura más bella.
Adivina si es que puedes,
¿por qué hay flores en la nieve?
¿cuál es el río que mueve,
sus aguas sobre pizarras?
en el idioma oriental,
de inventores de guitarras.
¿Cómo se fijó el color?
pregunto, yo, pecador,
de quién engendró el amor.
¿Quién es la Madre de América?
¿O la Torre de David?
¿Cómo perdura el tapiz?
en aquel precario manto.
Y cesarán ya los llantos,
los dolores y las guerras.
Una dulce Navidad,
con Noche Buena de cantos,
sin corrupción ni miserias,
Reinará la claridad.
En el avanzado otoño de mi vida,
¡Tú! primavera de octubre,
Aquel atardecer me señalaste,
la luna amanecida tras los árboles.
Entonces todos los dramas de esta mugre,
que son el mundo y su egoísmo,
se evaporaron al instante.
Apreté los dientes para no gritarte
la daga que clavada siento.
¡Quiero amarte!
hasta que me quede sin aliento.
Perdón mis sentimientos,
Sean tal vez, pasión.
Dulce dolor prohibido,
pero no es vana seducción,
no miento.
Tú me acercas a Dios y a lo divino.
En el año 2007 escribió este poema:
(Entre el equinoccio vernal y la Pascua de Resurrección.)
LETANÍA LUNAR:
Luna llena, mi soledad.
Luna:
nueva, alegría;
mengua, mi tristeza.
Playamar de naranja luna.
Luna, roja fuego.
Sizigias de nácar.
luna imán de sueños.
El mar te derrite,
cuando en tu rielar,
besas a sus sales,
luna enamorada,
consuela mis males.
Luna espuma y nieve,
"lágrimas de plata"
"candelaria tenue"
Como escudo fiel,
que rondas la tierra,
nunca te alejes;
luna de mi amor,
y jamás nos dejes.
No nos abandones,
luna de marfil,
pasión de Lugones.
Diosa de mil pueblos;
Artemisa y Diana,
espejo de vírgenes,
misterio y gitana;
testigo secreta,
noches, trampa y robos,
luna aborigen;
el sol de los lobos,
musa de poetas,
corazones rotos.
Lunita infantil
de cientos de cuentos.
Vuelan su silueta,
brujas y hechiceras,
su escoba es la flecha,
que hiere certera.
¡Maga luna hada!
genial y profeta,
el gran Julio Verne,
te amó en primavera.
Lugones, fue un célebre escritor argentino.
PLAZA PRINGLES:
Publicado en el diario La Capital de rosario, en 1982.
Región umbilical del microcentro,
palabra nueva en tu gloriosa biblioteca,
de tan antiguo verbo.
Testigo vegetal de nuestras vidas,
oasis natural entre el cemento.
Por Paraguay, te escolta Pringles
por Presidente Roca,
sueña contigo Amado Nervo.
Como tus plátanos implorantes de otoño,
de nuestras manos son los huesos.
Y los besos,
amores sin edad ni tiempo,
alumbran tus faroles.
Entre bicicletas, patines y triciclos,
las pelotas de goma de los chicos,
con sus pueriles goles.
Artistas, políticos, feriantes,
jubilados, gorriones y estudiantes:
tus ciudadanos importantes.
Son tus dueños:
bandadas de palomas y de infantes.
Crucé infinitamente tus senderos,
hasta el kiosco eterno,
del viejo revistero,
y, el ahora mosaico,
de ajedrez, tablero.
Miles de hojas ocres;
cien inviernos,
del reglamento forestal de tu calvicie,
que año tras año,
tapizó y tapizará tu suelo.
Plaza de mucamas, niñeras y conscriptos,
donde a charlar, se mezclan,
la aristocracia y los porteros.
Yo te saludo plaza amada,
a tus rayuelas, los autitos
a la popa y a la escondida en la cortada,
a la luna del verano trasnochada,
y a algún zaguán, de puertas entreabiertas,
y de parejas apoyadas.
Son caballos de fuerza,
que ahora transportan,
al lechero y al verdulero ambulantes,
pero quedó como constante,
un pibe desde un balcón llamando al heladero.
Impávida la fuente, las palmeras,
los pájaros, las flores en tus soleadas primaveras.
"Amos, paseados, por sus canes"
te añoran con nostalgia,
generaciones de jardineros y guardianes.
Algún día nos viste nacer y nos verás morir,
plaza querida.
Ya no hay más retretas, ni tranvías,
nuestra juventud y adolescencia,
son tuyas indeleblemente,
en cambio será nuestro para siempre,
tu corazón de césped.
La popa y la escondida eran antiguos juegos infantiles. La retreta es una entrega musical, de antaño, que era la forma en la que con la música de clarines, se comunicaban las guarniciones de los ejércitos, y su ceremonia en las plazas, era muy hermosa.
A todos estos hermosos poemas, se acompañan fotografías de las inmediaciones del Observatorio Astronómico de Rosario, y de las magníficas pinturas, de lo que Ángel denomina arte espacial, y que él se transformó en cultor de dicho género, siendo una persona polifacética e inquieta. Ángel Travella, las exhibe en dicho Planetario, en forma permanente, y durante más de treinta años, brinda en dicho sitio, el espectáculo del Mapa del Cielo, en forma ad- honorem...





























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