martes, 7 de abril de 2015

VISITA A ECUADOR:

Conocí el Ecuador:
Una compañera administrativa del Hospital de Emergencias Dr. Clemente Álvarez, junto a dos amigas fue de paseo a conocer Ecuador, en enero del 2015.
Entonces, aproveché y le pregunté, para que me contara su experiencia.
-Hola, Antonela, ¿qué edad tenés?
Yo tengo 28 años.
¿Y qué experiencias recogistes? Pues es otro país americano, otra región…
Obviamente lo que nos gustó mucho, es todo lo relacionado con el mar, que hay paisajes, que no se encuentran como allá, eso me gustó mucho.
¿Qué tiene de característico?
Tiene un gran oleaje, muchísimas olas, y se eligen generalmente esas playas para hacer surf y todo ese tipo de deportes extremos.
Es una playa muy buscada, la ecuatoriana.
Nosotros llegamos a la ciudad de Quito, su Capital, de noche, y allí estuvimos dos días.
¿Cómo es Quito, una ciudad como Buenos Aires?
Es muy grande, una ciudad que se extendió, más bien en forma horizontal, en un gran valle, y se puede separar muy bien lo que es el Quito nuevo, del Quito viejo.
Lo que se le llama el casco histórico, al Quito viejo, donde está la Casa de Gobierno, la Catedrale, y habitualmente el actual Presidente Correa, tiene la costumbre de salir un día a la semana, a saludar a las personas, nosotras llegamos el día posterior al que había salido a saludar, y no lo pudimos ver.
En el recorrido de la ciudad, hicimos el telesférico, que sube a un cerro, pero como justo nos tocó un día muy nublado, no lo pudimos disfrutar mucho, pero las personas que han ido, y hemos visto las fotos, es impresionante la vista, pero como estábamos prácticamente arriba de las nubes, no pudimos apreciarlo como se debe.
Uno para acceder al telesférico, hay que ir caminando o en taxi, para subir, y es bastante largo para caminarlo, pues lleva unas cuantas horas, lo más práctico de elegir es el taxi.
Y arriba nos quedamos descansando, tomando mates, pues de arriba se pueden observar unos volcanes, que nos impidió verlos el clima.
Están las máquinas como en Nueva York, que uno pone la monedita y ve con mucho acercamiento, con teleobjetivo, pero no pudimos utilizarlas.
Yo le expliqué que en el sur chileno, en las Torres del Paine, que todo el mundo las quiere ver, hay veces que toca que el guías debe decir, aquí arriba están las Torres del Paine, pero no se pueden ver, por la neblina…
A mí, en Bariloche, me pasó lo mismo, en la confitería giratoria, me subí, pero giraba en una nube.
Y bueno, podés decir que estuviste cerca del cielo, je, je.
Y yo dije, lo hago igual…
Llegué hasta acá, y lo hago, je, je.
Primero en Quito fuimos al telesférico, y después bajamos, y fuimos al Casco Histórico, que es una verdadera preciosura, tiene una construcción, muy similar a lo que es Cusco en Perú.
Lo que es Perú, Bolivia y ahora Ecuador, las construcciones son muy similares, español y aborigen.
Y en Ecuador sorprende, al argentino, lo barato que es para comer, doc.
Ese día que fuimos a recorrer, había un montón de barcitos, que allá le llaman comedores, que se puede comer, por dos o tres dólares.
En esos lugares, ¿te daban una comida rica?
Era comida estándar, si uno quisiera comer otra cosa puede, pero el menú era estándar, y constaba de una sopa, un plato principal, que nos tocó pollo con arroz, y postre, que era fruta, con jugo exprimido.
Cuando uno va a la altura, uno tiene que ingerir la sopa, para hidratarse bien.
Quito no está muy alto, el telesférico, sí, va subiendo alto, pero yo no tengo problemas con la altura, pero a mis amigas, una que otra, sentía que se les tapaban sus oídos.
Después conocimos una Feria muy linda que es la San Mariscal, está cerca, también del Casco Histórico, está armada como con tiendas, y hay de todo, ropa, adornos, manteles, zapatillas, electrónica, está techada, pero como carpas, no tiene otra estructura.
Hay cosas artesanales, y muchísimas que ya son industrializadas, y uno en seguida se da cuenta que no es artesanal, que está hecho en serie, de tipo industrial.
¿Había mucho turismo?
No sé, si mucho, porque cuando nosotros fuimos, era invierno allá, Quito es bastante fresco, alrededor de 10 a 15 grados, nos tocó a nosotras.
Pero con una camperita, estaba más que bien, pero los ecuatorianos andaban con buzos, con bufandas, muy abrigados, sí, y no aguantaban el frío.
El tema que ese mismo día que estaba nublado, en un momento salió el sol, y nos tuvimos que sacar la ropa y quedar en mangas cortas, porque es abrupto el clima, y es muy lluvioso en el invierno, allá, y ese día nos tocó de todo, nublado, lluvia y después el sol.
Y cuando estaba feo, recorrimos la Feria, y después fuimos al Quito viejo.
Nos quedamos con ganas de ver la Catedral, porque era tanto para ver y conocer que no la pudimos ver, y nos arrepentimos, después.
A la noche cenamos en una zona céntrica, donde están todos los bares y los restaurantes, un lugar bien moderno.
Al otro día fuimos a Mitad del Mundo, que es un complejo, donde se encuentra la latitud cero.
Donde se pasa el Ecuador, donde se cambia de hemisferio. Allí se está exactamente en el punto 0.
Allí es obligada la fotito.
Se dice que cuando uno pasa el Ecuador, es un momento importante en la vida de uno.
Nos perdimos, porque había unos experimentos que te hacían fijar el huevo, para que no se caiga, el afiler, todo eso que no pudimos ver, porque fuimos a recorrer el Planetario, y un montón de otros lugares.
Porque cambia la corriente del agua, cuando se cambia de hemisferio, el tema del equilibrio, si uno quiere hacer equilibrio, no puede, pero nosotras nos perdimos ese espectáculo.
El lugar es muy grande, y hay sitios para comprar cosas, y uno se pierde un poco, y se distrae mucho.
Se tienta, y una pierde esa experiencia de lo otro, pero igual es un lugar muy bello.
Y después tomamos un colectivo interurbano, de línea, de larga distancia, y nos fuimos a un pueblito sobre la costa, llamado Canoa.
Llegamos como a las cinco y media de la mañana, que no había nadie, medio fantasma, porque allí empezamos a ver la real pobreza, nos quedamos allí hasta que amaneció, y como no teníamos hotel, estábamos a una cuadra de la costa, el colectivo nos había dejado en la calle principal, que sería.
En el Hotel de Quito, conocimos una pareja de jubilados, estadounidenses, que iban a ir a Bahía, que era otro pueblito, a un par de kilómetros de Canoa, y nos habían ofrecido, que como ellos estaban en camioneta, se ofrecieron a llevarnos, pero por razón de negocios en Quito se debieron quedar, y por eso nosotras llegamos a Canoa, en ómnibus.
Ellos nos aconsejaron ir a Canoa, que era muy lindo lugar, porque nosotras queríamos ir a Montanitas, un pueblo clásico de Ecuador, con muchos jóvenes, con la movida, se llenó mucho de argentinos, y de colombianos, es como que tiene un movimiento mayor, que otros pueblos.
Nos quedamos dos días en Canoa, y encontramos un tipo de posada, porque los hoteles son muy económicos allá, y estaba justo enfrente del mar, a diez dólares por persona, con agua caliente, baño privado, muy bien.
Lo que tiene Canoa es una playa bellísima, y una tranquilidad total, muy poca gente, no hay nadie de nadie, y una inmensidad de la playa para caminar, el agua, que era preciosa, es como un estilo a Brasil, no tan fría como el mar argentino.
Hacía unos 28 a 30 grados todos los días, pero era invierno allá.
Distinto del calor de Rosario.
Estábamos allí, tomando mate en la playa, y se nos acercó una mujer, y nos preguntó, si éramos argentinas o uruguayas.
Y les dijimos que nosotras éramos argentinas, de Rosario, y resultó que la señora, también era de Rosario.
Entonces, nos pusimos a conversar, eran un matrimonio, que recién habían llegado y que no tenían alojamiento, y se terminaron alojando, en la misma posada que nosotras.
Y charlando, ellos también iban para Montanitas, y nos hicieron el favor y nos llevaron en camioneta, con ellos, hasta Montanitas, unas cuatro o cinco horas de viaje, más o menos, es una ruta sobre el mar, que tiene curvas y contra curvas, y no se puede ir muy rápido, y aparte, un poquito nos perdimos, y el GPS no nos ayudó, y nos dejaron en una posada, donde estaban alojadas otras conocidas de mis amigas, y ellos se quedaron también por allí, y nos fuimos encontrando en un montón de lugares, haciendo cosas juntas, como que nos adoptaron un poco.
Montanitas, es otro tipo de onda, otro tipo de construcciones, mucho más arreglada, más nueva, llena de bares, y se diferenciaba mucho de otros sitios que vimos.
Es mucho más turístico, llega gente mucho más joven, de todas las edades, pero hay abundancia de jóvenes.
Y tiene una ubicación estratégica, porque nosotras no nos quedábamos en la playa de Montanitas, porque hay mucha gente, y como el colectivo era muy barato, y uno se toma un colectivo, y en 5  a 10  minutos, estaba en otra playa, y las playas más lejos que fuimos, quedaban a una hora, pero conocimos, Olón, a unos cinco minutos de bus, de Montanitas, está bien pegadito, una playa muy buena y linda, como la de Canoa, grande y retranquila, no hay nada de gente, alrededores hermosos, con casas de fin de semana.
Después conocimos Ayampe, más alejado, y siempre viajando en colectivo, que es muy barato, que sale 25  a 50  centavos de dólar.
Y después conocimos Puerto López, otra localidad importante de Ecuador, que salen las excursiones a la Isla de La Plata, que le llaman la Galápagos, pobre, similar en paisaje a la isla de Galápagos, pero mucho más pequeña, y más accesible a cualquier persona, y un día fuimos en esa excursión, que duró alrededor de medio día, fuimos a la mañana, y volvimos a la tarde, e hicimos snorkel, y logramos ver corales, pecesitos, algunos azules a lunares, estaba el de la película de Nemo, había tortugas, delfines, un grupo de diez delfines, a la vuelta, iban al lado nuestro, al lado de la lancha, una preciosura, y los coordinadores nos decían que habíamos tenido una suerte bárbara, porque no era frecuente encontrarlos tan de cerca.
Vimos tortugas medianas, obviamente no las de Galápagos, pero sí había, y en la Isla de La Plata logramos ver los pájaros que les llaman los pájaros de las patas azules, que tiene todo el cuerpo normal con plumas, pero sus patas de color azul.
Cuando nacen, son totalmente blancos, pero cuando crecen se les va obscureciendo sus patas, porque con el color de sus patas se puede adivinar su edad, si es pichón o no.
Y es muy notoria la diferencia entre el pájaro macho y la hembra, en sonido, en postura, en altura, el macho es más petiso, con un grito más agudo, para llamar la atención de la hembra.
Y también vimos variedades de aves.
El segundo día en Quito, se me rompió mi cámara fotográfica, se me cayó, y se me trabó el objetivo, y me quedé toda la excursión sin cámara, y tuve que pedir las fotos.
También conocimos Los Frailes, que es una reserva natural, uno puede ingresar en ciertos horarios, de 8  de la mañana a las 5  de la tarde, para evitar contaminación, la quieren proteger.
Allí pasamos todo el día, y también allí hay excursiones, caminar todo un circuito, porque se aleja de la playa, y yo llegué a ver un mirador, en altura que mostraba las tres playas de esa reserva, una hermosura, habrá tenido unos 70  metros, de alto, y se veían, las distintas playas con sus distintos colores, fue hermoso, pero fui sola pues mis amigas no se animaron, y se fueron directamente a la playa.
Estos días, caminamos, doc, como nunca, y a mí me gusta mucho, lo que es aventura, yo iba, aunque mis amigas se quedaran, a mí me gusta mucho explorar todo.
Y lo último que hicimos, fue pasar dos días en Guayaquil, que es la ciudad más poblada del Ecuador,
es muy parecida a Rosario, que tiene un río, que creo que se llama e río Guayas, y tiene un puente muy parecido al Rosario-Victoria, que la une con otra localidad, y el clima es muy parecido al de acá, un calor y una humedad terrible, y allá no tiene tanta parte histórica, es una ciudad más nueva, y tiene muchas zonas céntricas y comerciales, shopings, cuestiones de electrónica, como más comercial es esa ciudad.
¿Y dónde viste más gente pobre, en Quito o en Guayaquil?
Uno lo ve en la forma de vida de las personas, ellos son distintos, por más de que tengan un mejor nivel económico.
Se nota mucho las diferencias del que tiene mucho y del que tiene poco.
En Quito es donde vimos el peor lugar, pero Guayaquil lo recorrimos solamente con el colectivo que te lleva a recorrer el city tour.
Le agradecí a Antonela, que me relatara su experiencia, y decidí averiguar un poco más del Ecuador.
Posee una superficie de más de 280.000 km2, y su población pasa los 16 millones de habitantes, es el país más densamente poblado de Sudamérica.
En el año 2013, fue denominado País de las Orquídeas, pues de cada diez plantas silvestres, cuatro son orquídeas, y al albergar 124 especies de colibríes, en el año 2008, se lo conoció como el país de Los Colibríes.
Un 94% de su población habla el español, pero convive con 13  lenguas aborígenas.
Tiene alto crecimiento en la acuicultura, y aumento del empleo en la pesquería, además exporta petróleo, siendo importante la exportación mundial de banano.
Además envía al exterior flores, camarones y cacao.
Se compatibilizó en el año 2014, un arribo de 1,3  millones de turistas.
Hay muchos circuitos turísticos, pero hay zonas selváticas tropicales, donde no llegan los turistas y viven grupos aborígenes como los Waorani, que es un pueblo que sobrevive en la selva, donde se siente más seguro, lejos de los peligros, para ellos, de nuestra civilización...
Los Huaorani o Waorani, llamados también sabela, auca  o huao, habitan en el noroeste de la Amazonia.
Se subdividen en distintos grupos étnicos.
Su territorio ancestral está situado entre los ríos Curaray y Napo, y actualmente están siendo amenazados por las prácticas petrolíferas.
La expresión wao, les significa humano, o gente, y para ellos, no se puede distiguir el mundo físico del mundo espiritual, y la selva es clave en su supervivencia, y siempre dicen: "los ríos y los árboles son nuestra vida".
Para ellos es tabú cazar venados, ninguna serpiente, los jaguares, ni el águila.
La pesca y el cultivo de la yuca, son importantes en su dieta.
En el año 1990, lograron un reconocimiento, sobre un reserva indígena de más de 6.000  km2, y en ese año se creó la ONHAE, Organización de la Nacionalidad Huaorani de la Amazonia Ecuatoriana, miembro de la CONFENIAE, Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonia Ecuatoriana.
Viven en la selva tropical, que representa un tercio de la superficie del país, y es el nacimiento del gran río Amazonas.
Viajan casi desnudos, y descalzos en la selva, pese a los peligros de ella, con sus arañas, serpientes y aún jaguares.
Para no perderse en la selva utilizan los sonidos, se gritan entre ellos, y además suelen golpear un árbol especial, que produce un importante sonido, para comunicarse, cuando los ojos no sirven.
De un tronco de enrededadera, lo cortan, y obtienen agua muy límpida para sobrevivir.
Para ellos, un enemigo temible es la víbora terciopelo, muy venenosa, pero para los Waorani, es tabú matarla, y no le hacen daño.
Mientras van por la selva, buscan maderos con índices de putrefacción, los cortan, y obtienen las larvas gigantes de escarabajos, que son parte de su dieta, fuente de proteínas y grasas, y las comen directamente.
Todo lo encuentran en la selva, y si la selva no lo tiene, los Waoranis, tampoco.
La selva es su farmacia y su tienda para suplirse de elementos necesarios.
Por ejemplo, de la palmera Hungurahua, que dos veces al año da frutos, se suben a 20 metros, y se atan los pies, juntos, con raíces de epífitas, para poder trepar más fácil, y llegar hasta los codiciados frutos, que se hacen caer al suelo con golpes de vara de madera.
En estas ocasiones obtiebnen cantidades muy grandes de nueces, y mientras los hombres se ocupan de ello, las mujeres, confeccionan con hojas entrelazadas, cestos para llevarla adonde está asentada la tribu.
De noche hablan mucho entre ellos, o aún cantan, hasta que el sueño los vence. Muchas mujeres tejen, con hojas, en la noche, para combatir el insomnio.
Con dardos envenenados cazan monos a 30  metros, en la copa de los árboles.
La cerbatana, la confeccionan de palma, que cortan en la selva, y le practican una muesca a todo lo largo de la madera, que cuesta porque es madera dura.
Se sirven si no, de cerca de diez plantas o árboles distintos para fabricar las cerbatanas.
Las dos mitades de madera de palma que han sido acanaladas, las unen con cera de abeja, y después la sujetan con corteza de enredadera.
Pero si el día se presenta lluvioso, que es muy usual, no cazan en los árboles, sino que se dedican a otra tarea, como buscar miel, ya que la lluvia apacigua un poco el vuelo de las abejas.
Se ponen algodón en sus oídos, para que no se les penetren las abejas, y hasta cortan el árbol, donde se asienta el panal. Son muy picados por las abejas, pero así y todo, buscan el panal, y se abalanzan sobre él, devorando la miel, con avidez, ya que en la selva no hay golosinas.
Viven muy cerca de tapires y gallinas.
Para saber seguir un rastro, doblen ramitas en la selva, y miran si está turbia el agua, ya que si está así, turbia, significa que han pasado por allí, y si está clarita, no pasó nadie por ese sitio.
A veces caminan todo el día en la selva, y regresan de noche a su campamento.
Para guarecerse de la lluvia, y no caer en hipotermia, son hábiles constructores de chozas rápidas, con vegetales y hojas. También acumulan hojas en el piso para protección.
Hacer fuego es fundamental, pues el humo, auyenta a los insectos, y el fuego, a los animales.
Giran palillos para prender fuego, y no siempre lo logran.
Algunos se perforan los lóbulos de sus orejas.
Capturan caimanes, pero respetan a los más pequeños, y los liberan.
Para practicar puntería con sus cerbatanas, se colocan a cierta distancia, y le arrojan sus dardos a una flor de banano.
La cerbatana es de unos tres metros.
Buscan después, pescar una piraña, que tiene una filosa dentadura, y con esos afilados dientes, le hacen una muesca al dardo, para que si el mono, intenta sacarse el dardo, éste se quiebre, dejando el veneno, el curare, en su interior, para matarlo.
Para obtener el veneno, rasgan la cortez del árbol del curare, y en sus virutas está la toxina.
Es una neurotoxina, muy potente.
Produce parálisis muscular y aún de la respiración.
Confeccionan un estuche en hojas de palma, y ponen las virutas en su interior.
Le tiran agua por arriba, y la recogen debajo.
Luego calientan los alcaloides venenosos, para concentrarlos.
Extraen lo que sobrenada, de ese líquido, algo filante, y obscuro, que es la toxina.
Empapan sus dardos, y los dejan secar, en la noche.
A veces pueden pasar días cazando.
Cazan cerdos salvajes, los pecaríes, con lanzas de madera, con punta muy afilada.
Tratan de pensar lo que haría la presa, y se ponen en lugar de ella para acosarla.
Una fuente de alimentos, lo constituyen las palmas, que las cortan y consumen.
Utilizan el pelo grasoso del pecarí, para poder hacer el fuego, para alejar a todo insecto molesto.
Además usan todos sus sentidos para rastrear los monos.
Y emiten aullidos, imitando al mono araña.
Hacen ruido en el follaje para sacar al mono, que se oculta en lo alto.
A veces se suben hasta 24  metros para cazarlo.
Si no hay otra forma, aún cortan árboles, para limitar al mono.
Tiran desde el suelo, y le aciertan, y repiten el proceso, para asegurarse.
El mono, empieza a balancearse, como dopado, pierde el equilibrio, y al final cae.
Le atan la cabeza y la cola, y lo cargan al hombro, hasta la aldea.
En la selva no se pueden conservar los alimentos, no hay refrigerador, así que lo que se obtiene, se sirve como alimento, y es devorado, rápidamente. 


 


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AYER, 8/5/20, HE RECIBIDO, MÁS DE 130 VISITAS DE PERSONAS DE MÉXICO.
SE AGRADECE, ESTA ESPECIAL ATENCIÓN, DEL PAÍS HERMANO DE LATINOAMÉRICA...