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lunes, 24 de noviembre de 2014

LA PROFESORA DE FILOSOFÍA ANA MANGIANTINI, DISERTO EN EL COLEGIO NUESTRA SEÑORA DEL HUERTO DE ROSARIO



La Profesora de Filosofía Ana María Mangiantini, disertó sobre EPICURO:

Quiero, que en esta noche, no haya una clase magistral, tradicional, una conferencia, sino que se establezca una especie de taller, con diálogo entre todos, diciendo cada uno lo que piensa.
Y deseo reflexionar un poco sobre este tipo de filosofía.
En realidad, hay un escrito muy lindo de Humberto Ecco, que lo ubicamos en Italia, y fallece en 1930, es casi contemporáneo, cierto, y él decía, que hay que desterrar la idea que la filosofía sea algo difícil, o que sea algo de otro mundo, porque, en realidad, todos somos filósofos, y esto me gustó, y me lo apropié, y en realidad piensen, todos ustedes, siempre elucubramos, pensamos, algo, profundamente, y situaciones que podríamos llamar límites, a veces, cuando estamos muy tristes, cuando nos pasa una desgracia, cuando estamos muy contentos, cuando tenemos un lindo acontecimiento en la vida, entonces, comenzar a reflexionar,
y esto es hacer filosofía, sí, y cuando uno reflexiona sobre la realidad, que está viviendo, se está convirtiendo en un filósofo.
Y de todos los autores que he leído, porque todos los días surgen nuevos, a mí los que más me gustan, son los antiguos griegos, y los situamos siempre, antes de Cristo, están en Grecia, y antes del nacimiento de Cristo.
De ellos, el que me parece que tiene una actualidad enorme, y ahora reflexionaremos juntos, todo lo que dice, el filósofo que se llama Epicuro, es fácil su nombre, sí, que lo podemos situar en el siglo III, antes de Cristo, en Grecia, en realidad es en Samos, que es una isla, muy cerca de Grecia continental.
En realidad Platón, Aristóteles, y todos los que los rodeaban, entre filósofos griegos, constituían una filosofía, puramente intelectual, una carrera que requerían que otros trabajaran por ellos, para que pudiesen trabajar con su mente, eran otros tiempos.
Epicuro, vivió en el siglo III, AC, que fue una época significativa, porque siempre a un filósofo, lo tenemos que situar, en un lugar, y en una época, y en el siglo III, AC, en Grecia, sobre todo en Atenas, había un gran desarrollo de la vida intelectual, y había comenzado en el siglo de Pericles, que ustedes habrán oído, Pericles, fundador de la democracia, y entonces, un siglo y medio, después de la fundación de la democracia, Grecia era una democracia corrupta, si bien la democracia es una forma de gobierno importante, no cierto, pero los gobiernos se hacían cada vez más corruptos, había todo una decadencia, se compraban y vendían las opiniones y los votos, y cualquier similitud con la realidad, es pura casualidad, je, je, je.
No voy a decir mi edad, pero hace 44  años que soy Profesora de Filosofía, y siempre me gustaron los griegos y después de los griegos, no hubo nada nuevo, todos decían lo mismo que los griegos, de una manera, más moderna.
Y siempre estos filósofos griegos pertenecían a familias adineradas, que eran personas que necesitaban el ocio intelectual, para producir mentalmente.
Epicuro, no vivía en Atenas, sino en la isla de Samos, que está en el mar Egeo, sobre el Asia menor, cercana a Turquía, con un paisaje bellísimo, agradable al espíritu, y era hijo de un maestro de escuela, y de una adivina.
Ustedes saben que las mujeres en Grecia, no trabajaban, eran consideradas inferiores, había tres clases de mujeres, que eran las señoras de la casa, que no trabajaban, que no podían salir solas, y si iban al mercado, tenían que ir con la esclava, la otra clase de mujeres, eran precisamente las esclavas, analfabetas, y las últimas eran las hetairas, eran señoritas hermosas, que tocaban la cítara, y entretenían a los señores en las reuniones de hombres.
La mamá de Epicuro, era ama de casa que se dedicaba a la adivinación, lo cual no era muy bien visto, y Epicuro era de familia humilde, y a mí me gusta, no porque sea humilde, sino, porque estaba muy conectado con la realidad.
Entonces Epicuro dice: La Filosofía, tiene que servir para que seamos felices, y si no, hay que tirarla al tarro de la basura.
A veces ustedes pueden leer algo sobre Epicuro, que está mal interpretado, porque se le llama el filósofo del hedonismo, o sea del placer, y esto parece ser el placer de los vicios, el placer sin límites, pero no es así, Epicuro siempre, dijo que el placer debe estar medido por la razón.
Vamos a desarrollar, esto, entonces, Epicuro decía, que todos tenemos que ser felices, y que hay que trabajar para ser felices, y la abuela Cota lo dijo de otra manera en la conferencia previa, no cierto, hay que trabajar, para ser felices…
Es el trabajo nuestro, de esta vida, y dice Epicuro: ¿Qué cosa es la felicidad?
Según Epicuro, la felicidad consiste en dos cosas: No dolor en el cuerpo, y no angustia en el alma.
Aquí me gustarían que ustedes opinaran, yo discutí, durante años, con quien era mi jefe en la Facultad de Filosofía, porque yo acordaba con Epicuro, y él decía que no, que esto era muy poco.
¿Y qué opinan ustedes?
Es muchísimo, no cierto…
Para no tener dolor en el cuerpo, tenemos a los médicos, y para no tener angustia en el alma, estamos los que reflexionamos, con la filosofía…
Alberto, un paciente, dijo que la felicidad es como un ideal, que tenemos siempre delante nuestro y cuando avanzamos hacia ella, ella se corre un poquito más hacia adelante, y así, que la felicidad es un ideal, que se pueden suprimir los dolores corporales, pero lograr la felicidad es complicado, porque por ejemplo uno está sentado en esta sala escuchándola muy atentamente a la profesora de filosofía, pero salimos a la calle y nos encontramos con un niño revolviendo la basura, y eso nos vuelve a angustiar…
Y cuando una se siente mal en el cuerpo, siguió Ana María, es como que se angustia, y a veces no están tan separados el cuerpo del alma, y si no creemos en el alma, lo que se llama la memoria, la imaginación, la inteligencia, lo que no es material.
Teresa, otra paciente, dijo que el dolor no es una cosa palpable.
Ana María, contestó, que el dolor es diferente de acuerdo a lo que sienten las diferentes personas, una cosa es dolor, y otra el sufrimiento.
Yo no sufro, como sufre el otro, de ninguna manera, y entonces ¿qué es lo que impide al hombre ser feliz?
Hay una cosa que sentimos que nos impide ser felices, y los adultos mayores comenzaron a responder:
El odio, la falta de libertad, la envidia, pero Ana María respondió:
EL MIEDO.
Todo eso está dentro del miedo, y el miedo nos impide ser felices, y lo que me impide ser libre, de adentro hacia afuera, y que no hacen grandes cosas, para poder ser felices, dijo Epicuro, y les voy a leer algunos aforismos que él tiene, en realidad, él no escribió mucho, algunos, se cuenta que escribió muchos libros, pero no llegaron a nosotros, pero remontémonos a esa época, el siglo III AC, para comprender la escritura de ese entonces, sin imprenta…
Y ellos lo hacían en papiros.
Y hay unas frases, unas sentencias, que se denominan sentencias vaticanas, y yo me decía, cómo se pueden llamar sentencias vaticanas, si en ese entonces, no existía el Vaticano, pero ¿por qué?, pues fueron descubiertas en el Vaticano.
Y él dice, cuál es el peor miedo, que tenemos, y Alberto contestó: El miedo a la muerte.
Claro, respondió Ana María, y el miedo a la muerte, es un miedo que nos impide la mayor cantidad de cosas.
Y Epicuro dice: No hay que tenerle miedo a la muerte, porque cuando la muerte viene, nosotros no sentimos nada, y lo que tenemos miedo es dejar de ser, a dejar lo que somos, pero a la muerte no hay que temerle porque cuando venga no nos daremos cuenta.
Porque esta gente, no tenía la idea del Dios único, creía en sus dioses, y Epicuro decía que el otro miedo que nos impide ser felices, es el miedo a los dioses, porque tenemos miedo que los dioses nos castiguen, y según Epicuro ese es un error del hombre, porque los dioses viven felices, y cuando uno vive en felicidad, no tiene ganas de castigar a nadie.
Y esto que parece muy lindo, piensen cada uno de ustedes, en su vida, en el momento mayor de felicidad, que han tenido, el o los momentos, que hayan tenido, y qué cosas vivieron en ese momento de felicidad.
Una cosa que es bastante fugaz, que no es un estado duradero.
La abuela Cota dice: Es como una alegría…
Sí, pero la felicidad, es mucho más, es más total.
Esta felicidad, plena, se nota en el humano, y para los dioses, la felicidad es total, según Epicuro.
Pero los dioses, que observan felices, no dañan.
Y pensemos en nosotros, si Dios va a estar preocupado en castigarnos.
El castigo es propio del humano, ya vas a ver cuando venga tu papá, dice la madre a sus hijitos, y después venía el papá y no pasaba nada, je, je, je.
Y el Dios, tampoco, debe ser como el padre, ¿no cierto?
Y cuando uno está alegre, cuando uno está feliz, cuando uno está contento, no tiene ganas de ser malo, y castigar.
Y el estado de felicidad, según Epicuro, es propio de los dioses.
Y para que estarían los dioses, según Epicuro: Para imitarlos, sí.
Y hay que buscar lo bueno, lo que es agradable, y hay que buscar el placer, siempre, pero limitado por la razón, no el vicio, nunca.
Lo que nos da felicidad, es el placer.
Y la sociedad nos confunde, porque hay muchas imágenes de las tarjetas de crédito, en son de propaganda, que dice: PLACERES EPICÚREOS, y muestra comidas, bebidas, o alojamientos fastuosos y paradisíacos, sin límites,
y no, eso está mal interpretado, Epicuro nunca habló de placer desmedido, él siempre dijo: El placer, siempre debe estar medido por la razón.
Y ¿qué significa esto, de placer medido por la razón?, y Epicuro dice algo a lo que yo personalmente adhiero, en la vida siempre decimos: Me gusta o no me gusta, sí, con la inteligencia conocemos, y con la voluntad queremos, entonces yo digo, esto es bueno o malo, es lindo o feo, es rico o es soso, y siempre estamos con la voluntad, y el placer tiene que estar medido por la razón, ¿por qué?, porque si no, el placer, si no está medido por la razón, me puede traer un displacer, y para poner un ejemplo, muy casero, a mí, me gustan mucho los chocolates, y yo si no tengo medida, para eso, me hacen mal, me sube el colesterol, y todo lo demás, y allí, ya no es placer, un placer desmedido se transforma en displacer, un placer, que me va a traer un disgusto, se entiende, entonces Epicuro hace una, disquisición, y relata lo siguiente:
Hay placeres naturales y necesarios, este tipo de placeres, son los que tenemos todos los humanos, comer beber, dormir, y si yo tengo hambre como pan, si tengo sed tomo agua, eso es placer natural y necesario, porque es verdad, cuando uno tiene mucha sed, que mejor que  tomarse agua…
Pero dice que hay otros placeres naturales y no necesarios, serían, si tomo sed, bebo Coca Cola, o vino o whisky, y así, pero en su medida.
Siempre medido por la razón.
¿Les gusta el vino a ustedes?, preguntó Ana María…
Es interesante la sugerencia del doctor de tomar una bebida espirituosa en el crepúsculo, je, je.
Ustedes saben que soy recientemente una profesora jubilada, hace un mes, y trabajé siempre con adultos, y al crepúsculo, yo salía a trabajar, y ahora son las siete de la tarde y no tengo que hacer nada, je, je, y me voy a tomar un vinito, je, je, yo también.
Y a los otros placeres, que a veces nos hacemos adictos, son a los placeres no naturales ni necesarios, que Epicuro dice, en el siglo III, AC la fama, la política, todo lo que no sirve, porque me hacen esclavo, siempre, dependo del otro, que me esté aprobando, que me esté promoviendo, que me esté diciendo, qué bien, y este placer, es el peor de todos, no hay que buscar la fama, que me reconozcan, porque todo eso esclaviza.
Epicuro decía que, el más feliz, no es el que más tiene, sino el que menos precisa…
Porque, Epicuro sufría mucho de sus huesos, y murió de una enfermedad renal, murió de la piedra, y me preguntó Ana maría a mí, como era el nombre de la enfermedad, y le contesté: Litiasis renal, y seguramente infecciones por ello…
Y para su cumpleaños, y siempre lo hacía, era tomarse un tecito y tomarse después una copa de buen vino.
Y ese era el placer más grande que hacía para su cumpleaños, sí.
Yo recuerdo algunos cumpleaños, y me acuerdo de las comidas, que eran siempre deliciosas.
El placer, según Epicuro debe ser Medido, Natural y Necesario.
Y yo, puedo tener un placer, que no me hagan depender de los otros, pero sí, puedo compartir con los otros, Epicuro decía, antes de buscar qué comer, hay que buscar siempre, con quién comer…
Y eso, está muy bien.
Y él decía, que en la vida hay algo, que no puede faltar, que es la amistad, el hombre solo, sin amigos, es un pobre hombre, y claro, eso tiene que ver con el último placer, y los que tienen mucho poder, los políticos, ¿cuántos de ellos, tienen muchos amigos?
No sabemos eso…
Un joven señor de 89 años, Leonildo, dijo, que a veces, cuando uno está triste o deprimido, volver a nuestros recuerdos hermosos, ayuda mucho.
Y eso es justamente lo que decía Epicuro, cuando, él estaba muy enfermo y le dolían sus huesos, porque no había remedios eficaces, en esa época, él decía, yo saco de la memoria, los momentos que compartí con mis amigos, y me mejoro y alegro.
Y el joven de 89  años, Leonildo, dijo, Epicuro, era más joven que yo, je, je, je.
Se generalizó la risa en el auditorio.
Dice Epicuro, siguió Ana María:
Si quieres ser rico, no te afanes  en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia.
Debemos buscar a alguien para comer y beber, antes de buscar algo de comer o de beber.
La muerte es una quimera, mientras yo existo, no existe la muerte, y cuando exista la muerte, ya no existo.
El hombre que no se contenta con poco, no se contenta con nada.
Es verdad eso, vieron esos que siempre van por más, que no se contentan con nada, es su obsesión.
 Y a veces uno se dice ¿por qué estoy mal?, ¿cómo estaría si me faltara un ojo, una pierna?, si tuviese enfermedad grave, yo creo en un eterno reconocimiento a la vida, a Dios,  a lo que cada uno crea, poder estar bien, poder compartir, mirar un programa de televisión, tener médico como Julio, con este tipo de iniciativas.
Los bienes son para aquellos que saben disfrutarlos.
Esto, también está bueno, porque darles bienes a los que no saben disfrutarlos, no.
Yo creo que la vida nos da, lo que buscamos, Coelho dice, que cuando uno desea mucho algo, el mundo entero conspira, para que lo consigamos.
El mundo es lo que tenemos en nuestro interior, lo que llevamos adentro.
Teresa dijo que ella sabía que la felicidad estaba en todas partes, pero Ana María dijo que no estaba en todas partes, y Teresa insistió en saberla definir, y encontrarla.
¿Y a vos que te gusta para ser feliz?
Y Teresa le respondió: Encontrar gente como usted, que nos ilustre en estos temas…
Ana María le agradeció.
Teresa dijo: Me hace bien razonar.
Alberto insistió que la felicidad es algo muy fugaz.
Vamos a tutearnos, dijo Ana María, porque todos tenemos 32  años, por acá, je, je, je.
Un estado es la alegría, pero no la felicidad, y Ana María dijo, que el momento más feliz de su vida, cuando nació su primera hija, sí.
Es muy fugaz, cierto.
Uno puede provocar la felicidad, hay que saber disfrutar, y no hay que empañarlo con otras cosas.
Porque hablando un poco del psicoanálisis, nosotros tenemos el yo, el adulto que está en contacto con la realidad, tenemos el súper-yo, que nos dice tenés que hacer esto, tenés que hacer esto otro, nuestros deberes, y tenemos el niño, el instinto, el niño que todos llevamos adentro, y yo siempre digo, hay que usar el adulto, el yo está tironeado por lo que me gusta y por lo que debo hacer, cada uno tiene estos tres componentes, y cuando uno dice, voy a invitar a mis amigos a comer, voy a jugar al buraco, debemos ir con el niño, porque si saco el padre, con el súper-yo, que me da órdenes, ahí ya se embarra todo, y entonces, siempre hay que disfrutar, estoy acá, y lo disfruto, no pienso como un adulto, con las limitaciones del caso, disfrutar como un niño, sí.
Cuando podemos, disfrutemos, y tampoco sabemos cuánto nos va a durar lo que tenemos, sí.
   

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