UNOS PÁJAROS AZULES…
En las regiones de mayor altitud, las aves, pueden lograr ciertas ventajas, por su aptitud para el vuelo.
Hay sitios en nuestro mundo, como en Los Andes, el Himalaya y aún en Etiopía, donde humanos, animales y aún las plantas, a través de muchos años, de generaciones y generaciones ininterrumpidas, y merced a un mecanismo de selección natural y adaptación conductual, pudieron sobrevivir, en estos ambientes hostiles…
La respiración de estas aves, adaptadas, es más eficiente que los mamíferos, y, con un sistema de “para-bronquios”, logran extraer más cantidad de oxígeno, que otros seres vivos…
La otra adaptación es un notable incremento, de la capilaridad, existente en sus músculos, del vuelo, y un corazón más grande, en proporción al tamaño de sus cuerpos, lo que les brinda más ventajas de adaptación al vuelo, inclusive a gran altitud.
Por, la región del Tibet, podemos hallar, a: buitres, grullas, halcones, gansos, o arrendajos, pero en América, se incrementa su variedad, predominando uno, el cóndor andino, de tipo del buitre, con gran envergadura de alas, que usa las corrientes para planear, a altitudes espectaculares, lo que, para los antiguos originarios de América, del pueblo Inca, lo reconocían como “mensajero de los dioses”.
Además, hay grandes carpinteros andinos, taguas gigantes, cauquenes, y otras aves, como, las de los géneros: diuca, geositta, o phrygilus…
Sería muy interesante, describir, especie, por especie, pero éste no es el motivo del relato, sino el de centrarme en una de las maravillas, que se descubren de tanto en tanto, en la majestuosa Cordillera de Los Andes, que ha surgido, al final de la era Mesozoica, cuando la Placa de Nazca, se hundió, por debajo de la Placa Sudamericana, y los movimientos sísmicos posteriores, y su correlato en actividad volcánica, dieron la conformación definitiva, más que las erosiones…
He estado, hace poco, en lo que denominamos Patagonia Argentina, y me he sentido deslumbrado, al observar, en plena zona prístina e impoluta, enormes troncos de árboles derribados, y petrificados, por el suelo, algunos enteros, y otros en trozos, de la época, en que el terreno patagónico no era desértico, por las lluvias que venían, del Pacífico, antes de surgir la Cordillera de los Andes, a la que me estoy refiriendo…
Y, estos árboles históricos, que el tiempo, reemplazó su madera por minerales y piedra para que lo podamos seguir admirando, y los petrificó, nos hablan de pasados que existieron, y con historias, muy diferentes, a la actuales, que consideramos constantes, pero no lo fueron…
Pero volvamos al título del relato…
Me encuentro en una filmación de la ladera de algunas montañas de Los Andes, donde observo por primera vez, unos pequeños y vistosos pájaros azules, que anidan en las laderas de la montaña, a una respetable altitud…
Y, su adaptación, les permite, cosa realmente, increíble, hacer nidos, en plena nieve, de estas laderas montañosas…
Colocan algunos pastitos en la base del hueco de nieve, y allí va criando a varios pichones, por nidada…
No tienen predadores, y se adaptan perfectamente, a esta considerable altura, y al frío invierno, pero les ocurre algo, que, ellas “saben” que sucede, y se preparan para ello…
El principal, enemigo, de estas hermosas aves azules, es, nada menos que el propio sol, pues con sus fuertes destellos, en algún momento, comienza a derretir la nieve, y este precario nido, es abatido, cayendo más abajo, al no poder seguir sosteniéndose…
Entonces, la naturaleza, que, a través de los años, les ha impartido un conocimiento, de ello, hace que sus padres, el macho y la hembra, que alimentan, en forma permanente a sus crías, los incitan a volar, mediante ejemplos de alejamiento, y de sonidos, para que abandonen su nido…
Varios, pichones, como siempre sucede, lo hacen y logran salvarse, pero siempre hay alguno, que por temor, o ignorar los sucesos, queda, algo más, del tiempo óptimo, en el nido, en un verdadero peligro, y, por eso, su madre se acerca, como siempre, pero le niega su comida del día, y se aleja de dicho nido, hacia un sitio más seguro, y este mensaje, o el hambre, o lo que fuese, hace que el último pichón, también emprenda su vuelo, hacia la protección de su madre, que la espera, y la premia, con alimento, de boca en boca…
Me pareció maravilloso que un pajarillo, tan pequeño, se adapte a un clima hostil y frío, y pueda sobrevivir, en un real nido de nieve, y que ante la amenaza del calor del sol, induzca a sus crías a abandonarlo…
Estas, si bien son cosas, que tomamos como cosas naturales, y muchas personas, no lo atesoran, a mí, me produce un eterno agradecimiento, conocerlas, y me siento realmente feliz, de poder transmitirlas..