HISTORIA DE LA PLAZA SAN MARTÍN DE LA CIUDAD DE ROSARIO:
Mi padre, también fue Médico Cirujano, y se pudo hacer amigo, de una persona, que resultó un historiador infatigable de la ciudad de Rosario, y hoy, el Museo, de la ciudad, tiene su nombre, en homenaje…
Se trató de Wladimir Mikielevich, y la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Rosario, realizó, durante, un tiempo, una serie que llamó: Colección Crítica y Ensayo, del mes de febrero del año 1986, quien explicó, allí, lo que antaño, se llamó “Plaza de las Carretas”, y hoy, Plaza San Martín…
Es, actualmente una de las Plazas más bellas de la ciudad, enfrente de un magnífico edificio, sede de la Gobernación de la Provincia de Santa Fe, en mi ciudad…
Y, este pequeño libro, encierra recuerdos antiguos muy hermosos, y fue precisamente el señor Mikielevich, quien se lo obsequió a mi padre, y él, contento por el regalo, enseguida le puso su sello de Médico, que aún leo…
Wladimir relató lo siguiente:
La mayor parte de la superficie que, en 1857, donara Marcos Paz, con destino a la Plaza de las Carretas, hoy, es cubierta, por la siempre cuidad Plaza San Martín, atractivo paseo público, de singular belleza…
Allí, meta de las arrias (1) de mulas, y caravanas de carretas, que no ingresaban directamente, a la zona portuaria, se estacionaron, hasta hace poco, después, de comenzar a circular el ferrocarril, con sus trenes de pasajeros y cargas. La aparición de este moderno medio de transportar cargas, determinó, la desaparición, en la ciudad, de las enormes carretas, y largas filas de mulas, que, desde tiempos de la colonia, se las veía, con permanente curiosidad. Y no era para menos. Habían transitado infinitas jornadas, por polvorientos o embarrados caminos, en muchas ocasiones, peligrosamente, batidos por malones indígenas, (2) o grupos de bandidos: soportando huracanes, lluvias torrenciales, cuando no, prolongadas, y desborde de ríos y arroyos, hasta detenerlas, en su cansina macha, por semanas…
Aquellas caravanas, eran visibles, en el verde, Mar de la Pampa, (3) desde lejanas distancias y delatado su paso, por el chirrido, que producía, el frotamiento de los bujes de madera, de sus enormes ruedas, contra el buje, también, de madera dura, ruido incisivo, hasta para los tímpanos menos sensibles.
Ya llegadas a la Plaza, permanentemente estacionamiento de centenares de aquellos vehículos y de tropas de bueyes y equinos, los carreteros, y peones, calzaban sus botas de potro, (4) y sombrero o “cono”, que los sustituía, y, ajustándose el chiripá, (5) impacientes volaban al centro de la ciudad, en compañía de sus chinas, (6) chinitas y perros, de las más, inverosímiles pelambres. Iban a trocar, los doce pesos, ganados por el duro viaje, cumplido generalmente en tres meses, por relucientes, botas, coloridos vestidos femeninos, dagas y facones con mangos de plata labrada, y botellitas de Agua Florida, penetrante perfume importado, de los Estados Unidos, y tan preferido, por los paisanos, como los grandes pañuelos de seda, para rodear el cuello.
Las carretas, y arrias, procedían de regiones mediterráneas, que solían alcanzar, hasta las estribaciones andinas. Traían vinos, de Mendoza; plata, pasas e higos secos, de San Juan; harina, lana, y cueros secos y salados, de Córdoba; cobre en barras, de Catamarca; vinos y plata en barras, de La Rioja; madera, suelas, quesos, jabón, azúcar, pellones, porotos, lino y tabaco, de Tucumán; y sandías de Santiago del Estero. Parte de esas cargas, iban directamente, a la exportación y, en sus viajes de retorno, transportaban, mercaderías importadas, que entraban por nuestro puerto.
Permanentemente, la Plaza, era un mercado. Se compraba y vendía, en transacciones, donde el compromiso verbal, despreciaba, la papelería comercial. Al caer la noche, el ámbito se llenaba de fogones, como en un campamento militar.
Se jugaba a la taba (7) y entre conversaciones con variados acentos peculiares de cada provincia, se bebía ginebra y caña, y era fácil, que salieran a relucir dagas y facones, si antes no legaba la hora de queda, con el apagar de voces, cantos y payadas, casi siempre, prolongadas, hasta el alba.
A mediados de marzo de 1884, se estimó llegado el momento de rendir homenaje a la memoria del Libertador. Para concretar tal iniciativa, se dispuso construir en el área invadida, por matorrales que fuera la Plaza de las Carretas, y recuas -aventadas ambas, desde muchos años antes, por el progresista ferrocarril-, un paseo público con el nombre de San Martín.
Puso la Municipalidad, manos a la obra, señalando su perímetro, con paraísos, que, al poco tiempo de plantados, se secaron por descuido…
En junio del año siguiente, aquello, semejaba un excelente campo de pastoreo, pacían caballos, vacas y algunos hatos de caprinos, de grandes y enrulados cuernos, que, así como espantaban a las criaturas de la vecindad, divertían a “gandules” (8) con pretensión de toreros, provocando su reacción, con violentas embestidas al espantar las chivas de su rebaño.
El repetido clamor de familias de los alrededores, logró, la erradicación, de las bestias; volvió la maleza, y, en septiembre de 1888, la Municipalidad, cedió al Gobierno Provincial, parte del descampado, para que Juan Canals, construyera el Palacio de los Tribunales. Consecuencia de tal erección, fue concretarse, finalmente, la creación de la Plaza; se plantaron árboles, y palmeras, y formaron jardines que, muy presta, la población aprovechó para su solaz.
El 22 de junio de 1911, el diplomático Carlos A. Aldao, en representación de la Municipalidad, recibió 30.000 pesos del Gobierno Nacional, destinados al pago de una reproducción de la estatua ecuestre de San Martín, erigida en Boulogne Sur Mer, obra del escultor Henri Emile Allouard, bronce que, colocado en pedestal, granítico, en el centro de la Plaza, fue solemnemente inaugurado, el 21 de mayo de 1913.
Hoy. La Plaza San Martín, mantiene su magnífico aspecto, concordante con el perenne homenaje al Padre de la Patria; a su frente se muestran los originales Palacios de los Viejos Tribunales, y Jefatura de Policía, éste, anteriormente, llamado, Jefatura Política, ejemplos de definidas arquitecturas que, como otros edificios aledaños, obligan a los transeúntes a levantar la vista para recrearse, con bellas expresiones.
(1) Arrias: conjunto de animales de carga, recua…
(2) Malones: grupos de originarios, que atacaban a los poblados en épocas de la colonia, para robar animales, y pertenencias, y a veces también, mujeres, de las que se apropiaban…
(3) Verde mar de la Pampa, aludiendo a la planicie inmensa de este territorio imponente, e histórico, que antiguamente, se lo conocía como el “desierto…”
(4) Aún en la actualidad se siguen usando las botas de cuero de potro, sin tacones, que vienen de la historia del gaucho de Sudamérica, que usó a veces el llamado “chambergo”, o sombrero alar, o si no, el llamado sombrero de la panza del burro, que se ataba a un poste, y se dejaba secar un tiempo…
(5) El chiripá, era otro atuendo, del gaucho, y consistía en un lienzo, atado a la cintura como un pañal, para protegerse del frío…
(6) China, del idioma originario de América, llamado quechua: muchacha, o derivó, en llamar a la hembra, en general…
(7) El juego de la taba, era utilizar un hueso de animal, el astrágalo, del tarso, y usarlo a modo de dados…
(8) La palabra, “gandul”, que proviene del árabe “gandir”, significa truhán u holgazán…
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