www.encompaniadeladultomayor.blogspot.com.ar

viernes, 21 de noviembre de 2014

LAS ISLAS DEL PARANÁ:



AVENTURAS EN LAS ISLAS DEL PARANÁ

La gente en la isla no es triste, porque tiene su ocupación, por ejemplo algunos son pescadores, otros son nutrieros, ¿qué quiere decir ser nutriero?, son personas que salen temprano en la mañana, regresan después del mediodía, y van a buscar lugares para colocar sus trampas para cazar las nutrias.
Las trampas son de hierro, como dos pequeñas alas, que se abren y queda celosa, lista para cerrarse, en medio le ponen el cebo, con yuyito que prefiere la nutria, y ésta va a buscar algo tiernito para comer, pisa eso, que es extremadamente sensible, y esas pequeñas alas de hierro se cierran bruscamente, habitualmente sobre la cabeza y el hocico de la nutria y la capturan. Muchas veces la nutria muere, y otras no, dependiendo del golpe que recibe.
Es como si fuese una trampa de ratones, pero más grande, sus alas las tiene de costado y en vez de alambre es de hierro.
Por ello el isleño no tiene tristeza, porque no ambiciona, no tiene eso de que yo no puedo tener esto, o no puedo tener aquello, o decir que yo no tengo nada, y no se lamenta por ello, y en general viven al día, cada jornada preparan todo lo que van a necesitar en ese tiempo, y constantemente se mantienen ocupados en ello, viviendo lo que se dice al día, sin planear demasiado, son gente sencilla, humilde, y por ejemplo cuando van, el hombre de la casa, que sale, para armar sus trampas, sale también para recoger el tejido de sus redes, y para buscar aves, para traer para la comida diaria. Las que encuentre, patos, gallaretas, lo que se le ofrezca.
La isla es rica en recursos naturales, para poder mantenerse, para poder buscarse su sustento diario, aún hoy, el hombre desarrolla las capacidades para la caza y la pesca, y se hace muy hábil, y debe necesariamente tener deseos de trabajar en dicha caza, porque es un trabajo muy rudo, el salir a nutriar, el salir a pescar, porque es una actividad  muy pesada, porque se desplazan por una canoita chiquita, que se llama canoa nutriera, que es avanzada por un palo largo, con mucha fuerza, pues dicho palo se desliza bajo la superficie del agua, hasta llegar al lecho y se empuja desde arriba, para mover la pequeña canoa y hacerla avanzar, teniendo en cuenta ser sigilosos, y avanzar sin ruidos, para no asustar a los animales. No se rema, pues los espacios son reducidos por las raíces de los árboles, y la vegetación, y por el ruido que provocaría. Las canoas pequeñas no van por el río, van por la laguna, y avanza con el palo empujándose en el suelo lacustre. Está todo lleno de camalotes, y tiene que usar maña y mucha fuerza. Las trampas las tiene que poner de manera que las nutrias no se den cuenta, de que van personas por allí. Y por ello la embarcación es chiquita, como mi escritorio médico, y en punta, y solamente puede alojar a una persona, van siempre solos a colocar sus trampas.
Los mismos nutrieros se hacen estas peculiares embarcaciones de aproximación, y aún a veces las compran, pero en general el isleño es muy hábil, para hacerse sus mismas cosas, porque cuando recorren las trampas para nutrias va buscando  también si hay carpinchos o rastros de los carpinchos, para la noche, para ir a cazarlos también, los cazan con escopeta, pero el carpincho es muy hábil, como todo animal, no cierto, porque Dios les dio una habilidad evasiva natural, y por ejemplo cuando viene algo muy feo en el lugar, como en las islas del Paraná, por ejemplo, que podría ser una fuerte tormenta, los primeros que disparan son los animales, porque es como si tuvieran un sexto sentido y presienten el peligro, saben leer las señales que envía la naturaleza, cuando se vuelve hostil.
Por eso mismo, los isleños tiene cosas que la gente de la ciudad no conoce, por ejemplo la naturaleza de las islas, y lo que hizo Dios allí, no se puede conocer si no se vive esa experiencia, si uno no lo ve, y no lo toca, es sencillamente maravilloso.
Cuando van a recorrer las trampas, ven si cayó alguna nutria, y a veces en la trampa ven que cayó una nutria y estaba preñada, y entonces tratan de conservar sus crías, y la abren y sacan sus hijitos, vivos, casi siempre están vivos, y después el isleño los cría, los tienen ellos en sus casas. Se crían como si fuese un cachorrito, un perrito, primero les dan mamadera, los preparan, y es costumbre de muchos nutrieros tener este tipo de mascotas, hasta los chicos crían, que después estos animalitos andan circulando por sus casas, por todos lados, y por ejemplo la nutria come de todo, en la naturaleza se ve comer yuyitos, todas cosas tiernitas, pero en las casas, le dan galletitas, caramelos, por ejemplo una señora que tenía 12 hijos, y había también animalitos varios, ella se levantaba a las cinco de la mañana, en las islas, y tenía la costumbre de tener  un paquetito de galletitas, y entonces era muy simpático ver, como todos estos pequeños animales la rodeaban y le pedían. Nutrias y carpinchos, y se llevaban muy bien, como perritos de distintas razas, como si fueran un perrito de una clase y otros de otra, los había domesticado a varios.
Casi toda la gente en la isla tiene estos hábitos, es algo muy común, extremadamente frecuente. Tener un animalito salvaje, criarlo en la casa, y no lo liberan, y nunca deciden comerlo, están como compañía, en su hogar.
Hay una canción muy sentida, muy hermosa, interpretada por un cantante muy conocido actualmente de música chamamecera, Mario Bofill, llamada “La Tincha”, y éste fue el apodo que en la canción le dan a un animalito salvaje capturado, un carpincho, hembrita, que también estaba preñada, y cuenta la canción, que de dos hijitos, solamente vivió, uno, la llamada “Tincha”, y que después de criarla en su casa, sintió necesidad de liberarla, y que con ello logró el cazador, que “La Tincha” tuviese a su vez cría, y que aún en libertad les mostrara sus cachorros. Y cuenta Bofill, que el cazador dejó de cazar carpinchos, para siempre, por miedo de lastimar a algún hijito de la Tincha.
Los isleños nunca se comen estos animalitos recogidos, los quieren mucho, les depositan mucho amor, y hasta nombre le ponen a cada uno de ellos, y cuando el bichito no está por allí, empiezan a nombrarla, y enseguida aparecen. Y los chicos para entretenerse, le colocan un tacho con agua, y allí van las nutrias, y se lavan sus caritas como si fuesen personas, en medio de las risas de los más jóvenes. Se lavan todo, como lo hacen los monos. Así hacen ellos. Fundamentalmente las nutrias, los carpinchos, lo hacen también pero menos, las nutrias son muy habilidosas con sus manitas. Las manejan como si fuesen las nuestras. Y esa señora con muchos animalitos, le daba la galletita, a una pequeña nutria,
Y la toma la galletita con las manitas, la va comiendo y girando constantemente, hasta que le queda un pequeño trocito que se lo arroja dentro de su boca para terminarla definitivamente. Es algo muy tierno verla hacer esto, porque la va girando a la galletita hasta que le queda chiquitita, lista para engullirla. Es una cosa muy hermosa, increíble.
Los carpinchos vienen hasta grandes, en las casas, de un metro de alto, los carpinchos, si, le dicen el cerdo del río, porque su carne es parecida al cerdo.
Las nutrias cuando son criadas con alimento, distinto que cuando se crían en forma natural en el río, el pelo se le pone brilloso, porque hay dos clases de nutrias, la nutria de criadero, que se cría en la ciudad de Rosario, y la nutria que la llaman silvestre, la isleña.
Yo quise conocer, cómo era la carne de nutria, y yo que siempre viví en la ciudad de Rosario, a instancias de un consejo de mi hijo Diego fui a comprar una, a una carnicería cerca del Hospital de Emergencias Doctor Clemente Álvarez, y me dijeron cuando me la vendieron, que  no necesitaba demasiado adobo para sacarle el gusto a salvaje, porque la nutria era de criadero, con alimentación cuidada.
La nutria de criadero la nutren con alimento balanceado, como hacen con los pollos, y por eso su carne es blanca. Hacen un pozo enorme para que se críen las nutrias en ese pozo, para que no se altere su piel, que es muy buscada, aún hoy. La piel es muy brillante, y aún actualmente, y pese  a la ecología, la piel de nutria se sigue exportando. Los isleños iban a vender sus pieles a los peleteros. Es una piel mejorada la de la isla, que la que está en cautiverio, porque, según los isleños, la nutria de los peleteros con los años, pierde sus pelos, por el tipo de alimentación, y las nutrias naturales, menos.
La carne de la nutria salvaje es roja, y los isleños la vendían a las personas en Rosario, directamente por pedido, y al conocido Restaurante Ritz, de Rosario, que ya cerró sus puertas, desgraciadamente, y otros, y también se le llevaba a ese Restaurante, ranas y pescados, ellos pedían más a los dorados, el surubí, el cachorro.
Y las ranas a veces, entraba a la cocina del Ritz, y la isleña se las pelaba allí, porque para evitar cualquier problema sanitario, en esa época era costumbre traerle las ranas vivas, y desollarlas en la cocina.
Cuando uno logra tener una nutria salvaje, hay que colocarla en mucho vinagre, bien condimentada y en el freezer, porque el frío intenso del freezer, medio que lo cocina un poco y le hace perder ese regusto salvaje, que se quiere evitar.
 Algunos isleños estudiaban esto, en libros culinarios para poder mejorar la oferta de sus productos de la isla. Después de salida del freezer, se la saca y se lava muy bien, y se regresa al vinagre, que es un excelente conservante, es realmente antiséptico, y se pone en adobo.
Y con ese adobo, va a la parrilla o a la olla, a prepa- rarse de cualquier forma, para terminar el plato. Si bien queda riquísima, siempre tiene un poco del sabor salvaje, por más intensa que fuese su preparación. Un gusto distinto a las de criadero.
Para cazar las ranas, iban a veces las parejas, esposo y esposa, de noche, porque en la parte bajita, en la playa del río, las ranas afloran y salen a comer a los mosquitos, y cómo es la naturaleza, que todos estos bichitos salen en la tarde, porque se mantienen con los mosquitos, que abundan, en las orillitas, o en los caminos, y los cazadores de ranas aparecen con un farol, con un sol de noche o farol a kerosene, y cuando uno las alumbra, ellas se encandilan, y no pueden mirar, se quedan muy quietitas, y se le pone la luz de un lado, y el manotón para cazarlas, del otro lado, súbitamente.
Yo recuerdo que en las afueras de la ciudad de Luján, yo cacé ranas de un pozo de unos 4 o 5 metros de profundidad, con un hilo largo, al que atábamos fuertemente piedritas rojas o trocitos de carne roja, y la rana daba una oclusión tan fuerte de su bocado, que sin soltar la presunta presa, era subida esos metros y capturada.
Las ranas, tiene en general poca comida, y están con mucha hambre, por eso no sueltan la presa.
Están en todas las acequias.
Por ejemplo el macho de la rana, cuando hace mucho calor, en algún pocito de agua, van y hacen como una espuma, y a la tarde comienzan a llamar a las ranas, haciendo el uoc, uoc, característico, croando. Cuando los isleños descubren las espumas, manotean en esos charcos porque generalmente hay ranas machos, muy grandes, pero saben también que deben tener cuidado, porque allí también puede haber víboras. Que hace un redondel y se prepara para atrapar y deglutir las ranas.
Hay relatos de animales donde se cuenta que el sapo de su saliva, tiene un tóxico que repele la víbora, y el sapo espera que la víbora se duerma y con su baba tóxica para la víbora, le hace un círculo, andando sigiloso, para que no se despierte la víbora, y una vez completado el círculo con su baba, se pone a croar fuerte, para despertar a la víbora, y cuando ésta se despierta se desespera pero no puede franquear dicho círculo, y entonces el sapo se aleja victorioso.
Cada animal, Dios le dio para defenderse en su vida, cada uno tiene lo suyo.
Entonces se lleva una bolsa grande, y se van colocando adentro, unas ranas machos, muy grandes, con muchos músculos, parecen los que desarrollan muchos músculos, por la gimnasia, fisiculturistas, y la rana parece más delicada, como la silueta femenina.
Después se excava un pozo grande y se tapa con pasto, y como los mosquitos van siempre buscando la humedad, y el pozo se llenaba de mosquitos, y se mantenían hasta que se enviaban a su destino final, y se contaban, las ranas machos por acá y las hembras por allá. En dos bolsas separadas, tenían un precio mayor el macho, que la hembra, que tenía otro precio.
Muchos pescadores las compraban, y algunas venían para Rosario.
Las ranas hay que dejarlas con sal, porque aunque las ranas están muertas, y sin el cuero, todas peladas, si se les hecha sal, las ranas se contraen todas, con sus músculos, y el que no conoce, se impresiona, parecen que estuvieran vivas, saltan realmente. Es algo increíble. Saltan por la sal. Después se las lava, y se las seca, se prepara, se pone con harina, para milanesa, hay distintas formas de preparación.
En la cocina del Ritz, por ejemplo, se las entregaba vivas, para que no haya quejas, y que se vea que era producto fresco.
Se les corta la cabeza, y con una pinza y tenaza, se les saca el cuero con mucha facilidad. Y listo.
Pasó un tiempo y volví a hablar con Hortensia y su hija, de 52 años. El otro hijo, el hermano varón es de 40 años.
La hija terminó el séptimo grado en la escuelita de las islas, y todavía funciona hoy.
La escuelita es muy linda, con buena construcción, de primario, exclusivamente, y los cursos están ensamblados, esto quiere decir que puede haber alumnos de distintos años en la misma aula, pero de diferentes edades.
Después terminó la hija el secundario, acá en Rosario, vivía un tiempo aquí, y después volvió a la isla otra vez. Se casó, y su marido es isleño, también, y volvieron a las islas porque él se dedicaba a la hacienda, en las islas, llegó a tener como 200 animales, que los manejaba con su padre, pero el trabajo de la isla es muy arriesgado, porque viene la creciente, y uno se queda sin nada, es muy sacrificado, y precisamente, luego de una gran creciente, tuvimos que vender a las apuradas, y nos vinimos a Rosario, nos fuimos a vivir al campo.
La isla es muy linda, por otra parte, es muy tranquila, y en un permanente contacto con la naturaleza, y afortunadamente la hija con su esposo no viven en el centro de la ciudad, sino que son caseros en un predio de gimnasia, y hay bastante verde que ayuda mucho. Entonces uno no extraña tanto la naturaleza viva de las islas. Pues se está más al aire libre, pero aún así no es lo mismo.
Cambiaron mucho las épocas, pues no es lo mismo las islas de la niñez que las actuales, antes había más población, pero muchos se fueron y las abandonaron, quedando pocos habitantes permanentes. Empiezan a aparecer muchos fin de semana, y aprovechan los terrenos de la gente que se va y se meten, sin comprarlos. El gobierno no dice nada…
Son personas con poder, y los dejan.
Cuando viene la inundación, uno debe estar preparado, lo mismo que si viviera en zona de terremoto o de volcanes, uno se prepara para eso.
Si no lo hace es porque se deja estar.
La casa de las islas era una casa de alto, bien hecha, con la máxima infraestructura a la que uno podía llegar, con unos 2,30  metros de alto sobre el nivel. Hasta ahora la máxima inundación que vivieron llegó hasta la altura en sus casas, de 2  metros, o 2,10  metros, y faltaban 20  centímetros, más o menos.
Lo que pasa que en ese momento uno pierde animales, cultivos, todo lo que se tiene, si tiene sembrado, que da para sembrar, da para muchas cosas, y se lleva todo.
En este momento, en el mes de octubre, el río está creciendo, con las lluvias, y crecen los afluentes del Paraná, y cuando hay sudestada, así como penetra en la Capital Federal, también perjudica para acá, porque asienta el agua hacia aquí, y se eleva el nivel de las aguas.
La vida es dura, no es peligrosa, no, es una vida muy sacrificada, porque si se quiere vivir cómodamente, dignamente, si está acostumbrado a tener esto, por esto y así, es muy lindo tener su propia huerta, se pueden criar gallinas, se puede tener de todo, mientras el río no suba. A la naturaleza no la maneja el isleño.
En la pesca también se nota que hay menos que hace años, en algo se perjudicó por el puente Rosario-Victoria, porque hicieron las construcciones de soportes, cayeron algunas casas del lado de las islas, se deformó y cambió totalmente el lugar. Se cambió la naturaleza por la presencia del puente. Se alteró el lugar. Afectó mucho. Ha cambiado el nivel del agua en las casas, ya no es igual que antes.


Otra señora me cuenta que muchas veces, hace años, iban en lancha de ellos, a las islas, a visitar una familia de puesteros. Puesteros se le llama a los isleños, que en determinado lugar, crían y cuidan el ganado, de otros dueños, son los cuidadores de haciendas, de los dueños de los campos del lugar. Del ganado vacuno que se cría en las islas.
Le llevaba lápices y cuadernos a un nenito de la isla, y también le enseñaba las primeras letras, el abecedario, y algunas cuentas simples, y también algo de escritura, que vivía más adentro en las islas, y cuando me veía ir llegando, decía “ahí viene la maistra..” Yo no era maestra, pero aprovechaba el viaje, y lo instruía mínimamente.
Hay gente en las islas, adentro, adentro, que olvídese…
No hay política que se ocupe del isleño, adentro, adentro, ya es otra provincia, es de Entre Ríos, la gente tiene una humildad, espectacular.
Mi marido está cursando ahora la rehabilitación lenta de un accidente cerebrovascular, pero antes llevó, por la inundación, bolsas de pan, y los chicos viviendo, aunque usted no lo crea, estaban viviendo arriba de los árboles, durmiendo, cuando la inundación grande, nadie los va a buscar, la Prefectura actúa poco y nada, allí.
La Prefectura tiene lanchas grandes, pero siempre se quejan que no tienen combustibles.
Un hermano de mi sobrina, era un chico enfermo, que le tomaban ataques, era de Rosario, pero pescaba en la isla, y le dio un ataque pescando y se ahogó, cerca de los 35 años, y lo fueron a buscar, porque tuvimos que hablar y presionar al Prefecto, para que lo vayan a buscar, y sacaron la lancha, y lo encontraron. Si no Prefectura no sale. Y él ya se había ahogado, así que solo rescataron su cuerpo.
Hay poca información de lo que sucede en las islas, y el rosarino, desgraciadamente es muy indiferente…
Con la cuestión de las inundaciones, la gente se va. Por eso merma la población estable de las islas.
Los rosarinos han hecho depredaciones allí, los carpinchitos que yo crié, aquí en mi casa en Rosario, y los traje de las islas, porque le habían matado a su madre, y otros carpinchitos y nutrias, que poblaban las islas, cada vez son menos, porque el isleño mata por subsistencia, mata para comer, pero el de la ciudad, que va a la isla, a veces llega a matar por placer… Antes se observaban una gran cantidad de gaviotas blancas, que llenaban la costa de las islas cuando se posaban en tierra, y el isleño eso le denomina “puebladas”, son las gaviotas cuando están todas amontonaditas, en la ribera del Paraná, y ahora escasean totalmente, podríamos decir que ya casi no hay más. No hay más nada…
En la última inundación grande, los animales muertos en la orilla de las islas, era un espectáculo dantesco, vacas y terneritos, en cantidad.
No los sacan, porque el problema reside en que la chata que los saca, cobra muy caro, y después tienen que alquilar algún lugar para alojar al ganado, y gastar más en su alimentación. Por eso prefieren abandonarlo…Es horroroso.
Los isleños que están cerca, a veces reciben algo de ayuda, pero los que se ubicaron más profundamente, no tienen nada.
Hay gente adentro, adentro que ya pertenece a Gualeguay, Entre Ríos.
Mire, si usted supiera lo hermoso que es adentro, pero para desplazarse, hay que ir remando, para vivir la naturaleza, yo he visto, allí, lagunas celestes, de los camalotes que estaban todos florecidos, que era majestuoso. La gente no sabe la belleza, en lo profundo de las islas. Es verdaderamente hermoso.
Solía meterme por allí, remando y es un espectáculo que realmente fascina.
Siempre para ir, hay que ir varios, acompañados, por cualquier cosa, y con chalecos salvavidas siempre. Hay lugares en la isla profunda, de maravilla, mi esposo conocía porque siempre fue de chico. Mi hijo que hoy tiene 42 años, sus dos primeros dientitos los cortó allá adentro, en el Paranacito, muy interno, es el primer río.
Nosotros siempre íbamos a la casa de unos isleños, viejitos que vivían allí, viviendo siempre de la caza, son personas muy pasivas, muy tranquilas, tienen animalitos cerca de su vivienda, o tiene alguna vaquita, gallinitas, viven de otra forma, y cada uno elige ser feliz de alguna manera. Es hermoso adentro. Nosotros hace años que ya no vamos.
Yo quiero mucho a los animales, y estoy furiosa contra los feed-lots, que es una manera de obtener carne a costa de apelotonar al ganado, en terrenos que ni pasto tienen, y que cuando llueve, se inunda todo, y las vacas, cuando se les vencen los cascos, se ahogan y mueren. También hay problemas en las viviendas cercanas, por el hedor y los olores nauseabundos que despiden estos sitios, y hay varios aún en el Departamento Rosario. En el diario de ayer dejaba a entrever la posibilidad de cerrar uno. A mi me duele ese trato desconsiderado al animal. Hay quejas en todas las zonas vecinas, aquí en Santa Fe.
Es triste, realmente, el ver a los animales así, yo cada vez que paso por esos lugares, me entristezco mucho.
Fíjese que crié carpinchos con mamadera, en mi casa que fueron rescatados, de la isla, porque habían matado a su madre.
El más grande, era propiamente una risa, porque ellos, los había traído mi marido. El más grande, el primero que trajo, porque no hacen suciedad en ningún otro lado, uno le pone una palanganita con agua, y siempre van allí. Son herbívoros, y me cortaba el pasto de enfrente de mi casa, porque solo comen hierbas, en mi jardín, afuera de la casa, y me comía el pastito. Una vez mi marido, por equivocación le dio guiso, que él estaba comiendo, y le cayó mal, y empezó con diarreas, y colitis, y colitis, se moría. Yo hice lo indecible para parársela,
Lo que no le dí, y al fin, a las 5 de la tarde, se cortó la colitis. El agradecimiento de ese animal conmigo fue total, no dejaba que nadie se acercara hacia mi. Si yo iba al río y a lo mejor estaba en el agua, y había alguna persona conversando conmigo, se zambullía, y lo sacaba de mi lado.
Nosotros lo poníamos en el agua, antes de salir con la lancha, y él nadaba acompasado con nosotros por la isla, nadando al lado de la lancha, hasta bastante interno que se llama La Brava, y él nos seguía cerquita, cosa de no creer.
Se bajaba, él comía, estaba criado a pan y a hierbas, y si uno de nosotros que se subiera a la lancha de nuevo, a lo mejor iba a buscar algo, pero él también brincaba desde el agua y se subía a la lancha, porque temía que lo dejemos.
Después lo llevé al zoológico, y le llevaba comida. Lo dejé, pero lloré mucho, porque claro, en casa él estaba suelto. A mí en el zoológico, cuando entré, y él caminaba a mi lado, no lo podían creer.
Lo pusieron en una jaula, y si usted supiera como lloré, porque él pegaba con su cabecita, no se quería quedar allí, se quería venir conmigo.

Lo que pasa que me decían que no lo iba a poder dominar cuando ya se venía grande, y si entraba en celo, muerden, que se yo, me asusté y lo llevé al zoológico.
Le voy a traer las fotos de mis hijos con él, nosotros lo llamábamos Cucusito, y en una como si se estuviera riendo, mostraba sus dos dientecillos, porque tienen dos dientes como dos maíces, por eso yo le digo que la gente no conoce lo que son los animales. No sabe lo buenos que son. Nosotros somos peores.
El otro, el más chiquitito, era el más revoltoso, rompía todo, y lo tuvimos que atar con una correa, pero con tanta mala fortuna, que un día, que estaba atado y nosotros no estábamos, se cayó de una escalera, y como estaba atado del cuello, se ahorcó, fatalmente.

Por otra parte, y con los problemas de energía y con la ecología, decidí en mi casa instalar equipos de energía solar y me contacté con Green Energy and Light, que dirigen Federico Ferrarini, y su socio Matías, y precisamente hoy 27 de octubre de 2012, en el diario La Capital, veo su foto y su relato promoviendo el uso de las energías alternativas, especialmente la solar. Y qué tiene esto que ver con las islas, que precisamente en el relato al periodista, Federico, recordó haberle vendido un cargador para celular, que funciona a energía solar a una joven que vive en las islas, y que antes estaba obligada a caminar cinco kilómetros, cada vez que su carga se agotaba, para enchufar su teléfono y mantenerse comunicada, y esta joven le dijo a Federico: “esto me cambió la vida por aquí.”Tanto Federico como su socio Matías, aprendieron energías renovables en Ingeniería Eléctrica en la UTN, Universidad Tecnológica Nacional, y lo están aplicando muy bien…
El equipo que me instaló en mi caso es un panel de 120 vatios, es monocristalino, que es mucho más eficiente que uno policristalino, hechos de silicio, y es de silicio monocristalino, el policristalino es todo un tramado desordenado, son todas las celdas desordenadas, como la piedra de mica de Córdoba, con pedacitos así, tiene ese formato,  el monocristalino es más uniforme, con proceso de fabricación más costoso, y es el que se usa en todos los parques fotovoltaicos del mundo, se usa el monocristalino porque son más eficientes, necesitás menos metros cuadrados para tener la misma eficiencia. Si fuese policristalino, para 120 vatios sería un panel mucho más grande, de un tamaño mayor.
En esta semana estuvimos en las islas instalando en un parador, que es Pura Vida, tenemos y en otros, son paradores en las islas del Paraná, son turísticos, va la gente a hacer turismo, y les estamos instalando energía solar en esos paradores, que antes tenían generadores de energía sucios, ecológicamente hablando, y con un fuerte ruido del grupo electrógeno, y hoy ya no hay nada más de eso.
Y en la isla se está trabajando más que en la ciudad, te diría…

En otra ocasión conversando con un paciente adulto mayor, Esteban Lerme, me comentó que toda su vida se la dedicó a la publicidad, y con su socio el afamado locutor radial Enrique Gallardo, tuvieron durante muchos años un programa de radio de LT2, llamado El almacén de La Candelaria, cerca de 35 a 40 años, vigente en la radio de Rosario, y era tan seguido que me contó que a través de la propia radio avisaban a un señor isleño, que preparaba unos panes dulces fenómenos, que le encargaban directamente por la radio, y cuando iban ellos después, a las islas, los retiraban y los saboreaban.
En Rosario hacían lo mismo con una señora que vendía empanadas sabrosas, de la ciudad de Funes, y también se las encargaban por la radio. Es de esta manera que la radio servía como era antaño, de un medio directo de comunicación, y aún lo sigue siendo en muchos pueblos de nuestra patria.

Hoy leyendo el periódico de la ciudad, La Capital, encontré un relato interesante que habla de que la vitalidad de las islas a veces se restablece con el tiempo.
Encontraron ejemplares del gato montés sudamericano, especie en peligro, y el hallazgo fue motorizado por la agrupación: El Paraná no se toca.
Dicho felino salvaje, conocido como leopardos geoffroyi, que está considerada como especie amenazada de extinción, se distribuye por casi todo el territorio de nuestra nación, y que repunte su ciclo vital es esencial, ya que es cazador nato de roedores pequeños, como el que transmite la leptospirosis, el llamado Oligoryzomys flavescens.
La agrupación El Paraná no se toca, detectó dos parejas de este tipo especial de gato salvaje, en las
Islas, enfrente a Rosario, lo que significa que esta especie comienza a asentarse en los montes arbolados isleños.
Es una buena noticia, y un índice de buena salud para las Islas del Paraná.




  
  

No hay comentarios.: