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jueves, 14 de octubre de 2021

ALGO SOBRE ORIGINARIOS DEL SUR DE AMÉRICA...

 

QUÉ DIJO EL REVERENDO A. MATTHEWS, DE LOS ORIGINARIOS DE LA PATAGONIA:

 

El Rev. Abraham Matthews, quien integró el primer contingente, de galeses, en mi país, Argentina, en un libro espectacular, relata sus conocimientos sobre los originarios de la Patagonia, que hoy, como argentino, ignoraba…

Por ello, deseo hacer un pequeño resumen, de lo explicado, por este pionero galés, de nuestras tierras americanas…

No, conocía, Matthews, los grupos étnicos, así que los agrupó, por su físico, y por la región de donde se asentaban, en la Patagonia…

Los llamó indios, pero yo prefiero nombrarlos originarios americanos.

Los que llamó, del sur, los describió como hombres grandes, altos, y anchos de cuerpo.

A tener presente, que los primeros españoles, que visitaron el extremo sud de América, se sorprendieron por la altura, y el tamaño de sus pies, de allí, el nombre de patagones, y quedó por ello, el nombre de Patagonia a esta tierra, en regiones aún, prístina…

Y, muchas veces estos seres originarios, debían soportar, muy frías temperaturas, teniendo como única vestimenta, cueros de animales, a modo de túnicas, que se ajustaban con algún cinto improvisado, y aún se introducían en aguas muy frías, para conseguir su sustento, y, personalmente, yo, al ver fotos antiguas de ellos, me sorprendía y pensaba, cómo lograban subsistir al frío, y a la temperatura de esas gélidas aguas, pero tenían un recurso, secreto.

Siempre hacían bolsos grandes, generalmente sus mujeres, para acarrear pertenencias, y uno de esos bolsos, lo usaban para llevar la grasa de animales que cazaban, para untar todo su cuerpo con esa grasa, que les proporcionaba una defensa espectacular, contra el frío…

Siempre en fotos, se los observa desnudos, a hombres y mujeres, pero con un tapado por encima, en sitios a veces nevados, y yo no entendía cómo vivían, hasta que me explicaron el gran poder aislante térmico de la grasa…

En un programa de televisión con ciencia para niños, una persona se untó una mano y su antebrazo con agua, y el otro miembro, no, y colocó ambos en agua, con cubitos, y demostró, que el cubierto con grasa, soportaba perfectamente la temperatura debajo del 0 grado centígrado, sin inconveniente, alguno, mientras que la otra se debía retirar inmediatamente…

Los originarios del norte de la Patagonia, los describió, como, anchos de cuerpo y gruesos,

Mientras, que a los del oeste, cerca de la Cordillera de Los Andes, como más pequeños, pero muy vivaces…

No se afeitaban, sino que los varones, se depilaban, ellos mismos.

Hasta la llegada de los colonizadores, iban descalzos, pero después, empezaron a usar calzado hecho, con la piel de las patas traseras, del caballo, así, la rodilla del animal, era el talón de su calzado…

Los originarios tenían su propio idioma, pero el animal: caballo, que así se dice en idioma español, era desconocido, en ese instante para los originarios, por ello, no hay vocablo originario, para designarlos, sino, usaban las palabras que escucharon de los españoles…

Quiero destacar que si bien hay restos arqueológicos de especies de caballos en América, al momento del 1492, de Colón, no se sabía absolutamente nada, de ellos, pues mucho tiempo antes, ya se habían extinguido…

Hace tiempo, al no tener caballos, iban caminando, en la cercanía del océano Atlántico, alimentándose de moluscos, y dejando montañas de sus conchas, que aún, hoy, son restos arqueológicos, no investigados, completamente…

Lentamente, fueron usando, armas, que fabricaron, cuchillos, hachas, arcos y flechas, y una muy peculiar, llamada: boleadora, que consistía en bolas pétreas, o de plomo, o de otro material duro, recubiertas de cuero húmedo, y que fruncían más con hilos, que solían extraer de los tendones, del ave que no vuela, en la Patagonia, uno voluminoso, pero más chica, que parientes de África, el ñandú, más pequeño que el avestruz…

Cada originario cazador, portaba dos o tres boleadoras, o más, sujetas en su cintura, y tomaban con la mano una de estas piedras, y al moverlas, hacían girar, por encima de la cabeza, todas las demás, y cerca de un ñandú, o choique, o de un guanaco, se lo arrojaban a sus pies, entrelazando, el instrumento, lo que hacía caer al animal, y allí, con su caballo, se acercaban, al instante, para darle muerte…

Tanto el ñandú, o el guanaco, son capaces de correr por horas, antes de ser cazados…

Seguiré en otros relatos, comentando, lo que describió Abraham Matthews, quien, pese a no ser católico, como yo, y hablar de algunas cosas negativas de mi propia religión, admiró a los Salesianos, que, por merced del genial Don Bosco, ayudaron tanto a nuestro país, en la Patagonia, precisamente, y a pesar de no ser católico, reitero, Matthews, llegó a compararlos con el propio, Jesús, por lo que hicieron, algunos hasta ofrendando su propia vida…  

 

 

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