4 de octubre…
Día de San Francisco de Asís.
Del libro: -Florecillas de San Francisco de Asís-
-EL PUENTE-
Con ojos de fuego, batiendo las alas
con faz encendida agitando los velos
el ángel airoso mostrando sus galas
al puente de ANGUSTIAS dirige sus vuelos.
Mordiendo tristezas, sujeto a sus tules
el ángel y el fraile se dan a volar,
tan pronto cabalgan en nubes azules
como luego bajan al puente a temblar.
Estrecho es sin varas y es muy quebradizo,
fangoso entre sombras el lóbrego puente,
le teme el que pasa, él es escurridizo,
crujiendo está siempre, en peligro inminente.
¿Qué monstruos son esos, que erizan, que espantan,
sus fauces de abismos, sus ojos fulgentes,
con alas guamposas, se hierguen, levantan
su cuerpo espinoso, con cuerno en sus frentes?
¿Quién mide el abismo, de fétidas fosas?
Allí de la sombra es el reino falaz.
Allí no hay ternuras, ni cosas hermosas,
Allí ni las huellas se encuentran en paz.
Los ojos abiertos se asombran de espanto,
El rostro sin gracia a la vez macilento,
Los pies vacilantes temiéndole al viento,
Que ruge, que empuja y aumenta el quebranto.
¿Más dime, mi guía…, Me muero…me muero…
aquesto que miro, me llena de horror?
-Y el ángel le dice que: “Cruce ligero,
que habrá de salvarle seguro el amor”
Las alas alzando a la cima se va
y en medio le deja del puente espantoso,
y el fraile, que siente a su pecho angustioso
morirse de miedo, clamándole está.
Abajo los monstruos alados con cuernos,
con zarpas peludas, huesosas, sangrientas,
con fauces feroces de sangre sedientas,
las víctimas esperan en fosos eternos.
Las vértebras crujen, sus lomos encorvan,
con llama en sus fauces, con fuego en sus ojos,
se dan coletazos, son muchos, se estorban,
se trenzan, se muerden y encuban antojos.
¿Quién mira esta escena y no llora con llanto?
El puente es tan frágil, estrecho y crujiente,
son viejos, podridos…sus toscos durmientes.
¿Quién pasa sereno y no muere de espanto?
Las sierpes se enroscan y trepan silbantes,
sus lenguas inquietas y bifurcadas,
con ansias de fuego, con ojos brillantes,
esperan ya presto dar sus dentelladas.
Murciélagos negros, gigantes vampiros,
asqueantes gusanos en el lodazal,
esperan que acabe de dar sus suspiros,
y caiga aquel fraile en el barro letal.
Hay vientos, que braman, hay sombras urañas,
gemidos dolientes, continuo llorar,
que hielan los pechos, calcinan entrañas,
hay aves, que grasnan, rosando al pasar.
“¡No puedo mi guía!” Gritaba en su llanto,
“No puedo yo aquesto mirar…, resistir.
Apiádate ¡Oh guía! que muero de espanto,
que pueda tu vuelo, ¡Mi guía! seguir”
Y vio que brotaban de presto unas alas
y al par que su pecho empezó a remozar
más eran las alas tan cortas…, tan malas…
que dio un vuelo corto y volvió a su lugar.
Un ala Chocando aquel áspero puente
tronchada se ha visto sangrienta…, más corta
y el ángel que ve de la cima luciente
al fraile lloroso a esperanzas exorta.
Y espera impaciente que crezcan sus alas
el fraile asustado y así bien volar,
creyéndose listo, garboso en sus galas
repite su vuelo y vuelve a fracasar.
Sus alas tiernitas…, las dos están rotas
las mira con penas, faltóle vigor.
Pregúntale a aquesa: “¡Por qué tu no brotas
cuál la otra robusta y volar sin temor?”
Resuena en el aire una voz clamorosa:
“¡Paciencia y espera que crezcan las alas,
Te apuras, no miras, no ves que están malas
No tienen la fuerza, tu afán las destroza.
Miró con tristeza su afán impotente:
“¡Señor! (exclamaba) me siento morir.
Si miro debajo…me vuelvo demente,
si miro allá arriba…no puedo subir!”
Crecieron las alas robustas…, parejas…,
su pecho ya brama, ya anhela volar,
al ver que ya puede…, suspende sus quejas
y al ángel confía por fin allegar.
Del Presbítero José Farulla…
No hay comentarios.:
Publicar un comentario