ALGO SOBRE CHASCOMÚS…
Chascomús, es una
ciudad, de la gran Provincia de Buenos Aires, al noreste, de su superficie, a
unos 123 kilómetros del centro de la ciudad de Buenos Aires, y en cada
oportunidad que se viaja por la ruta 2, hacia las playas atlánticas, siempre
pasamos, por esta localidad…
Su nombre, en idioma
mapudungun, puede legar a significar: “campo de lagunas”, o, aún: “(laguna de)
aguas salobres…”
El “mapudungun”, o “lengua
de la tierra”, es el idioma de los originarios americanos: Mapuches.
La laguna, de Chascomús,
precisamente, es maravillosa, y los visitantes, buscan los colores maravillosos,
de los atardeceres, y las puestas de sol, cada una diferente, sobre esta masa
de agua, y logran recuerdos impensados…
La ciudad, fue fundada
como un Fortín, por el Capitán de Blandengues de Buenos Aires, don Pedro
Nicolás Escribano, por el año, 1779, un 30 de mayo, con el nombre original de
Fortín San Juan Bautista, construyéndose, en ese momento una Capilla, bajo la
advocación de la Virgen de la Merced, Patrona de este emplazamiento original.
En el año 1839, fue, la
región, sitio de una lucha fratricida, entre fuerzas rosistas y sus oponentes,
donde los primeros, lograron la victoria, en la llamada: “Batalla de Chascomús”,
cerca de la laguna, una página más, de la ensangrentada contienda, entre
federales y unitarios, en Argentina…
El progreso, trajo, por
el año 1865, al ferrocarril.
Los mismos militares,
destinados en el Fortín primitivo, se constituyeron en estancieros del lugar, iniciando
la población, de estas “pampas inconmensurables…”
Desde 1873, Chascomús,
inició la llegada de los “inmigrantes”, de Europa, que lograron elevarla a
categoría de ciudad…
Algo jerárquico, en
Chascomús, y profundamente auténtico e histórico, lo representa la llamada: “Capilla
de los Negros”, pues durante un lapso prolongado, fue de la comunidad de
afrodescendiente…
Su piso, de tierra, y su
techo, de chapas, a dos aguas, con profusa cantidad de cuadros, flores y
crucifijos, está declarado, como, Monumento Histórico Nacional, y se estima que
fue construido, en el año: 1862.
Era, al inicio, de adobe,
en sus paredes, y el techo, simplemente de paja.
Al inicio, no era Capilla
católica, sino sitio de encuentro de la comunidad negra de Chascomús…
Por el año 1950, fue
destrozada, por un temporal climático, y allí, el techo se reemplazó, por la
chapa actual.
Y, se hizo, en ese
instante, un sitio para la Virgen del Rosario, y se convierte, así, en Capilla
Católica, con veneración principal a la Virgen Morena de los Milagros, a San
Martín de Porres, un Santo de piel oscura, que porta una escoba, San Benito de
Palermo, el “Santo de la Patagonia”, Ceferino Namuncurá, y la Virgen Gaucha de
Luján…
La Unesco, designó a
esta Capilla, como parte de la llamada: “Ruta del Esclavo del Río de la Plata…”
En Chascomús, en los
años 1868 y 1871, hubo epidemias, la primera, de cólera, y la segunda, de
fiebre amarilla, y esta Capilla, se utilizó, como lazareto.
También se atendió, en
este sitio, a muchos heridos de la Batalla de Chascomús…
La jefa del Departamento
Técnico, de la Secretaría de Turismo, Soledad Luis, le explicó a una
periodista, Diana Pazos, del diario Clarín de la ciudad de Buenos Aires, que: “…soy
afrodescendiente, y mi tatarabuelo, Luciano Alsina, construyó, este lugar, con
otros negros, que habían sido comprados, como esclavos, por los hacendados, y
se habían juntado en la hermandad “Bayombé de Invenza”. Ellos, les pidieron, a
las autoridades, “un cuarto para las ánimas”, practicar, candombe, y armar las
comparsas, de carnaval. Habían quedado en libertad, en 1860, y les dieron el
solar, donde está, ahora la Capilla…”
Y continuó: “…los hacendados,
siempre bautizaban a los negros esclavos, y les ponían el apellido, no para que
formaran parte de la familia, sino para denotar propiedad…”
A los antepasados, se
les llama: “caboverdianos”, porque, precisamente, de Cabo Verde, en África,
vinieron muchos de ellos…
(Pero eran -cazados- en
cualquier sitio, del África…)
Con el paso de los años,
las personas, fueron trayendo, las imágenes, crucifijos, partituras, santos,
poemas, y todo ello, originó, en forma natural, la Capilla…
El piso de tierra, se
cree, que fue para mantener, el espíritu, de los antepasados, y las puertas y
ventanas, fueron realizadas por manos de esclavos…
Aquí, de niña, les enseñaban
a prender las velas, limpiar los bancos, y cuidando este lugar tan especial,
cuando los mayores, desparecieran físicamente…
Otro sitio a tener en
cuenta, es el Museo Pampeano:
Para el lector no
sudamericano, Pampa, se designa, a un terreno llano, sin árboles, ni vegetación
densa…
Además, una provincia de
Argentina, cuya capital es Santa Rosa, también porta el nombre de La Pampa…
Pero el vocablo “pampa”,
en lengua quechua, otro grupo importante de originarios americanos, significa: “espacio
sin límite…”
Dicha esta aclaración, en
este singular Museo, se alojan gliptodontes, y divisas rosistas, punzó…
Vasijas y elementos, de
los pueblos originarios, y otras cosas, muy atractivas, de las famosas “pulperías”,
de antaño…
Si bien se exhiben unos
2000 objetos, en cada día, el Museo, cuenta, con más de 18.000…
Y la rotación, es
permanente, por ello, se puede repetir una visita, y continuar, con nuestro
asombro…
Se creó, por el año
1939. Para recuerdo de la relatada Batalla de Chascomús, un hito en la ciudad.
El edificio está en una
réplica de una antigua “Casa de postas”, que eran lugares, donde paraban los
viajeros de los viejos carruajes…
Se destacan en su
colección, la fotografía arcaica, los ambrotipos, ferrotipos, daguerrotipos…
Y, hay, hasta un visor,
de fotografías estereoscópicas, del siglo XIX, que era, en ese entonces, lo más
avanzado…
En la Pandemia, como
todos los Museos, cerró sus puertas, pero hicieron presentaciones especiales en
Facebook Live, llamadas, “Julio Felipe Riobó y la primera exposición de daguerrotipos”,
o, “La Batalla de Chascomús, y las apasionantes, historias, poco conocidas, de
tres mujeres de bandos contrarios, unidas por la pasión de sus ideales.”
El Museo, cuenta, con
siete salas, una, Arqueológica, dos Pampeanas, 1 y 2, un espacio, dedicado al
primer alambrado, de Argentina, introducido, por el inglés, Richard Blake Newton
por 1845.
Y, el motivo, de este
primer alambrado, en Argentina, fue, precisamente, que el ganado cimarrón, que
estaba, en ese entonces, vagando, en libertad, se comía, los frutales y aún las
primorosas rosas…
Es un fragmento, del
primer alambrado del país…
En la Batalla de
Chascomús, que reitero, vencieron los “Federales” de Rosas, a los llamados: “Libres
del Sur”, generaron muchas divisas, banderas, y documentos, que se exhiben…
También, se muestran,
aquí, las pesas de pesca, y boleadoras, puntas de flechas y vasijas, de los
originarios de este sitio de América, desde hace 2000 años…
También cuenta con una
sala destinada al “gaucho”, que es un término, utilizado en el sur del Brasil,
en Uruguay y Argentina, que designa a un tipo de campesino, generalmente
jinetes, muy hábiles, dedicados a lo rural…
Y, también hay recuerdos,
de los llamados “estancieros”, y de las renombradas “pulperías”, que eran, los
sitios hasta el inicio del siglo XX, comerciales típicos, de Hispanoamérica,
originados en el siglo XVI, y proveía, en sitios muy alejados, de centros
urbanos, de lo necesario, para la vida, como: comidas, bebidas, carbón, velas, telas
o remedios, y se fue convirtiendo en un lugar de reunión de clases humildes y
medias, donde se conversaba y se enteraba de las novedades, se tomaba, bebidas
alcohólicas, y hasta había juegos como: dados, naipes y hasta las riñas de pollo…
Es imprescindible una
visita a este lugar de la Provincia de Buenos Aires, donde aún recuerdo, un
gran trozo de pescado, a la parrilla, creo que se trataba de un sabroso pejerrey,
pero aconsejo, hacer una parada, y conocer la laguna, disfrutando, en esta época
de celulares y pantallas, y de todo lo vertiginoso, de la verdadera magia, de
su ATARDECER soñado…