LOS MAPUCHES…
Nuevamente, en este
tiempo de cuarentena, por el Covid-19, en Rosario, Argentina, encuentro, otro
recorte, de una nueva nota periodística, que fue publicada, en una serie, sobre
los pueblos originarios, de Argentina, entre el sábado 13 de enero del año
2001, y el domingo 14 del mismo mes, de ese idéntico año, por una enviada
especial, del diario Clarín, de la ciudad de Buenos Aires, Sibila Camps.
En ellas, Sibila nos
relata, sobre la etnia Mapuche, una comunidad respetuosa de la naturaleza, con
lengua propia, que está sintiendo los efectos del tiempo, y refiere, estar desapareciendo…
Explica, en los duros
inviernos, de frío intenso, preparan comidas, con los piñones de las araucarias…
Desean progresar, pero
sin destruir bosques, y la cría de ovejas, no les es suficiente…
Así, algunas familias,
de esta etnia, se aventuraron en emprendimientos del tipo turístico…
Un mapuche, en el año
2000, José Miguel Puel, decía: “pedimos permiso, avisamos, a Batea Mahuida,
para ocupar un lugar, para centro turístico…”
Y así, lograron instalar
el: Centro de Nieve Batea Mahuida, que
en su idioma significa: “cerro de la batea.”
Precisamente, Batea
Mahuida, es un volcán extinto, entre Argentina y Chile, se encuentra en la
provincia argentina de Neuquén, con casi 2.000 metros de altitud…
Hace pocos días, pude
deleitarme en una magnífica excursión en globo, sobre este extinto volcán Batea
Mahuida, que, desde el cielo, mostraba unos paisajes patagónicos, espectaculares…
El programa televisivo, se llama “Ojos del Cielo”, y muestra diferentes
regiones de la magnífica geografía de Argentina, desde lo alto…
La Comunidad Mapuche
Puel, lo administra, y en el año 2000, José Miguel decía, al instalarlo: “Teníamos
temor, de que se enojara: podía erupcionar, o reventar, el Lago Moquehue, pero hasta
ahora, está en silencio…”
Lo bueno, es preparar a
los jóvenes para la civilización actual, ya que no les alcanzaba, con la
crianza de animales, que practicaron sus ancestros.
Sienten, aún las “heridas”,
de las persecuciones, y desalojos, que los hizo arrinconarse, junto a la
Cordillera de Los Andes.
Conservan su idioma, el “mapuzungum”,
y se definen mapuches, que significa: “gente de la tierra.”
Para el resto de los
argentinos, somos los dueños de la tierra, comentan, pero ellos, no consideran
esta así, sino que se sienten parte de la Tierra, con sensación de pertenencia...
Se sienten, profundamente,
parte del ambiente, que los rodea, y cobija…
Su principal ceremonia
religiosa, es el llamado: nguillatun, donde usan un tamborcito ceremonial, el
kultrun, de forma de cuenco…
Suelen pedir permiso, al
bosque, para sacar la leña, necesaria, para sus hogares, y también al cruce de
lagos o arroyos, reiteran sus pedidos, como verdaderas oraciones.
En el idioma mapuche, sus
ancianos, amanecían charlando profusamente, pero en el 2001, hay algunos que no
tienen, con quién conversar…
Piden recursos mínimos,
para poder progresar, siempre, que sea, sin traicionar, su filosofía y sus
propios valores.
En esa época, hace ya 19
años, pocos, terminaban la escuela primaria, y la secundaria, era inaccesible…
Su arte de canastos,
tejidos, vajillas de madera, o vasijas de cerámica, dan mucho esfuerzo, seguir
haciéndolas, y no encontraban compradores, o las vendían mal…
Y así, va desapareciendo,
su propia cultura…
Si logran concluir su
7mo. Grado de la escuela primaria, es a costa de olvidar su idioma originario,
y ello, también atenta, contra el mantenimiento de la cultura.
Y, en la actualidad,
cuando los pedidos, no son escuchados, ni por personas de Argentina o Chile, ha
resurgido brotes de violencia en la población mapuche, fundamentalmente en sus
jóvenes, que no avistan, ningún futuro…
Cansados de promesas, incumplidas,
o de marginaciones, cuando las palabras, desaparecen, sobreviene, la violencia…
Tuvieron que padecer,
injustos desalojos, pero, con una fe inquebrantable, siguen siendo orgullosos
de sus tradiciones.
Hacen ceremonias
religiosas, por ejemplo, cerca del bello Volcán Lanín, en su Parque Nacional,
para pedir al “DUEÑO DE LA GENTE”, que les devuelvan sus tierras…
En Argentina, está la práctica,
de una ceremonia, en la bebida del mate, instaurada, por los guaraníes, otra
importante etnia sudamericana, pero los mapuches, que también lo toman, en las
mañanas, antes de empezar, devuelven el primer sorbo a la tierra, agradeciendo…
Les piden a NGUENECHÉN,
que los guíe, y les de fortaleza.
Y en la noche, vuelven a
agradecer, por todo lo que hicieron en el día…
La “piñonada” se impone,
y suelen beber una especie de chicha, con la que invitan, que llaman: musaid.
Esta bebida fermentada,
por supuesto, también se prepara, con los piñones fermentados de araucaria…
La marginación social,
hacia los mapuches, hizo que ellos perdieran valor en sus cosas, pero algunos,
están rescatando su alfarería, sus cántaros, y sus tejidos de telar, muy bien
elaborados, con diseños especiales y vistosos…
Luchan permanentemente,
en una batalla desigual, contra el olvido, para conservar, su cultura, y sus
tradiciones más sentidas.