EL AZAFRÁN:
Estando de vacaciones en la costa atlántica argentina,
y leyendo mi periódico, el Clarín, en los días sábados, entregan un pequeño
suplemento traducido al castellano, del The New York Times International Weekly,
y un artículo centrado en Isfahán, Irán, y firmado por Elaine Sciolino, atrapó
mi interés.
El azafrán, en nuestro país, es una especie costosa, y
normalmente se la reemplaza por motivos estrictamente económicos, por la
cúrcuma, mucho más acomodada a nuestros bolsillos.
De cualquier manera, siempre, de muy niño, me criaron
con el arroz amarillo, y cuando veo por ejemplo las paellas catalanas,
extremadamente ricas, y observo su arroz, cuyo tinte no es amarrillo, sino algo
obscuro, no me entra correctamente por los ojos, a pesar de su buen sabor,
repito.
Dicen que la comida, también entra por los ojos, y ya
hay reflejos condicionados a la visión de los manjares, pues bien a mí, de
niño, me acostumbraron a que el arroz es amarillo, y de ser posible azafranado.
Precisamente, Elaine, en su artículo, expresa que el
azafrán, una planta medicinal antigua, y la más cara de las especies, siempre
ostentó, un poder mágico y adictivo.
Cleopatra tomaba baños con infusión de azafrán, para
realzar su belleza, y Alejandro Magno, la usaba para las heridas en batalla.
La creencia de muchos iraníes, es que en su forma pura,
el azafrán, funciona como antioxidante, previniendo también el mal de
Alzheimer, el cáncer, y la pérdida de la visión. Yo personalmente dudo de todo
esto, pero mantengo mi creencia que el azafrán es beneficioso.
Irán produce más del 80% de las 225 toneladas, de la cosecha mundial, por año, y
el azafrán es muy utilizado en kebabs, dulces y platillos de arroz.
Se dice que el azafrán, vale su peso en oro, pues es
muy difícil y laborioso, el cultivo y su cosecha.
Otoñalmente, brota la flor, crocus sativus. Y es allí
cuando se cortan las flores y desprenden con mucho cuidado, el estigma de tres
filamentos, rojos brillantes, por cada flor, y se deja secar.
Para darse idea, se requieren aproximadamente unas
150.000 flores, para producir, un kilo, de azafrán.
Elaine, comenta que se produjo una verdadera batalla,
por el llamado “oro de la cocina”, ya que hay engaños, fraudes, substitutos
baratos y todo tipo de episodios, más del tipo de tráfico de joyas u/o drogas,
que de una especie culinaria.
Varios científicos y expertos en azafrán han creado: “Saffronomics”,
para mejorar la producción, y comercialización del azafrán, determinar su
pureza, y lugar de origen, e imponer orden en un mercado no regulado.
En septiembre, la conferencia de Saffronomics, se basó
en el azafrán falso.
Quieren conocer si se pintó, o se le han agregado,
compuestos de plantas, tales como pelos de maíz.
El levantamiento, reciente, de sanciones, contra Irán,
llevó a una activa especulación, con el azafrán.
En Europa, se asevera, el precio minorista se puede
llegar a disparar, hasta 20.000 euros
por kilo.
Un vendedor iraní, Akbar Faramars, que opera desde hace
más de 20 años, en Isfahán, mercancía con
frutos secos, hierbas y especias, como menta silvestre, violetas negras, flores
de naranja amarga, y por supuesto azafrán.
Lo vende en pequeños paquetitos de 4,6 gramos, a 11
dólares, cada uno, y según dice: “El Oro Rojo de Irán.”
Comentó que desde la primavera, el precio, subió un 30
%, y que la gente de dinero, interfiere en el mercado. Compran mucho y lo
acaparan.
España importa azafrán de Irán, desde hace mucho
tiempo, y luego lo re-exporta como “español”…
Es tanto, que yo personalmente siempre creí, aquí en
Argentina, que el mejor azafrán era español…
La Unión Europea, ha tomado medidas enérgicas, contra
el re-etiquetado ilegal de productos.
Es interesante el uso del azafrán, por los agricultores
de Irán, ya que se lo fomenta en cooperativas, por organizaciones no
gubernamentales, para alejarlos del
cultivo del opio.
Hay un pequeño resurgimiento, de la producción de
azafrán, en Francia, Italia, España, Grecia, Macedonia, Kosovo y Austria.
Los iraníes se convencieron que la combinación de
tierra, topografía, clima y agua, en Khorasan, noreste de Irán, es lo que hace
exquisito a su azafrán.
Cuando mujeres iraníes reciben uno o dos kilos de
azafrán, de la granja, lo pesan en diminutas básculas, y lo empacan en
diminutas bolsitas plásticas, selladas.
Tienen la costumbre de cortar los pistilos, hasta donde
sea posible, para retener el tallo amarillo pálido, que aroma a un platillo,
mientras que los pistilos rojos, les dan sabor.
El empaque del azafrán en largas hebras, de color rojo
y amarillo, es una manera de probar que no fue manipulado.
Nunca se debe introducir el azafrán en el congelador, y
se debe mantener, lejos de la luz, y por supuesto, nunca usar demasiado.
En París, hay vendedores de azafrán iraní, desde 1809,
y respetan al azafrán, vendiendo cantidades diminutas, en pequeños frascos
vidriados, con tres pistilos, aún unidos, a unos 15 dólares.
En el año 2008, tres hombres, armados con rifles,
irrumpieron en la planta de una familia, en Combs-La-Ville, esperando robar las
existencias de azafrán. La esposa del dueño, resultó herida, pero la especie,
permaneció en la caja fuerte. Esta mujer acotó: “El azafrán es más caro que la
cocaína.”
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