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viernes, 8 de julio de 2022

Aprendiendo sobre el PIRAYÚ...

 

El Pirayú…

 

El dorado, damita o pirayú, cuyo nombre científico es: Salminus Brasiliensis, es un verdadero ejemplar, magnífico, que conocí, en aguas del Río Paraná, desde mi infancia.

Es el máximo predador, y tiene una mandíbula espectacular, que vista de cerca, mete temor…

No solamente puede alimentarse, de otros peces, más pequeños, sino, además, de reptiles, pequeños mamíferos, y aún de aves.

Su cuerpo es robusto, con aletas, limón naranja, y una franja bien negruzca, en su aleta caudal.

Es habitante conspicuo, y destacado, de aguas tropicales de ríos, Paraguay, Uruguay, Chapare, y Mamoré, además, de mi querido río Paraná…

Siempre el nombre, representa, algo, y precisamente, existe, un Distrito, en el Departamento de Paraguarí, en el Paraguay, que es el distrito de PIRAYÚ, precisamente…

Es una presa, codiciada por pescadores de agua dulce, por todo el globo.

Puede llegar a superar, el metro de longitud, y un peso de unos 30 kilogramos.

Los daños ecológicos de la represa Yaciretá, y la pesca abusiva, ha disminuido su número, y por ello, en Argentina, por ejemplo, su pesca, está controlada, y se intenta impedir su captura, en tiempo de reproducción, y aún en el tamaño de piezas que se logren…

Destaco, que el nombre de esta gran represa sobre el majestuoso Paraná, que se denomina “Yaciretá”, significa en la lengua guaraní, con dos acepciones: -lugar donde brilla la luna- o -lugar de aguas difíciles-

Volviendo a esa localidad, paraguaya, que le prestó el nombre al dorado, se destacan en este sitio: el Museo Avión, su Centro Cultural, unos Saltos llamados, Ñandukua y Paso-cue, y el Templo de Nuestra Señora de Rosario…

Había en mitos y leyendas, guaraníes, dos caciques, amigos, uno era Pirayú, y el otro Mandió, y sus pueblos vivían en paz, intercambiando artesanías y alimentos. Pirayú, pensaba, que esta hermandad, duraría para siempre.

Pero Mandió, pensaba que ambos pueblos debían ser uno solo, y por ello pidió en matrimonio, la hija de Pirayú…

También son hermosas, las leyendas, del Litoral de Argentina, y explicaremos, ahora, la leyenda del dorado…

Durante siglos, se han atesorado, por los ancianos…

Una noche, los dioses, le pidieron al jefe Inca, que debía actuar con mucha prontitud, y esconder su máximo tesoro, en todo su Imperio.

Pero, le explicaron que él mismo, se debía dar cuenta, cual era, so pena de perderlo para siempre.

La tarea, encomendada por sus dioses, quedó en mano de dos caciques, los más honestos, llamados Paraná y Uruguay…

Tenían la misión de viajar a un gran mar, donde el Sol, se elevara, del agua…

Llevaban dos cajas de madera, selladas, con un líquido mágico, dentro.

La caminata fue larga, primero días, después, aún meses, y no encontraban el lugar…

Fatiga creciente, por pasar por bañados, lagunas y ríos, un día legaron a un islote, donde supusieron terminar su camino cansador.

Entonces, cada uno, abrió sus cajas, y lanzó su material, al mar cercano…

Y, allí, sucedió, lo inesperado, las aguas cambiaron de color, y se pusieron de una tonalidad, más bien dorada…

Y, los peces, comenzaron a tomar el color de oro, como los metales.

Los dos caciques, en éxtasis, por lo que sucedió, se arrojaron al agua, inmediatamente, para buscar o atrapar alguno de estos peces, que los fascinaron, pero la correntada era tremenda, y los arrastró río abajo.

Mientras se ahogaban, cada uno gritó el nombre del otro, separados, por un gran monte…

En ese momento, una voz potente, les habló, y le dijo, que lo más valioso no era, su oro, ni lo dorado, sino su propio pueblo.

Y, el remate, es, que así, los dioses, convirtieron a Paraná y a Uruguay, en dos poderosos ríos, y desde ese entonces, en ambos sitios, el sol nace y se pone, todos los días con esplendor.

Y, la regla nueva, ahora de los dioses, fue: Cuidar para siempre de los peces dorados…

 

Y, en mi ciudad, Rosario, escuché otra, que relato así:

 

Nuestra dorada, hembra, comienza en Corrientes, en el norte, río arriba.

Allí, sus padres, se conocieron, y pusieron sus huevos.

Estos huevos, descendieron, juntos por las aguas del gran río Paraná, y algunos se fueron perdiendo, por diferentes causas, pero Pirayú, tuvo otro destino.

Cuando apenas, nación, como un llamado alevín, la arrastró la poderosa corriente, hasta una laguna más serena.

En estas aguas calmas, y mas calentitas, comenzó a crecer, con otros peces también pequeñitos.

Con el tiempo, el agua creció mucho, y Pirayú, sintió que era su tiempo.

Y, se trasladó a un lugar más profundo, y con piedras.

Sin saber, qué hacer, en esa gran inmensidad del Paraná, se perdió, y decidió acercarse, a una sabia anciana guardiana del río, una, surubí.

Ella, le aconsejó, que busque a sus amigos dorados, para nadar juntos, en un cardumen.

Durante la búsqueda, se alimentaba de otros peces, como sábalos, moncholos y amarillos.

Y, por la superficie, se empezó a animar, con insectos, langostas y aún ranas.

Por fin, halló a sus amigos, y siguió con ellos, su aventura.

Cuando se hizo adulta, Pirayú, quiso reproducirse.

Y, para ello, tuvo que volver a recorrer grandes trechos, migrando, ahora al norte, a aguas más cálidas…

En ese camino, encontró a su pareja, y juntos pusieron huevos, más de diez mil, que lograron eclosión, antes de finalizar el segundo día.

A sus hijos juveniles, Pirayú, le contó todas las aventuras, y ellos escucharon con atención.

Ahora, sus hijos, estaban ansiosos por explorar el Río Paraná, y su HUMEDAL, UN ECOSISTEMA ESPECIAL, que nos brinda agua dulce y BIODIVERSIDAD.

 

Este último relato, es de equipo de Residentes CCTyE, Acuario del Río Paraná. Ministerio de Producción, Ciencia y Tecnología…Provincia de Santa Fe. Argentina.

 

 

 

 

 

 

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