LA CARA DE LA MISERICORDIA:
Desde el día 8 de Diciembre del año 2015, fecha solemne de la Inmaculada Concepción, se iniciará el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que proclama el Santo Padre Francisco.
Nuestro querido Pontífice, a través de su bula Misericordiae Vultus, que traducida significa: “El rostro de la Misericordia”, convoca a los creyentes, a experimentar y acoger las inmensas riquezas del amor misericordioso de Dios.
Culminaría el día 20 de Noviembre de 2016, día de Jesucristo, Rey del Universo, incrementando siempre la importancia del sacramento de la reconciliación.
Es muy difícil perdonar ofensas, pero el amor siempre es más, y puede aún más…
Como información existe una Congregación católica de los Hermanos de Nuestra Señora de la Misericordia, creada por el apóstol de la caridad, Víctor Scheppers, en Bélgica, en 1839.
Se dedicó, especialmente, a los encarcelados, enfermos, ancianos, y huérfanos.
Sor María Faustina Kowalska, fue beatificada por S.S. Juan Pablo II, el 18/4/93, como Apóstol de la Divina Misericordia, y canonizada, posteriormente, el 30/4/2000.
A ella le debemos la magnífica visión de Jesús de la Misericordia, con su mano diestra bendiciendo, y su mano izquierda, cerca de Su corazón, de donde emergen los dos rayos luminosos, uno más claro, de agua, y el otro rojo, de Su sangre.
El padre confesor le consiguió el pintor, y le colocó en su base: JEZU UBAM TOBIE, que significa: “JESÚS, EN TI CONFÍO”.
Como sor Faustina, quería que el primer Domingo después de la Pascua, se instituyera como Fiesta de La Misericordia, SS Juan Pablo II, La beatificó, expresamente, el 18 de abril de 1993, que fue el Primer Domingo, después de la Pascua.
Falleció joven, de tuberculosis, y expresó: “…un gran amor puede convertir las cosas pequeñas en grandes, sólo el amor añade valor a las acciones, entonces, sumérgete en la misericordia de Dios…”
La pintura fue guardada durante dos años, en un claustro de las Hermanas Bernardinas, y posteriormente el Metropolitano de Vilnius, decidió consagrar la pintura y colocarla por vez primera en la Iglesia de San Miguel, con la condición de no colgarla en el altar…
Sor Faustina tuvo una visión, donde Jesús le pidió que pinte un cuadro, y le exigió veneración al mismo, porque lo consideró como recipiente, como instrumento, para repartir las gracias, que tomemos de la Fuente de la Misericordia.
En su visión, Jesús le dijo a sor Faustina, “Ningún alma será justificada, a menos que se entregue con confianza, a Mi Misericordia…”
La oración, de sor Faustina, dice lo siguiente:
Expiraste, Jesús, pero tu muerte hizo brotar un manantial de vida para las almas y el océano de tu misericordia, inundó todo el mundo. Oh, Fuente de Vida, insondable Misericordia Divina, anega el mundo entero derramando sobre nosotros hasta tu última gota: ¡Oh, Sangre y Agua que brotaste del corazón de Jesús, Manantial de Misericordia para nosotros, en vosotras confiamos!
La Capilla “Jesús Misericordioso”, está en Rosario, en Braille y Circunvalación.
Por otra parte, en mis manos cayó una obra de las Carmelitas Descalzas, del Monasterio San José y Santa Teresa, de Santa Fe, quienes recopilaron durante varios años homilías y discursos del Santo Padre S.S. Juan Pablo II, en el L’Osservatore Romano, los reorganizaron, los pasaron en limpio, y en el capítulo Misericordia, relatan lo siguiente:
No es fácil amar, con un amor profundo, constituido por una entrega auténtica de sí. Este amor se aprende sólo en la escuela de Dios, al calor de su caridad, fijando nuestra mirada en Él, sintonizándonos con su corazón de Padre, llegamos a ser capaces de mirar a nuestros hermanos con ojos nuevos, con una actitud de gratuidad y comunión, de generosidad y perdón. ¡Todo es misericordia!
Dios no teme la debilidad del hombre, con tal que éste se acoja a su misericordia.
Recorramos nuestro camino con la certeza de que nos envuelve la mirada misericordiosa de Dios: nada puede resistir al poder de su amor.
Estando siempre atentos a cada persona, intuyendo sus problemas, acompañándonos con delicadeza, transmitiéndoles confianza en la bondad de Dios, llegamos a ser colaboradores de la misericordia que acoge y del amor que salva.
Valgan todas estas palabras para recordar a un ser tan especial, como S.S. Juan Pablo II, Y PARA ACOGERNOS A LA MISERICORDIA DIVINA.

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