BEATIFICACIÓN
de la HERMANA MARÍA
CRESCENCIA PÉREZ EN PERGAMINO:
Durante
la ceremonia de Beatificación de la Hermana
María Crescencia Pérez, en la localidad argentina de
Pergamino, religiosa de las Hijas de María Santísima del Huerto, que fue
Proclamada por el Cardenal Ángelo Amato, representante Papal de Benedicto XVI,
y fue invitada la
Representante del Postulador, otra hermana huertana, a decir
una breve reseña de la vida de María Crescencia, y esto habló:
La
hermana María Crescencia Pérez, en el mundo, María Angélica, nació el 7 de Agosto de 1897, en San Martín, provincia
de Buenos Aires.
Era
la quinta, de los once hijos de Agustín Pérez y Ema Rodríguez, ambos emigrantes
españoles. Transcurren los 10 primeros
años de su vida, en condiciones económicas muy modestas, pero en el óptimo
clima de una familia acostumbrada a afrontar y resolver los problemas de la
vida, con una visión de FE, profunda y sólida.
Desde
muy temprano, manifestó una personalidad responsable, y servicial, y en el año
1907, fue acogida como alumna interna en el Hogar de Jesús de Pergamino, donde
prestaban servicios las Hijas de María Santísima del Huerto, Congregación
fundada en Chiavari, provincia de Génova, Italia, en el año 1829, por San
Antonio María Gianelli, y que desde hacía medio siglo, estaba presente en
América. La misión del Instituto, que será la segunda familia de la joven María
Angélica, era y es la de procurar la propia santificación y cooperar a la del
prójimo, y vivir con caridad incansable e ilimitada.
En el
año 1914, obtuvo el diploma de Maestra de Labores, en la Escuela de las Hijas de
María, y al mismo tiempo advierte la vocación a la vida religiosa.
Si
bien, no faltaron pretendientes, y pudiendo realizar un buen matrimonio,
privilegió la acción de consagrarse totalmente al Señor.
El 31
de Diciembre de 1915, ingresó al Noviciado de Villa Devoto, Buenos Aires, y año
siguiente vistió el hábito religioso, asumiendo el nombre de María Crescencia.
En el
año 1918, emitió sus primeros votos, fue destinada a la Escuela Anexa a la Casa Provincial de Buenos
Aires, prestando también servicios esporádicos en el Instituto Estela Matide
Otamendi de San Fernando.
En el
año 1924, fue transferida al Colegio de Nuestra Señora del Huerto, de Rincón,
Buenos Aires, donde enseñó costura y tuvo a su cuidado la ropería de las
alumnas internas.
Cuatro
años más tarde, emitió los votos perpetuos.
Y fue
transferida al Hospital Marítimo de Mar del Plata, para asistir a las niñas
afectadas de tuberculosis pulmonar, y enseñarles catecismo.
Se
dedicó con gran generosidad y entrega, al trabajo que le fue confiado,
suscitando una admiración general, pero al mismo tiempo, su salud se
deterioraba.
En el
año 1928, fue destinada al Hospital Nicolás Moranjo de Vallenar, Chile, donde
permanecerá hasta el fin de sus días, sin volver a su patria, mientras vivió.
En
los años siguientes, dos años, prestó una válida e incansable colaboración, en
las necesidades de la cocina, de la farmacia y del reparto de maternidad,
ocupándose también de la enseñanza catequística y del pequeño coro de la Capilla, del mismo
Hospital.
También
aquí, su identidad personal aflora, con toda su belleza y perfección, en su
comportamiento virtuoso.
Las
personas que la han conocido, hablan de su bondad, de su dulzura, de su
sencillez, de su profundo recogimiento en la oración, de su abnegación heroica,
en el servicio.
En el
año 1930, se enfermó de broncopulmonía, no obstante su fragilidad física,
continuó viviendo con alegría y generosidad, en los más variados servicios
cotidianos.
Uno de
los testigos afirma, trabajaba más de lo que sus fuerzas le permitían, y esto
lo hacía con alegría, siempre dispuesta a todo, arriesgando el cuidado de su
salud. A ella le preocupaba más hacer la voluntad de Dios, que cuidar su salud.
Cuando dejó de trabajar, fue porque ya no daba más.
Al
siguiente año, le fue diagnosticado, una tuberculosis pulmonar, que fue
empeorando rápidamente, y murió serenamente en Vallenar, el 20 de Mayo de 1932,
ofreciendo la nostalgia por su patria, sus seres queridos, los sufrimientos de
su enfermedad, al Corazón de Jesús, a quien invoca pidiendo bendiciones, para
el país que la acogió, y sobre sus hermanas, implorando que su vida ofrecida en
sacrificio, florezca en nuevas vocaciones para el Instituto.
Corazón
de Jesús, bendice a mis hermanas, si están aquí, te envío y te suplico de
enviar tantas vocaciones para el Amado.
Durante
su breve existencia, la hermana María Crescencia, armó un genuino espíritu de
fe, en la fidelidad a los deberes del propio estado, en el rechazo del pecado,
en la piedad filial hacia Dios, manifestada en la oración continua, y en la
búsqueda constante de su voluntad.
El
celo por la salvación de las almas, la llevó a consumar su vida, en el
Apostolado.
En el
año 1982, sus restos mortales, fueron trasladados a Pergamino.
El
ejercicio heroico de sus virtudes fue Proclamado por el Beato Juan Pablo II, el
22 de Junio, del 2004, y el 19 de Diciembre del 2011, el Papa Benedicto XVI, ha
promulgado el Decreto de reconocimiento de un Milagro, obtenido por su intercesión.
Un
cerrado aplauso de la concurrencia, de todas las provincias argentinas, y de
países limítrofes, destacándose la delegación de Chile, coronó estas palabras,
y toda la ceremonia fue filmada en directo para el mundo.
Gracias
a una atención de las hermanas de Nuestra Señora del Huerto, que me regalaron
el libro: Amor callado, de Fray Contardo Miglioranza, de Ediciones Gianellinas,
es que puedo relatar lo siguiente:
El 21
de Septiembre de 1916, María Angélica Pérez, junto a otras 13 jóvenes, con gran alegría de su corazón, tomó
el santo hábito, e inició el noviciado, que duraba dos años.
En
esa época, a veces, se les solía cambiar el nombre de los novicios y novicias.
Y como recientemente se había consagrado el altar, y se habían colocado
reliquias de San Crescencio, a María Angélica, se le dio el nombre de María
Crescencia. Sin embargo, no llevará solamente el nombre del mártir, sino que
compartirá el martirio de la tuberculosis, que la llevará a la tumba.
“Era
muy fraterna y muy humilde; amable y siempre dispuesta a colaborar, pero en
silencio, en humildad, sin llamar la atención.”
“Aceptó
la enfermedad con verdadera resignación. Nunca la vi de mal humor. Siempre
paciente y dispuesta a aceptar la voluntad de Dios.”
“Yo,
con tal de hacer la voluntad de Dios, iría a cualquier parte del mundo, aún
estando enferma.”
La
hermana Crescencia nos ofrece un mensaje de luz, cuando expresa: “Ama como
puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas…; pero ama siempre.”
EL
MILAGRO ACEPTADO:
Una
joven, desde los 10 años, quedó afectada
de diabetes juvenil. En Marzo de 1987, comenzó a sufrir de una forma febril,
acompañada de náuseas y vómitos. La gravedad de la sintomatología hizo
necesaria la internación en el Hospital Aeronáutico Central de Buenos Aires, el
24 de Marzo de 1987, en el que fue recibida, ya que su padre era un Comodoro de
Aviación.
¿Dónde
contrajo el contagio? Lo contrajo en Córdoba, durante las vacaciones, en las
que también se contagiaron, su hijito de cuatro años, y su hermano de quince.
Gracias a Dios, tanto el hermano, como el niño, superaron prontamente la
prueba; en cambio la joven, empeoró de día en día, tanto que fue llevada al
Hospital, casi en peligro de vida y desahuciada.
La
enferma fue llevada inmediatamente a la Unidad de Terapia Intensiva, debido a que la
paciente presentaba una complicación diabética, cetoacidosis, con diagnóstico
preventivo de hepatitis aguda, y su glucemia era de 275 mgr.
El 25
de marzo, se le realizó una ecografía abdominal, que mostró una hepatomegalia,
hígado aumentado de tamaño, a 2 traveses
del reborde costal.
Se le
administró insulina y dieta para hepáticos, y la glucemia descendió a 197 mgr.
El 28
de Marzo, el diagnóstico fue de Hepatitis A, con buena evolución, en estado de
lucidez, con ictericia, esto es coloración amarillenta, de piel y mucosas.
Casi
todo el mismo día aparecieron dolores abdominales, torácicos, y de los miembros
inferiores, con hipotensión arterial. Y presentó alcalosis respiratoria aguda.
El 29
de Marzo se agravó. Se hace diagnóstico de hemopatía, hemólisis, y hepatitis.
El 31
de Marzo, la enferma empeoró, haciéndose más evidente la insuficiencia
hepática. En la ecografía había líquido en el abdomen, lo que se llama ascitis,
y se la encontró inmunodeprimida…
Mientras
los médicos y las enfermeras cumplían con su labor, la Hermana María de la
Paz Raponi, superiora de las religiosas del
Huerto que trabajan en el Hospital, cumplía su tarea de ministra de la Eucaristía a los
enfermos.
En el
sexto piso halló a la joven que padecía de Hepatitis fulminante y se hallaba
semiinconsciente, y al lado su padre, llorando.
La
religiosa, conmovida ante esas lágrimas, les habló de la Sierva de Dios, María
Crescencia, y le entregó una estampa, prendiendo en el camisón de la enferma
una reliquia.
Ellos
no la conocían ni de nombre, pero aceptaron las delicadas atenciones y rezaron
con la Hermana,
la oración de la estampa.
El
1 de Abril, la joven fue trasladada al
Servicio de Terapia Intensiva, y allí, en Terapia, al quitarle sus ropas, había
perdido la reliquia.
Cuando
retornó al sexto piso, la joven le dijo a la Hermana que le habían quitado la reliquia.
Enseguida la religiosa le trajo otra, y le dijo que toda la comunidad de las
Hermanas, rezaría por su curación.
Finalmente
les dijo que se iba a curar, y que ella y su padre irían a la beatificación,
por este milagro…
Por
su parte la Hermana María
de los Angeles, no solamente rezaba, sino que también mantenía en su mesita una
vela encendida delante de la estampa de la Sierva de Dios.
Nuevamente
en Terapia Intensiva y ante el cuadro, muy grave, los médicos hablaron a su
padre, para proponerle un transplante hepático, por su insuficiencia hepática
aguda, de virus A, y dicho transplante fue declarado de prioridad nacional.
Al
crecer la gravedad de la situación, se intensificaron las oraciones a la Sierva de Dios.
El
4 de Abril, la evolución del caso se
definía ahora como buena, y con gran estupor de los médicos, el cuadro cambió
radicalmente. La paciente tenía hambre.
Y el
12 de Abril, fue dada de alta.
Desde
entonces goza y sigue gozando de muy buena salud.
La
madre de la paciente dijo: “Para mi fue un milagro, hasta el médico decía que
para ellos esto no tenía explicación…”
La
oración para pedir por la
Beatificación de la
Sierva de Dios es la siguiente:
MARÍA
CRESCENCIA PÉREZ
Padre
de Jesús y Padre Nuestro, que por tu divino Espíritu
Haces
florecer la santidad en la
Iglesia,
Te
damos gracias por tu sierva María Crescencia,
Que
te amó con sencillez;
Y te
rogamos que la glorifiques, para que su ejemplo
Y su
intercesión
Sirvan
a la extensión de tu Reino y
A la
multiplicación de las vocaciones a la vida religiosa.
Concédenos,
por su intermedio,
La
gracia, que con humildad, te imploramos
Por
Jesucristo, Nuestro Señor. ¡Amén!
FORMULACIÓN
DE LA PETICIÓN.
Se
reza un Padrenuestro, un Avemaría, y Gloria.
Corazón
de Jesús, por los sufrimientos
De tu
divino Corazón,
Ten
misericordia de nosotros.
Como
colofón quiero manifestar que fue gran emoción, ver a la enferma Sara, curada,
de la hepatitis, también presente en Pergamino, y ella dijo que todo esto a
ella le cambió totalmente su vida.
Se
esperan fervientemente nuevos milagros, para que sea declarada Santa, la Hermana Crescencia…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario