Una maravilla en acción:
El Halcón peregrino, es algo inigualable, un verdadero bólido de extrema velocidad…
Su vuelo, es realmente majestuoso, y logra atrapar la atención, de cualquier persona…
Y, logra viajar a sitios insospechados, tanto en la naturaleza, como aún en algunas ciudades, muy pobladas del mundo…
Se destaca, en su cara, unos ojos, escrutadores y muy profundos.
Un fuerte pico curvo, y sus garras poderosas, en sus patas.
A veces se lo nombra, también como halcón de patas grandes, halcón pato, o aún, halcón de juego.
Las hembras suelen pesar, y ser, un poco más largas que los machos.
Es un ave rapaz, llamativa, tiene varias subespecies, con diferencias, en tamaño y coloración.
Su pico superior, posee una muesca, un orificio, que le permite a este predador, romper la columna vertebral de sus presas, confiriéndole una gran ventaja, en la captura.
En mi continente, América, se lo encuentra desde Alaska hasta el sur, y suele evitar las selvas tropicales, y las zonas antárticas, disfrutando, en general, de zonas más abiertas, con alturas, en montañas, desde donde puede iniciar su vuelo impresionante, para apresar a su alimento…
Puede sobrepasar los 250 a los 300 kilómetros por hora, en su descenso vertiginoso, y colocar las garras sobre su objetivo.
Es un especialista en cazar otras aves voladoras.
Las embiste, y las aturde con su extrema velocidad…
Es ave monógama, y desde sus tres años, puede lograr su reproducción.
El macho hace gala de unas habilidades increíbles, frente a la hembra, en el cortejo.
Si bien se asientan en sitios naturales elevados, me maravilló, recientemente, en la ciudad de París, en plena Torre Eiffel, una pareja de halcones peregrinos, realizando este tipo de vuelos previos al apareamiento…
Y, no solamente ello, el macho, luego de un vuelo rasante sobre el Río Sena, donde logró capturar una paloma, y después, se la dejó, en plena Torre Eiffel, a la hembra como muestra de fidelidad, para que sepa que podrá proveer del alimento necesario para su cría…
La hembra puede poner hasta seis huevos en el nido.
Se rompen, después de un mes de transcurridos, y a unos 35 días más tarde, ya, los polluelos están preparados, para volar y abandonar el nido…
El uso de pesticidas, casi aniquiló la población de esta ave, tan espectacular, en nuestro mundo, a medidos del siglo XX, pero gracias a Dios, la población de halcones, logró superar este desafío, y aún ha crecido algo…
Nunca pensé observar un halcón peregrino en París, y menos las singulares acciones que realizó… (se agradece al Canal Encuentro)
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