COSAS DE LA PANDEMIA 2020:
A, muchas personas, afectó esta epidemia mundial, y ya pasaron unos nueves meses, desde el inicio en mi país, Argentina…
Yo, ya un Médico añoso, cerca de 70 años, me tocó bastante de cerca, por ahora, pues mis dos hijos, la pasaron, mi hijo varón, Oncólogo, y Médico de Atención Primaria, en la Municipalidad de Rosario, fue el primero, cerca del 7 de octubre, día de la Virgen de Rosario, y gracias a Dios y a la Virgen, la pasó bastante bien, mientras mi nietito y su esposa, asintomáticos…
Pasó un mes, y a pesar, de estar en contacto, mi hija, comenzó con fiebre, y dio positiva, al virus, lo que hizo que mi esposa y yo seamos Contactos Estrechos, y debí hacer una cuarentena más rigurosa, por los 14 días aconsejados.
Aún estoy haciendo esa cuarentena, pero totalmente asintomáticos, mi esposa y yo, y pude seguir atendiendo a mis pacientes adultos-mayores, de forma, totalmente virtual…
Esto, es lo que me fue pasando a mí, pero, no es el motivo, de este relato.
En estas líneas, deseo relatar una historia, que me pareció importante, que leí, en la revista Viva, del 16 de agosto del año 2020.
El título del reportaje: “Morir de Covid sin saberlo”
Escrito por Juián Zocchi, las fotografías que acompañaron la nota por: Andrés D’Elía.
Nos refiere a una zona en Buenos Aires, llamada Berazategui, donde creció, Silvio, y lo conocían, pues siempre iba con una jeringa y una naranja…
Y saben el ¿por qué de esta actitud?
Pues quería saber colocar inyecciones a la perfección, y siempre eso lo hacía para no perder la práctica…
Estudiaba enfermería en el Hospital Naval, y “vacunaba” limones o naranjas…
A veces su barrio, se inundaba, y tenía que usar botas, para caminar en esas cuadras anegadas.
Los fines de semana que trabajaba, se levantaba a las 4 am, y su orgullo, fue encabezar una vacunación, en un Colegio de Alejandro Korn, donde los chicos, decían “no dolió”, y Silvio, estaba feliz de que su intensa práctica le diera resultados positivos…
A mediados de los 90, Silvio, se recibió, de enfermero.
Ingresó en un Centro de Salud, de Jeppener, a unos 40 kilómetros de su casa.
Era uno más, que, en Argentina, hacía pluriempleo, para poder vivir…
Y si no trabajaba en algún otro centro médico, lo hacía como personal de seguridad, en algunos espectáculos musicales.
Ya, para 2015, Silvio, inició en el Hospital de San Vicente, y en 2018, inició, en el Instituto Médico Brandsen.
Deseaba ahorrar algo de dinero, para lograr construir su casa con material…
En abril, su nombre logró fama, pues se lo reconoció, como al primer trabajador de salud que murió por el Coronavirus, en nuestro medio…
Las paredes de su casa, por supuesto, siguen siendo precarias, de machimbre económica, con el sol, que penetra por el cielo raso, y María José, su pareja, recibió al periodista, en ella, a los tres meses, del fallecimiento de Silvio.
Tuvieron cuatro hijos, y, además, Silvio, logró criar, dos más, que eran hijos de María José, antes de conocerlo, y según el relato de ambos, los pudo criar, como hijos propios…
María José, contó, que había imágenes donde Silvio entraba en las camas de pacientes contaminados, con muy escasa protección…
Un día, el marte 7 de abril, Silvio, contó algo que vio, uno de sus pacientes, Walter, había fallecido, y Silvio, estaba, con algún malestar…
Pero a Silvio, no le habían avisado, en su trabajo, que estaba atendiendo a pacientes de Covid-19, aunque parezca irreal…
El miércoles 8, inició su fiebre, pero le dijeron que debía volver al trabajo…
Silvio, le costaba respirar, y decidió el regreso a su casa…
La Clínica de Brandsen, se clausuró, y sus pacientes, derivados a otros Centros de Salud.
El hisopado fue positivo para Silvio, pero nunca lo pudo llegar a leer…
Silvio, medía cerca de un metro setenta y cinco, pero PESABA más de 130 kilogramos…
El 18 de abril, falleció. Sus familiares, solamente tuvieron 5 minutos, para estar al lado de su féretro.
Arriesgó su vida, con un sueldo pobre, y en el Barrio Sargento Cabral, al enterarse de la noticia, según María José: “los querían linchar…”
Les decían, que, si no se iban, les quemarían su casa…
A diez días del fallecimiento de Silvio, los seis hijos, fueron positivos, para el virus, solamente María José, dio negativo… Cosas que no se comprenden bien…
Donaron plasma de convaleciente, para ayuda a los demás…
Nicolás, puede ver televisión, hoy, porque su padre Silvio, la sacó a pagar, poco antes de su enfermedad…
Y su deseo es, que nadie, sufra lo que le pasó a su padre…
En la foto, que envía Andrés, se observa a toda la familia reunida, frente a su casa precaria, de madera gastada, con algún hueco, entre tablones, todos con miradas entre tristes y de enojo, con una silla vacía, al lado de María José…
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