AVENTURAS EN LAS ISLAS DEL PARANÁ
La
gente en la isla no es triste, porque tiene su ocupación, por ejemplo algunos
son pescadores, otros son nutrieros, ¿qué quiere decir ser nutriero?, son
personas que salen temprano en la mañana, regresan después del mediodía, y van
a buscar lugares para colocar sus trampas para cazar las nutrias.
Las
trampas son de hierro, como dos pequeñas alas, que se abren y queda celosa,
lista para cerrarse, en medio le ponen el cebo, con yuyito que prefiere la
nutria, y ésta va a buscar algo tiernito para comer, pisa eso, que es
extremadamente sensible, y esas pequeñas alas de hierro se cierran bruscamente,
habitualmente sobre la cabeza y el hocico de la nutria y la capturan. Muchas
veces la nutria muere, y otras no, dependiendo del golpe que recibe.
Es
como si fuese una trampa de ratones, pero más grande, sus alas las tiene de
costado y en vez de alambre es de hierro.
Por
ello el isleño no tiene tristeza, porque no ambiciona, no tiene eso de que yo
no puedo tener esto, o no puedo tener aquello, o decir que yo no tengo nada, y
no se lamenta por ello, y en general viven al día, cada jornada preparan todo
lo que van a necesitar en ese tiempo, y constantemente se mantienen ocupados en
ello, viviendo lo que se dice al día, sin planear demasiado, son gente
sencilla, humilde, y por ejemplo cuando van, el hombre de la casa, que sale,
para armar sus trampas, sale también para recoger el tejido de sus redes, y
para buscar aves, para traer para la comida diaria. Las que encuentre, patos,
gallaretas, lo que se le ofrezca.
La
isla es rica en recursos naturales, para poder mantenerse, para poder buscarse
su sustento diario, aún hoy, el hombre desarrolla las capacidades para la caza
y la pesca, y se hace muy hábil, y debe necesariamente tener deseos de trabajar
en dicha caza, porque es un trabajo muy rudo, el salir a nutriar, el salir a
pescar, porque es una actividad muy
pesada, porque se desplazan por una canoita chiquita, que se llama canoa
nutriera, que es avanzada por un palo largo, con mucha fuerza, pues dicho palo
se desliza bajo la superficie del agua, hasta llegar al lecho y se empuja desde
arriba, para mover la pequeña canoa y hacerla avanzar, teniendo en cuenta ser
sigilosos, y avanzar sin ruidos, para no asustar a los animales. No se rema,
pues los espacios son reducidos por las raíces de los árboles, y la vegetación,
y por el ruido que provocaría. Las canoas pequeñas no van por el río, van por
la laguna, y avanza con el palo empujándose en el suelo lacustre. Está todo
lleno de camalotes, y tiene que usar maña y mucha fuerza. Las trampas las tiene
que poner de manera que las nutrias no se den cuenta, de que van personas por
allí. Y por ello la embarcación es chiquita, como mi escritorio médico, y en
punta, y solamente puede alojar a una persona, van siempre solos a colocar sus
trampas.
Los
mismos nutrieros se hacen estas peculiares embarcaciones de aproximación, y aún
a veces las compran, pero en general el isleño es muy hábil, para hacerse sus
mismas cosas, porque cuando recorren las trampas para nutrias va buscando también si hay carpinchos o rastros de los
carpinchos, para la noche, para ir a cazarlos también, los cazan con escopeta,
pero el carpincho es muy hábil, como todo animal, no cierto, porque Dios les
dio una habilidad evasiva natural, y por ejemplo cuando viene algo muy feo en
el lugar, como en las islas del Paraná, por ejemplo, que podría ser una fuerte
tormenta, los primeros que disparan son los animales, porque es como si
tuvieran un sexto sentido y presienten el peligro, saben leer las señales que
envía la naturaleza, cuando se vuelve hostil.
Por
eso mismo, los isleños tiene cosas que la gente de la ciudad no conoce, por
ejemplo la naturaleza de las islas, y lo que hizo Dios allí, no se puede
conocer si no se vive esa experiencia, si uno no lo ve, y no lo toca, es
sencillamente maravilloso.
Cuando
van a recorrer las trampas, ven si cayó alguna nutria, y a veces en la trampa
ven que cayó una nutria y estaba preñada, y entonces tratan de conservar sus
crías, y la abren y sacan sus hijitos, vivos, casi siempre están vivos, y
después el isleño los cría, los tienen ellos en sus casas. Se crían como si
fuese un cachorrito, un perrito, primero les dan mamadera, los preparan, y es
costumbre de muchos nutrieros tener este tipo de mascotas, hasta los chicos
crían, que después estos animalitos andan circulando por sus casas, por todos
lados, y por ejemplo la nutria come de todo, en la naturaleza se ve comer
yuyitos, todas cosas tiernitas, pero en las casas, le dan galletitas,
caramelos, por ejemplo una señora que tenía 12 hijos, y había también
animalitos varios, ella se levantaba a las cinco de la mañana, en las islas, y
tenía la costumbre de tener un paquetito
de galletitas, y entonces era muy simpático ver, como todos estos pequeños
animales la rodeaban y le pedían. Nutrias y carpinchos, y se llevaban muy bien,
como perritos de distintas razas, como si fueran un perrito de una clase y
otros de otra, los había domesticado a varios.
Casi
toda la gente en la isla tiene estos hábitos, es algo muy común, extremadamente
frecuente. Tener un animalito salvaje, criarlo en la casa, y no lo liberan, y
nunca deciden comerlo, están como compañía, en su hogar.
Hay
una canción muy sentida, muy hermosa, interpretada por un cantante muy conocido
actualmente de música chamamecera, Mario Bofill, llamada “La Tincha”, y éste fue el
apodo que en la canción le dan a un animalito salvaje capturado, un carpincho,
hembrita, que también estaba preñada, y cuenta la canción, que de dos hijitos,
solamente vivió, uno, la llamada “Tincha”, y que después de criarla en su casa,
sintió necesidad de liberarla, y que con ello logró el cazador, que “La Tincha” tuviese a su vez
cría, y que aún en libertad les mostrara sus cachorros. Y cuenta Bofill, que el
cazador dejó de cazar carpinchos, para siempre, por miedo de lastimar a algún
hijito de la Tincha.
Los
isleños nunca se comen estos animalitos recogidos, los quieren mucho, les
depositan mucho amor, y hasta nombre le ponen a cada uno de ellos, y cuando el
bichito no está por allí, empiezan a nombrarla, y enseguida aparecen. Y los
chicos para entretenerse, le colocan un tacho con agua, y allí van las nutrias,
y se lavan sus caritas como si fuesen personas, en medio de las risas de los
más jóvenes. Se lavan todo, como lo hacen los monos. Así hacen ellos.
Fundamentalmente las nutrias, los carpinchos, lo hacen también pero menos, las
nutrias son muy habilidosas con sus manitas. Las manejan como si fuesen las
nuestras. Y esa señora con muchos animalitos, le daba la galletita, a una pequeña
nutria,
Y la
toma la galletita con las manitas, la va comiendo y girando constantemente,
hasta que le queda un pequeño trocito que se lo arroja dentro de su boca para
terminarla definitivamente. Es algo muy tierno verla hacer esto, porque la va
girando a la galletita hasta que le queda chiquitita, lista para engullirla. Es
una cosa muy hermosa, increíble.
Los
carpinchos vienen hasta grandes, en las casas, de un metro de alto, los
carpinchos, si, le dicen el cerdo del río, porque su carne es parecida al
cerdo.
Las
nutrias cuando son criadas con alimento, distinto que cuando se crían en forma
natural en el río, el pelo se le pone brilloso, porque hay dos clases de
nutrias, la nutria de criadero, que se cría en la ciudad de Rosario, y la
nutria que la llaman silvestre, la isleña.
Yo
quise conocer, cómo era la carne de nutria, y yo que siempre viví en la ciudad
de Rosario, a instancias de un consejo de mi hijo Diego fui a comprar una, a
una carnicería cerca del Hospital de Emergencias Doctor Clemente Álvarez, y me
dijeron cuando me la vendieron, que no
necesitaba demasiado adobo para sacarle el gusto a salvaje, porque la nutria
era de criadero, con alimentación cuidada.
La
nutria de criadero la nutren con alimento balanceado, como hacen con los
pollos, y por eso su carne es blanca. Hacen un pozo enorme para que se críen
las nutrias en ese pozo, para que no se altere su piel, que es muy buscada, aún
hoy. La piel es muy brillante, y aún actualmente, y pese a la ecología, la piel de nutria se sigue
exportando. Los isleños iban a vender sus pieles a los peleteros. Es una piel
mejorada la de la isla, que la que está en cautiverio, porque, según los
isleños, la nutria de los peleteros con los años, pierde sus pelos, por el tipo
de alimentación, y las nutrias naturales, menos.
La
carne de la nutria salvaje es roja, y los isleños la vendían a las personas en
Rosario, directamente por pedido, y al conocido Restaurante Ritz, de Rosario,
que ya cerró sus puertas, desgraciadamente, y otros, y también se le llevaba a
ese Restaurante, ranas y pescados, ellos pedían más a los dorados, el surubí,
el cachorro.
Y las
ranas a veces, entraba a la cocina del Ritz, y la isleña se las pelaba allí,
porque para evitar cualquier problema sanitario, en esa época era costumbre
traerle las ranas vivas, y desollarlas en la cocina.
Cuando
uno logra tener una nutria salvaje, hay que colocarla en mucho vinagre, bien
condimentada y en el freezer, porque el frío intenso del freezer, medio que lo
cocina un poco y le hace perder ese regusto salvaje, que se quiere evitar.
Algunos isleños estudiaban esto, en libros
culinarios para poder mejorar la oferta de sus productos de la isla. Después de
salida del freezer, se la saca y se lava muy bien, y se regresa al vinagre, que
es un excelente conservante, es realmente antiséptico, y se pone en adobo.
Y con
ese adobo, va a la parrilla o a la olla, a prepa- rarse de cualquier forma,
para terminar el plato. Si bien queda riquísima, siempre tiene un poco del
sabor salvaje, por más intensa que fuese su preparación. Un gusto distinto a
las de criadero.
Para
cazar las ranas, iban a veces las parejas, esposo y esposa, de noche, porque en
la parte bajita, en la playa del río, las ranas afloran y salen a comer a los
mosquitos, y cómo es la naturaleza, que todos estos bichitos salen en la tarde,
porque se mantienen con los mosquitos, que abundan, en las orillitas, o en los
caminos, y los cazadores de ranas aparecen con un farol, con un sol de noche o
farol a kerosene, y cuando uno las alumbra, ellas se encandilan, y no pueden
mirar, se quedan muy quietitas, y se le pone la luz de un lado, y el manotón
para cazarlas, del otro lado, súbitamente.
Yo
recuerdo que en las afueras de la ciudad de Luján, yo cacé ranas de un pozo de
unos 4 o 5 metros
de profundidad, con un hilo largo, al que atábamos fuertemente piedritas rojas
o trocitos de carne roja, y la rana daba una oclusión tan fuerte de su bocado,
que sin soltar la presunta presa, era subida esos metros y capturada.
Las
ranas, tiene en general poca comida, y están con mucha hambre, por eso no
sueltan la presa.
Están
en todas las acequias.
Por
ejemplo el macho de la rana, cuando hace mucho calor, en algún pocito de agua,
van y hacen como una espuma, y a la tarde comienzan a llamar a las ranas,
haciendo el uoc, uoc, característico, croando. Cuando los isleños descubren las
espumas, manotean en esos charcos porque generalmente hay ranas machos, muy
grandes, pero saben también que deben tener cuidado, porque allí también puede
haber víboras. Que hace un redondel y se prepara para atrapar y deglutir las
ranas.
Hay
relatos de animales donde se cuenta que el sapo de su saliva, tiene un tóxico
que repele la víbora, y el sapo espera que la víbora se duerma y con su baba
tóxica para la víbora, le hace un círculo, andando sigiloso, para que no se
despierte la víbora, y una vez completado el círculo con su baba, se pone a
croar fuerte, para despertar a la víbora, y cuando ésta se despierta se
desespera pero no puede franquear dicho círculo, y entonces el sapo se aleja
victorioso.
Cada
animal, Dios le dio para defenderse en su vida, cada uno tiene lo suyo.
Entonces
se lleva una bolsa grande, y se van colocando adentro, unas ranas machos, muy
grandes, con muchos músculos, parecen los que desarrollan muchos músculos, por
la gimnasia, fisiculturistas, y la rana parece más delicada, como la silueta
femenina.
Después
se excava un pozo grande y se tapa con pasto, y como los mosquitos van siempre
buscando la humedad, y el pozo se llenaba de mosquitos, y se mantenían hasta
que se enviaban a su destino final, y se contaban, las ranas machos por acá y
las hembras por allá. En dos bolsas separadas, tenían un precio mayor el macho,
que la hembra, que tenía otro precio.
Muchos
pescadores las compraban, y algunas venían para Rosario.
Las
ranas hay que dejarlas con sal, porque aunque las ranas están muertas, y sin el
cuero, todas peladas, si se les hecha sal, las ranas se contraen todas, con sus
músculos, y el que no conoce, se impresiona, parecen que estuvieran vivas,
saltan realmente. Es algo increíble. Saltan por la sal. Después se las lava, y
se las seca, se prepara, se pone con harina, para milanesa, hay distintas
formas de preparación.
En la
cocina del Ritz, por ejemplo, se las entregaba vivas, para que no haya quejas,
y que se vea que era producto fresco.
Se
les corta la cabeza, y con una pinza y tenaza, se les saca el cuero con mucha
facilidad. Y listo.
Pasó
un tiempo y volví a hablar con Hortensia y su hija, de 52 años. El otro hijo,
el hermano varón es de 40 años.
La
hija terminó el séptimo grado en la escuelita de las islas, y todavía funciona
hoy.
La
escuelita es muy linda, con buena construcción, de primario, exclusivamente, y
los cursos están ensamblados, esto quiere decir que puede haber alumnos de
distintos años en la misma aula, pero de diferentes edades.
Después
terminó la hija el secundario, acá en Rosario, vivía un tiempo aquí, y después
volvió a la isla otra vez. Se casó, y su marido es isleño, también, y volvieron
a las islas porque él se dedicaba a la hacienda, en las islas, llegó a tener
como 200 animales, que los manejaba con su padre, pero el trabajo de la isla es
muy arriesgado, porque viene la creciente, y uno se queda sin nada, es muy
sacrificado, y precisamente, luego de una gran creciente, tuvimos que vender a
las apuradas, y nos vinimos a Rosario, nos fuimos a vivir al campo.
La
isla es muy linda, por otra parte, es muy tranquila, y en un permanente
contacto con la naturaleza, y afortunadamente la hija con su esposo no viven en
el centro de la ciudad, sino que son caseros en un predio de gimnasia, y hay
bastante verde que ayuda mucho. Entonces uno no extraña tanto la naturaleza
viva de las islas. Pues se está más al aire libre, pero aún así no es lo mismo.
Cambiaron
mucho las épocas, pues no es lo mismo las islas de la niñez que las actuales,
antes había más población, pero muchos se fueron y las abandonaron, quedando
pocos habitantes permanentes. Empiezan a aparecer muchos fin de semana, y
aprovechan los terrenos de la gente que se va y se meten, sin comprarlos. El
gobierno no dice nada…
Son
personas con poder, y los dejan.
Cuando
viene la inundación, uno debe estar preparado, lo mismo que si viviera en zona
de terremoto o de volcanes, uno se prepara para eso.
Si no
lo hace es porque se deja estar.
La
casa de las islas era una casa de alto, bien hecha, con la máxima
infraestructura a la que uno podía llegar, con unos 2,30 metros de alto sobre el nivel. Hasta ahora la
máxima inundación que vivieron llegó hasta la altura en sus casas, de 2 metros, o 2,10 metros, y faltaban 20 centímetros, más o menos.
Lo
que pasa que en ese momento uno pierde animales, cultivos, todo lo que se
tiene, si tiene sembrado, que da para sembrar, da para muchas cosas, y se lleva
todo.
En
este momento, en el mes de octubre, el río está creciendo, con las lluvias, y
crecen los afluentes del Paraná, y cuando hay sudestada, así como penetra en la Capital Federal, también
perjudica para acá, porque asienta el agua hacia aquí, y se eleva el nivel de
las aguas.
La
vida es dura, no es peligrosa, no, es una vida muy sacrificada, porque si se
quiere vivir cómodamente, dignamente, si está acostumbrado a tener esto, por
esto y así, es muy lindo tener su propia huerta, se pueden criar gallinas, se
puede tener de todo, mientras el río no suba. A la naturaleza no la maneja el
isleño.
En la
pesca también se nota que hay menos que hace años, en algo se perjudicó por el
puente Rosario-Victoria, porque hicieron las construcciones de soportes,
cayeron algunas casas del lado de las islas, se deformó y cambió totalmente el
lugar. Se cambió la naturaleza por la presencia del puente. Se alteró el lugar.
Afectó mucho. Ha cambiado el nivel del agua en las casas, ya no es igual que
antes.
Otra
señora me cuenta que muchas veces, hace años, iban en lancha de ellos, a las
islas, a visitar una familia de puesteros. Puesteros se le llama a los isleños,
que en determinado lugar, crían y cuidan el ganado, de otros dueños, son los
cuidadores de haciendas, de los dueños de los campos del lugar. Del ganado
vacuno que se cría en las islas.
Le
llevaba lápices y cuadernos a un nenito de la isla, y también le enseñaba las
primeras letras, el abecedario, y algunas cuentas simples, y también algo de
escritura, que vivía más adentro en las islas, y cuando me veía ir llegando,
decía “ahí viene la maistra..” Yo no era maestra, pero aprovechaba el viaje, y
lo instruía mínimamente.
Hay
gente en las islas, adentro, adentro, que olvídese…
No
hay política que se ocupe del isleño, adentro, adentro, ya es otra provincia,
es de Entre Ríos, la gente tiene una humildad, espectacular.
Mi
marido está cursando ahora la rehabilitación lenta de un accidente
cerebrovascular, pero antes llevó, por la inundación, bolsas de pan, y los
chicos viviendo, aunque usted no lo crea, estaban viviendo arriba de los
árboles, durmiendo, cuando la inundación grande, nadie los va a buscar, la Prefectura actúa poco y
nada, allí.
La Prefectura tiene lanchas grandes, pero
siempre se quejan que no tienen combustibles.
Un
hermano de mi sobrina, era un chico enfermo, que le tomaban ataques, era de
Rosario, pero pescaba en la isla, y le dio un ataque pescando y se ahogó, cerca
de los 35 años, y lo fueron a buscar, porque tuvimos que hablar y presionar al
Prefecto, para que lo vayan a buscar, y sacaron la lancha, y lo encontraron. Si
no Prefectura no sale. Y él ya se había ahogado, así que solo rescataron su
cuerpo.
Hay
poca información de lo que sucede en las islas, y el rosarino, desgraciadamente
es muy indiferente…
Con
la cuestión de las inundaciones, la gente se va. Por eso merma la población
estable de las islas.
Los
rosarinos han hecho depredaciones allí, los carpinchitos que yo crié, aquí en
mi casa en Rosario, y los traje de las islas, porque le habían matado a su
madre, y otros carpinchitos y nutrias, que poblaban las islas, cada vez son
menos, porque el isleño mata por subsistencia, mata para comer, pero el de la
ciudad, que va a la isla, a veces llega a matar por placer… Antes se observaban
una gran cantidad de gaviotas blancas, que llenaban la costa de las islas
cuando se posaban en tierra, y el isleño eso le denomina “puebladas”, son las
gaviotas cuando están todas amontonaditas, en la ribera del Paraná, y ahora
escasean totalmente, podríamos decir que ya casi no hay más. No hay más nada…
En la
última inundación grande, los animales muertos en la orilla de las islas, era
un espectáculo dantesco, vacas y terneritos, en cantidad.
No
los sacan, porque el problema reside en que la chata que los saca, cobra muy
caro, y después tienen que alquilar algún lugar para alojar al ganado, y gastar
más en su alimentación. Por eso prefieren abandonarlo…Es horroroso.
Los
isleños que están cerca, a veces reciben algo de ayuda, pero los que se
ubicaron más profundamente, no tienen nada.
Hay
gente adentro, adentro que ya pertenece a Gualeguay, Entre Ríos.
Mire,
si usted supiera lo hermoso que es adentro, pero para desplazarse, hay que ir
remando, para vivir la naturaleza, yo he visto, allí, lagunas celestes, de los
camalotes que estaban todos florecidos, que era majestuoso. La gente no sabe la
belleza, en lo profundo de las islas. Es verdaderamente hermoso.
Solía
meterme por allí, remando y es un espectáculo que realmente fascina.
Siempre
para ir, hay que ir varios, acompañados, por cualquier cosa, y con chalecos
salvavidas siempre. Hay lugares en la isla profunda, de maravilla, mi esposo
conocía porque siempre fue de chico. Mi hijo que hoy tiene 42 años, sus dos
primeros dientitos los cortó allá adentro, en el Paranacito, muy interno, es el
primer río.
Nosotros
siempre íbamos a la casa de unos isleños, viejitos que vivían allí, viviendo
siempre de la caza, son personas muy pasivas, muy tranquilas, tienen animalitos
cerca de su vivienda, o tiene alguna vaquita, gallinitas, viven de otra forma,
y cada uno elige ser feliz de alguna manera. Es hermoso adentro. Nosotros hace
años que ya no vamos.
Yo
quiero mucho a los animales, y estoy furiosa contra los feed-lots, que es una
manera de obtener carne a costa de apelotonar al ganado, en terrenos que ni
pasto tienen, y que cuando llueve, se inunda todo, y las vacas, cuando se les
vencen los cascos, se ahogan y mueren. También hay problemas en las viviendas
cercanas, por el hedor y los olores nauseabundos que despiden estos sitios, y
hay varios aún en el Departamento Rosario. En el diario de ayer dejaba a entrever
la posibilidad de cerrar uno. A mi me duele ese trato desconsiderado al animal.
Hay quejas en todas las zonas vecinas, aquí en Santa Fe.
Es
triste, realmente, el ver a los animales así, yo cada vez que paso por esos
lugares, me entristezco mucho.
Fíjese
que crié carpinchos con mamadera, en mi casa que fueron rescatados, de la isla,
porque habían matado a su madre.
El
más grande, era propiamente una risa, porque ellos, los había traído mi marido.
El más grande, el primero que trajo, porque no hacen suciedad en ningún otro
lado, uno le pone una palanganita con agua, y siempre van allí. Son herbívoros,
y me cortaba el pasto de enfrente de mi casa, porque solo comen hierbas, en mi
jardín, afuera de la casa, y me comía el pastito. Una vez mi marido, por equivocación
le dio guiso, que él estaba comiendo, y le cayó mal, y empezó con diarreas, y
colitis, y colitis, se moría. Yo hice lo indecible para parársela,
Lo
que no le dí, y al fin, a las 5 de la tarde, se cortó la colitis. El
agradecimiento de ese animal conmigo fue total, no dejaba que nadie se acercara
hacia mi. Si yo iba al río y a lo mejor estaba en el agua, y había alguna
persona conversando conmigo, se zambullía, y lo sacaba de mi lado.
Nosotros
lo poníamos en el agua, antes de salir con la lancha, y él nadaba acompasado
con nosotros por la isla, nadando al lado de la lancha, hasta bastante interno
que se llama La Brava,
y él nos seguía cerquita, cosa de no creer.
Se
bajaba, él comía, estaba criado a pan y a hierbas, y si uno de nosotros que se
subiera a la lancha de nuevo, a lo mejor iba a buscar algo, pero él también
brincaba desde el agua y se subía a la lancha, porque temía que lo dejemos.
Después
lo llevé al zoológico, y le llevaba comida. Lo dejé, pero lloré mucho, porque
claro, en casa él estaba suelto. A mí en el zoológico, cuando entré, y él
caminaba a mi lado, no lo podían creer.
Lo
pusieron en una jaula, y si usted supiera como lloré, porque él pegaba con su
cabecita, no se quería quedar allí, se quería venir conmigo.
Lo
que pasa que me decían que no lo iba a poder dominar cuando ya se venía grande,
y si entraba en celo, muerden, que se yo, me asusté y lo llevé al zoológico.
Le
voy a traer las fotos de mis hijos con él, nosotros lo llamábamos Cucusito, y
en una como si se estuviera riendo, mostraba sus dos dientecillos, porque
tienen dos dientes como dos maíces, por eso yo le digo que la gente no conoce
lo que son los animales. No sabe lo buenos que son. Nosotros somos peores.
El
otro, el más chiquitito, era el más revoltoso, rompía todo, y lo tuvimos que
atar con una correa, pero con tanta mala fortuna, que un día, que estaba atado
y nosotros no estábamos, se cayó de una escalera, y como estaba atado del
cuello, se ahorcó, fatalmente.
Por
otra parte, y con los problemas de energía y con la ecología, decidí en mi casa
instalar equipos de energía solar y me contacté con Green Energy and Light, que
dirigen Federico Ferrarini, y su socio Matías, y precisamente hoy 27 de octubre
de 2012, en el diario La
Capital, veo su foto y su relato promoviendo el uso de las
energías alternativas, especialmente la solar. Y qué tiene esto que ver con las
islas, que precisamente en el relato al periodista, Federico, recordó haberle
vendido un cargador para celular, que funciona a energía solar a una joven que
vive en las islas, y que antes estaba obligada a caminar cinco kilómetros, cada
vez que su carga se agotaba, para enchufar su teléfono y mantenerse comunicada,
y esta joven le dijo a Federico: “esto me cambió la vida por aquí.”Tanto
Federico como su socio Matías, aprendieron energías renovables en Ingeniería
Eléctrica en la UTN,
Universidad Tecnológica Nacional, y lo están aplicando muy bien…
El
equipo que me instaló en mi caso es un panel de 120 vatios, es monocristalino,
que es mucho más eficiente que uno policristalino, hechos de silicio, y es de
silicio monocristalino, el policristalino es todo un tramado desordenado, son
todas las celdas desordenadas, como la piedra de mica de Córdoba, con pedacitos
así, tiene ese formato, el
monocristalino es más uniforme, con proceso de fabricación más costoso, y es el
que se usa en todos los parques fotovoltaicos del mundo, se usa el
monocristalino porque son más eficientes, necesitás menos metros cuadrados para
tener la misma eficiencia. Si fuese policristalino, para 120 vatios sería un
panel mucho más grande, de un tamaño mayor.
En
esta semana estuvimos en las islas instalando en un parador, que es Pura Vida,
tenemos y en otros, son paradores en las islas del Paraná, son turísticos, va
la gente a hacer turismo, y les estamos instalando energía solar en esos
paradores, que antes tenían generadores de energía sucios, ecológicamente
hablando, y con un fuerte ruido del grupo electrógeno, y hoy ya no hay nada más
de eso.
Y en
la isla se está trabajando más que en la ciudad, te diría…
En otra ocasión conversando con un paciente adulto
mayor, Esteban Lerme, me comentó que toda su vida se la dedicó a la publicidad,
y con su socio el afamado locutor radial Enrique Gallardo, tuvieron durante
muchos años un programa de radio de LT2, llamado El almacén de La Candelaria, cerca de 35 a 40 años, vigente en la
radio de Rosario, y era tan seguido que me contó que a través de la propia
radio avisaban a un señor isleño, que preparaba unos panes dulces fenómenos,
que le encargaban directamente por la radio, y cuando iban ellos después, a las
islas, los retiraban y los saboreaban.
En Rosario hacían lo mismo con una señora que vendía
empanadas sabrosas, de la ciudad de Funes, y también se las encargaban por la
radio. Es de esta manera que la radio servía como era antaño, de un medio
directo de comunicación, y aún lo sigue siendo en muchos pueblos de nuestra
patria.
Hoy leyendo el periódico de la ciudad, La Capital, encontré un
relato interesante que habla de que la vitalidad de las islas a veces se
restablece con el tiempo.
Encontraron ejemplares del gato montés sudamericano,
especie en peligro, y el hallazgo fue motorizado por la agrupación: El Paraná
no se toca.
Dicho felino salvaje, conocido como leopardos
geoffroyi, que está considerada como especie amenazada de extinción, se
distribuye por casi todo el territorio de nuestra nación, y que repunte su
ciclo vital es esencial, ya que es cazador nato de roedores pequeños, como el
que transmite la leptospirosis, el llamado Oligoryzomys flavescens.
La agrupación El Paraná no se toca, detectó dos
parejas de este tipo especial de gato salvaje, en las
Islas,
enfrente a Rosario, lo que significa que esta especie comienza a asentarse en
los montes arbolados isleños.
Es
una buena noticia, y un índice de buena salud para las Islas del Paraná.