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domingo, 7 de diciembre de 2014

¿QUÉ ME CONTÓ IDA?

Qué me contó Ida:
En su departamento, conversé con una paciente, y esto fue lo que me relató:
A ver, Ida, ¿qué edad tiene usted?
87 años.
¿Y cuándo viajó usted a Puerto Rico?
Once años, viajé anualmente.
Una familiar, Rosi, me aclaró, que Ida en ese entonces, vivía en Puerto Rico, pero que venía a Rosario, de paseo, y después regresaba a Puerto Rico.
Y dígame: ¿por qué le gustó vivir en Puerto Rico?
Y a mí me gustó, porque la tranquilidad que hay allí, no se compara.
Es un estado asociado a los Estados Unidos de América, sí, y ¿usted es ciudadana norteamericana?
Sí, sí.
Cuando uno es residente, tiene que sacar la ciudadanía norteamericana, y ella ya la tiene, me contó su acompañante.
Así que usted, Ida, se sacó la ciudadanía…
Sí, sí.
Y usted, ¿puede votar para los Estados Unidos?
No, para Presidente de los Estados Unidos, no, porque Puerto Rico, es un estado libre asociado, solamente puede votar para Puerto Rico.
Exacto. No para los Estados Unidos.
¿Y cómo notó a Puerto Rico, comparado con Rosario, por ejemplo?
Mire la tranquilidad es suprema, y la gente es buenísima, gente que sobre todo es muy alegre, siempre canta, toca música, se reúnen entre familias, y se manifiesta en una unidad, distinta a la de acá.
Usted se va a tomar un ómnibus, usted se va a la esquina, que diga Rosi, refiriendo a su acompañante, y usted tiene que cruzar una calle, y viene un auto, y se detiene, para que pase la persona grande, deja pasar, pero acá en Rosario, no es así.
Y encima acá le toca la bocina, y lo asusta.
Es muy distinta la vida de allá, en Puerto Rico, muy diferente.
Allá hay más respeto, y para el anciano, mucho más, allá se respeta mucho a la persona mayor, sí, los cuidan.
¿A los adultos mayores, los mandan a los geriátricos, o los tienen en sus familias?
Hay de todo.
Cuando uno está en el ómnibus, y usted quiere bajar, usted está en el asiento, y cuando para el bus, espera que usted se baje bien, sin arrancar rápido.
Ida le tiene terror, acá en Rosario, a los colectivos.
Y porque acá, en Rosario, ya me sentaron bruscamente, dos veces.
Yo estaba para pararme, y dan maniobras bruscas, que me obligaron a sentarme violentamente, dos veces, gracias a Dios, sin lastimarme.
Acá en Rosario, no respetan a la gente, y menos a los mayores.
En comparación, gana por lejos, Puerto Rico.
¿Y en qué ciudad de Puerto Rico, vivió usted?
En San Juan.
Es la capital, sí.
En todo Puerto Rico, los habitantes son cuatro millones, y en la capital es el área, más densamente poblada, como es usual.
¿Y de qué trabaja la gente, allá, en Puerto Rico?
Hay de todo, por ejemplo, la estación de servicios, tiene gente trabajando, chicas, y estas estaciones de servicio, de Puerto Rico, parecen un hotel, porque uno va allá, y le ofrecen sopa, empanadas, hay de todo lo que uno quiera comer en una habitación de servicio, y acá, en Rosario, si uno va, no hay más que un café, un mate cocido, y nada más. Yo allá voy, tomo, en la mañana un buen desayuno, con crema de quaker, siempre, de avena.
El quaker es muy sano, sí.
Antes de salir, si estaba en mi casa, yo me tomaba siempre, un plato grande, de quaker, con leche. Me lo hacía, a la noche, y a la mañana, apenas me lo calentaba un poquito.
El quaker, ayuda, en bajar el colesterol, también sí.
Es buenísimo, pero acá dejó de usarlo, porque se influenció, por lo que le decía la gente, y ella estaba muy bien cuando tomaba el quaker. Le dio al último, un poco de acidez, y lo abandonó.
¿Y en la estación de servicio, también se almorzaba?
Sí, siempre tomaba la sopa, de calabaza, de pollo, con fideos.
¿Esas sopas, eran preparadas, o las hacían allí?
Ellos las preparaban en ollas grandes, allí mismo, todo natural, sí.
No son de sachet, son naturales, y riquísimas.
Me encantaban sus sopas, aseveró Ida.
¿Y hay alguna comida típica que usted rememore, como aquí, el asado, o el dulce de leche?
Allí, lo que más usan es el arroz, y lo que se combinan son, en Puerto Rico, las habichuelas, hay negras y verdes, blancas, de todos los colores, como si fuese un poroto.
Se hacen guisos exquisitos.
Las habichuelas, con salsas muy ricas, se ponen encima del arroz blanco.
Y ellos comen los tostones.
¿Qué son los tostones?
Los tostones, ¿no hay ninguno acá, Rosi?
No ya los comí a todos.
Los tostones, no se compran aquí en Rosario, vienen de Brasil, sí, y es un plátano, de la familia de las bananas, pero de un tamaño, mucho más grande, y su cáscara es dura y está pegada, no se puede sacar como la de la banana, sino que se debe pelar a cuchillo, y ¿cómo se logra hacer el tostón, se cocina?
Se hace frita y se aplasta, haciendo un puré.
Se hace como los cubanos, que usan los plátanos.
Sí, los cubanos, también usan los tostones.
Con el plátano, hay diferentes formas de hacerlos, se hace mangú, se hacen pasteles.
¿Qué sería el mangú?
Es otra forma de hacerlo, pisado, con ajo, de otra manera.
Hay muchas comidas.
¿Y hay postres? Les gusta el dulce a ellos.
Sí, allá, sí, comen dulce también, pero no hay como acá, en Rosario, las facturas, hay algunas, pero son diferentes, es una cosa totalmente distinta.
¿Y pan hay?
Sí, pero no se come como acá pan siempre, en todas las comidas, allá solo se come pan, si toman, por ejemplo un sándwich, y cuando comen pastas, algo de pan con ajo, al horno, y quedan exquisitos, con el pan tostado, y un poquito de aceite, es un manjar.
¿Y qué, otra cosa hacía allá, usted, aparte de ir a la estación de servicios?
Yo predicaba siempre, allá.
Yo soy Testigo de Jehová.
Salía, con las chicas, a las casas, a predicar.
¿Y en Puerto Rico, hay Testigos de Jehová?
Sí, está lleno. Porque hay mucha relación con los Estados Unidos, y allí es muy fuerte esta religión, ¿no cierto?
Sí, empezó, allá, en Estados Unidos.
Yo me levantaba muy temprano, todos los días, y a las cinco y media, ya salía de mi casa, y me pasaban a buscar con una camioneta.
Suelen tener polleras largas, ¿es así?
Sí. Pero como allí hay tanto sol, y es tan fuerte el sol, yo llevaba una sombrilla doble, como parasol, de doble tela, para evitar no solo el sol, sino para proteger del calor, también.
Son siempre, bien claritas, para eso, para reflejar el sol.
Tenía un color, como medio plateado.
Si fuera negrita, es peor, porque absorbe la luz y el calor del sol.
Y sí, si uno cuelga acá en Rosario, la ropa al sol, ropa oscura y ropa clara, es distinta la temperatura de la ropa, uno simplemente con tocarla, se da cuenta de la diferencia térmica.
Y mire como es la naturaleza, le comenté a Ida, que la cebra que tiene rayas negras y rayas blancas, y está al sol, en África, en las líneas blancas, está más frescas y más cálida en sus líneas oscuras, y esto le produce a nivel de la piel, una circulación, de aire que refresca al animal, y la adapta al desierto.
Nosotros íbamos a predicar a unos consultorios de médicos, con sillas y bancos, afuera, estaba lleno de gente, que sacaban números, y le predicábamos, a la gente, afuera, y cuando ya salía el sol, y aclaraba, salíamos a la avenida, de punta a punta, la recorríamos.
¿Cómo le trataba la gente, cuando ustedes iban a predicar? ¿Les trataban bien, o se enojaban?
La gente nos trató, siempre, bien, sí. Porque si no querían nada, no lo decían directamente.
También íbamos a predicar, donde estaba la Policía, donde se sacaban los certificados de buena conducta, y dejamos tantas revistas, allí, Atalaya y Despertar.
Y la gente, las agarraba, para leer, con avidez.
En Puerto Rico, la gente lee mucho, más que aquí.
¿Y tienen mucha televisión, allá?
Sí, por todos lados, y los plasmas, allí, abundan.
Claro, con la cercanía con los Estados Unidos, tienen muchos aparatos de estos para ver.
¿Son más baratos que aquí, en Argentina?
Sí, mucho más baratos. En Rosario, cuestan tres veces más caros, que en Puerto Rico.
Todo lo eléctrico, es mucho más económico, allá.
Pero no se puede traer, y además allá en Puerto Rico, la luz es de 110, y acá en Rosario, es de 220. A cada aparato hay que ponerles adaptadores, sí.
Si no se ponen transformadores, no andan.
Nosotros hemos traído, muchas cosas de allá, pero ahora no se puede, no.
¿Y aquí, en Rosario, predica?
Siempre, siempre voy a predicar. Pero en temporada invernal, no quiero salir, por la presión, que padezco.
El frío, perjudica la presión, pero caminar, ayuda, siempre, en hipertensión arterial. Así que en horarios, cuando haga solcito, usted puede salir, sí.
¿Cómo estaba la temperatura en Puerto Rico?
Allá es tropical, siempre calor, no hace frío, ni aún en invierno, prácticamente no existe el invierno.
¿Pullover, usaban o no?
No, allá, toda la ropa de verano es la que se usa, solo se debe poner algún abrigo en los Mall o en los Cines, por la refrigeración artificial, si no, no.
Rosi aclaró que ella siempre iba a trabajar a un Mall, y siempre iba abrigada, porque si no, se congelaba, por el aire acondicionado a todo tope, era vendedora de cortinas del hogar.
¿Y llueve mucho en Puerto Rico?
Allá, llueve y sale el sol, y mire que curioso, nosotros estamos en un auto, y de repente cae una tormenta, aquí, y allá, tienen un sol resplandeciente, parece mentira verlo.
Como se ve en los dibujitos animados, que hay una tormenta, y en otro lado se ve que no.
Y allí en Puerto Rico, hay sierras, también, y hemos ido a visitarlas, y veíamos el precipicio, abajo, y con un autito, subimos hasta la cumbre, allá arriba, fue hermoso.
Puerto Rico es una isla, y tiene montañas y muchas playas, y también Ida me contó que fueron a bañarse más de una vez, con Rosi y José, su esposo, y el hijo Stive, y ella estaba metida hasta más de la cintura en agua del mar, clarita que se ve perfectamente el fondo, todo, y la arena es bien blanca, que es la más codiciada, sí.
Esto es lo que llama la atención en el Caribe al argentino.
Y entonces vino una ola tan alta, tan alta, que la arrojó a varios metros de distancia, la voló, totalmente, y Rosi le había dicho que no se metiera mucho, porque cuando viene la ola, bien fuerte, sí.
Usted me hizo acordar, le comenté, cuando yo era chiquito y fuimos a Mar del Plata, y mi papá no sabía nadar mucho, pero, en el lado de la orilla, iba allí y se sentaba, cuando venía la ola, lo tapaba, con fuerza y lo arrastraba unos seis metros más afuera, siempre, mientras nosotros nos reíamos. Lo corría sentado, y eso siempre está en mi memoria, sí.
Pero Ida, a pesar del revolcón no se lastimó, porque no hay mucho pedregullo, es siempre mucha arena fina.
En algunos hoteles hay acuarios, donde uno puede ver hasta a los tiburones, sí, a través de los vidrios.
Hay un lugar donde, en la montaña, hay un trencito, que lo lleva en el interior de la montaña, y uno puede ver las estalactitas que cuelgan, es maravilloso, sí, si usted viera lo precioso que es, en una caverna, son llamadas las cuevas de Camuy, son bellísimas, dignas de verlas.
A los dos días, regresó Ida a mi consultorio, con una decisión tomada, me expresó que los medicamentos le habían hecho bien, y que decidió volver a visitar a Puerto Rico.
Yo solamente atiné a felicitarla y desearle lo mejor.






    

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