www.encompaniadeladultomayor.blogspot.com.ar

miércoles, 28 de septiembre de 2022

Experiencia entre Talleres de Literatura Experimental y el de Dibujo de la ESCUELA DE GERONTOLOGÍA. ROSARIO.-

Hace unos días hicimos, una experiencia interesante, en el Taller de Literatura Experimental, que dirige, el escritor Mauro Paradiso...

En base a una novela, que es autor Mauro, hicimos relatos, que fueron tomados, por los integrantes del Taller de Dibujo de la Escuela de Gerontología de Rosario, y transformado en una imagen, y posteriormente, tuvimos que hacer un escrito, sobre el dibujo realizado.

Fue una hermosa experiencia, que comparto ahora...

Primero mis relatos, después el dibujo, y al último mi entrega por el dibujo...

 

Sobre la ciudad de Tito:

 

Realmente es muy difícil expresar en palabras como vivimos la ciudad de Tito.

Siempre nos cuestionábamos, quienes éramos, para qué vivíamos, solamente para comprar cosas, que otros nos vendían…

Y, entonces, coincidimos en la idea de la ciudad presente, que borra de un plumazo, todo su pasado, y niega el futuro…

No había ideas, ni sueños, no había nada de nada, por qué convivir, solamente, caminar y caminar, vagando sin sentido, sin inicio ni fin, transitando, por todos los espacios de la ciudad, con sus lodazales, su basura, sus plásticos sembrados por doquier, que se adivinaban aún entre ramas de los raídos árboles, que ya, nadie cuidaba…

No era más que caminar, vagabundos de una ciudad sin ningún recuerdo, solo el de nuestros propios progenitores, y nada más, solamente vacío y vacío total.

Tito era como un semidios, un demiurgo, que hacía, que cada uno portase la cruz en su espalda, ignorando por qué… Que viviéramos nuestra propia historia, en ese recinto cerrado, a cualquier luz y a la imaginación creadora…

Solo, apesadumbrados, y muy cansados, caminábamos sin cuestionarnos nada, podíamos expresar lo que pensábamos, pero si entraba en alguno de nosotros, quizás, un tipo de delirio, Tito, personalmente, era el que se encargaba, de hacer, un verdadero manicomio personal, para alojarnos, sin piedad.

También el propio Tito, el Dios de todos, dejó hacer a sus detractores, y le fabricó sitios especiales…

Pero, no supo, y más, sin permitirlo, que alguien podría generar en sus propias entrañas, ante sus narices, otro Dios…

No entendíamos, eso de aceptar solamente, el presente urbano, de una ciudad oscura.

Ninguno de nosotros, quería, ir por las calles más tenebrosas, por los baldíos solitarios, y menos por los basurales a cielo abierto, que despedían olores nauseabundos, por doquier.

Seguíamos caminando, sabiendo, que estábamos cerca del infierno, casi sobre sus bordes, lo conocíamos, lo intuíamos, y nada ya, nos lograba atraer, lo que deseaban vendernos, dejó de ser espejitos de colores, para nosotros, y por ello, casi en forma imperceptible, sin percatarnos de ello, empezamos a acercarnos al bar…

El topo…

 

 

Llega Darío al Bar Camaleón…

 

De repente, se abre la puerta del Bar, e ingresa una persona, con gesto de enojo en su rostro.

Se trata de un hombre, de unos 46 años, con un saco marrón gastado, que le queda muy holgado, de bajo, un pulóver muy gastado, azul, que le sobresale, en ambas mangas, y en su cuello, una camisa, blanca, muy usada, que deja ver algo azul oscuro, en la parte entreabierta, y se veían sus manos con mugre en sus uñas...

Tiene bigote y barba de varios días, y su rostro, con una nariz prominente, y surcos muy marcados, con varias arrugas en su frente, destaca una mirada especial, como inexpresiva…

Trae una bolsa mediana, donde acarrea, cosas, que encuentra en la calle…

Y, sin pedir permiso, se sienta, bruscamente, en una silla, solo.

Mientras, en el bar, sonaba la música, de los tambores, del Toco y Cutti, que no paraban de hacerlo, con singular frenesí.

El loco Aristzábal, lo miró, al recién llegado, y siguió observando las hojas del árbol, diciendo sí o no, con su cabeza, totalmente abstraído en ese pensamiento…

Pacho, seguía, afinando, su violín, sacando notas, muy agudas y lastimeras…

Juan, el mozo, se acercó a Darío, lo miró, y le preguntó si quería tomar algo.

Darío, se dio vuelta, y le dijo: -No tengo nada de plata, pero tengo sed…

Y, Juan, le replicó: -Bueno, el primer trago, paga la casa, ¿qué querés…?

-A mi me gustaría vino con jugo de naranja, si se puede…

-Ya vuelvo, le dijo Juan.

Hugo Chato, lo comenzó a mirar fijamente, y se acercó a Darío, y le preguntó, qué hacía en este bar…

Darío, contestó: -Hacía frío, y entré, nada más…

Y Hugo, siguió preguntando: ¿De dónde vienes?

-De muy lejos, de chico, vengo…

¿Y qué te pasó a vos? Yo escribo la historia del Bar, para ser famoso… le dijo Chato…

Darío, le dijo, y a mí, que miércoles, me importa…

En eso vino Juan con una copa pequeña de vino y naranja mezclados…

Darío, no agradeció, y simplemente, miró la pequeña copa, y pensó: esta cantidad, no me sirve de nada…

Chato se dio cuenta, y le dijo, yo te pido una más grande, si me cuentas algo, sí…

Darío, lo miró, a los ojos, como con fastidio, pero le gustó la idea, y le dijo: -Qué querés preguntar…

Chato, le dijo: ¿Dónde naciste?

Darío comenzó, su relato, explicando, que era de un pueblo de la Provincia de Buenos Aires, cerca de la Capital, y que su viejo era muy pobre, y tomaba mucho alcohol, demasiado, y cuando él era muy chico, lo metió, en un tacho, y le prendió fuego, pero él pudo escaparse, del lugar, con pocas heridas, y así de niño, empezó su vida en la calle…

Epa, epa, dijo el Chato, ¿es verdad, esto o me estás cameleando?

Es verdad, la pura verdad…

-Y, como te la arreglaste para vivir en la calle…

-Como pude, pero siempre alguno, me ayudaba algo, más no sea con un cacho de pan o sopa, o cualquier cosa.

-Y, ¿qué más hiciste? Le dijo Chato…

Y, bueno, fui sobreviviendo, como pude, pero una vez me tenté, y quise robar…

-Cómo hiciste eso…

-Vi un maletín que un señor dejó, un momento, y lo agarré, y escapé…

¿Y, que pasó?

-Y, me metieron en cana, vino un patrullero de la cana, y fui directamente a prisión.

Chato le dijo: ¿Estuviste muchos años preso…?

Sí, y cuando salí, me vine para acá, para esta ciudad…

-Y, aquí, ¿alguien te ayuda?

-En las Iglesias, no me importa, cuál, las de curas y también en las de los pastores, me dan algo, pero no me sirve para mucho, y a veces, mi única ocurrencia, es tomar, para no pensar…

¿Trabajaste de algo, alguna vez…?, le preguntó Chato.

-Sí, era buen panadero, pero ahora, no tengo documento de identidad, y tomo mucho, y nadie me ayuda…

En eso, los tambores se acallaron, y todo quedó en silencio…

 

El topo.

 

 


 

 

 

Mi relato, basado en el dibujo de José, sobre algo expresado por mí, previamente… (Taller de Literatura Experimental)

Director: Mauro Paradiso.

 

En un anterior relato personal, sobre la -ciudad de Tito, y el Bar Camaleón- un interesante escrito, del director Mauro Paradiso, que estamos trabajando, hoy, un dibujante, José, realizó, el dibujo en lápiz…

Me asombró, como captó, la idea, de una síntesis espectacular.

Adentro del bar, Jorge, dibujó, personas aisladas, y ensimismadas, en su propio mundo interior, uno mirando fijamente su celular, e ignorando lo demás, el otro quizás, absorto en sus propios pensamientos, y con total indiferencia, de lo que sucede en derredor…

Afuera del bar, en la intemperie, frío o calor, no se sabe, está dormido, una persona, que se abandonó a sí mismo, quizás, porque no pudo tolerar el alto costo de sus propias culpas, quizás, porque su familia, lo expulsó, de su hogar, ante la actitud de supuestas diversiones nocturnas, y aventuras fáciles, mezcladas con abundante alcohol y presunto machismo…

Y, este hombre, así, aislado, totalmente de todos, aún desea manifestar afecto, pero no sabe como ni a quien, y por ello, aparece una pequeña, mascota, un perrito callejero, que lo protege, aún, sin saber, por qué, sintiéndose él mismo, con una completa y pésima baja autoestima, pero que aprecia a ese perrito callejero, pues se identifica con él, que nadie lo quiere ni se le acerca…

 

 

Gracias José, por tu espectacular síntesis, de la idea, y gracias a ambos docentes, de Literatura y Dibujo, por hacer esto tan profundo y especial…

 

El Topo.

 

 

 

 

Espero, que disfruten, tanto como nosotros... Gracias...

 

 

 

No hay comentarios.: