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sábado, 28 de marzo de 2015

IMMACULÉE IBIGAZA, HISTORIA DE UNA AFRICANA

IMMACULÉE IBIGAZA, UN EJEMPLO DE VIDA…

El miércoles 28 de mayo del año 2014, se presentó en el Teatro Broadway de la ciudad de Rosario, un espectáculo, llamado “Sobrevivir para contarlo”, y referían que era una historia que conmovió a todo el mundo, que en el año 1994, en el corazón de África, Immaculée, sobrevivió al genocidio de Ruanda, y perdió a casi toda su familia.
Se escondió, junto a otras siete mujeres, durante 91  días.
Como me sentía muy motivado por conocer algo más, que las notas periodísticas, de esta terrible masacre étnica, y había visto recientemente una película sobre el mismo tema, de un joven gerente de un hotel en Ruanda, que organizó un salvamento de personas, durante este triste episodio, decidí concurrir, a escuchar el relato de Immaculée.
Comenzó la presentadora diciendo:
La presentación se realiza a beneficio del Centro Educativo Cuatro Vientos, de ayuda rosarina solidaria.
Y relató que Immaculée nos va a contar muchísimas cosas, y una de las cosas que más sorprenden, sea su capacidad de perdón, y uno piensa en el tiempo, y esto ocurrió, en el año 1994, o sea hace 20  años, esto no es una historia de la primera o de la segunda guerra mundial, es mucho más reciente, esto ocurrió ayer, trágicamente, y quizás el mundo entero se comenzaba a preparar los festejos del año 2000, algo imposible de imaginar, y sobre todo, cuando cosas como éstas, aún suceden en el globo.
Por ahí, el ser humano piensa que es todopoderoso, y que puede contra todo, y esto no es así, y justamente, por ejemplo en la proa del Titanic, se había colocado una frase, que decía: “Señor, ni tú puedes con nosotros”, y la historia posterior del transatlántico, ya es conocida, por todos, y nunca llegó a su destino…
Seguramente Immaculée, pensó: “Señor, contigo, podemos todo”…, y antes de estar con ella se proyectó un film, en inglés, explicativo de los sucesos de Ruanda, que duró pocos minutos, y al finalizar se la ve a Immaculée, acercándose a un hombre que mira hacia el suelo, en Immaculée, se divisa una amplia sonrisa, mientras que el hombre permaneció mirando al suelo, cabizbajo, e Immaculée, lo abraza, pero el hombre sigue con poca expresión, y se muestra a un camarógrafo que está filmando, como si el camarógrafo no pudiese creer lo que está viendo y viviendo, que una mujer a la que le mataron todos sus familiares, y casi muere en los días de su ocultamiento, se abrace con un vecino que participó en la matanza de sus seres queridos…
En todo el Teatro, hubo una fuerte ovación y aplausos por doquier, mientras se encendían las luces y aparecía en el escenario Immaculée, con un vestido azul.
Siempre lo que dijo Immaculée, fue traducido del inglés al castellano, por una traductora.
Y comenzó así:
-Muchas gracias por estar aquí. Esta mañana estuve con unos alumnos, y estoy muy contenta por venir aquí.
Pero más allá de eso, estoy muy contenta de estar en la Argentina, y he esperado mucho tiempo para esto, son muy agradables, y más que nada contenta por venir a Rosario, y cuando conocí el nombre de la ciudad pregunté si el nombre de la ciudad era por el rosario, o por otra cosa, y me dijeron por el rosario, por la Virgen María, y dije, guau…, y saben lo afortunados que son, ustedes están bendecidos porque tienen un Papa argentino, sí, y la gente del teatro volvió a aplaudir, intensamente.
Donde voy, nos dicen con emoción: nuestro Papa, nuestro Papa, y ahora es el Padre de todo el mundo, y yo estoy muy contenta de estar con vosotros.
Como les comento, el genocidio fue algo terrible, fue horrible, pero me enseñó mucho sobre la vida, y no estaría hoy aquí, si no hubiera aprendido las lecciones, que eso, tan terrible, me enseñó…
Ahora siento más paz, que antes, cuando estaba llena de miedo, yo pensaba, nunca desearía a nadie que viera lo que yo he visto, y entre las lecciones que aprendí, estuvo el perdón, no creía que fuese posible, y salí en libertad, y estoy muy agradecida por ello, por haber experimentado eso, y otra lección que aprendí fue el coraje del amor.
Cuando Jesús nos enseñó, como principal mandamiento, diciendo: Ámense los unos a los otros, y el genocidio de Ruanda, fue porque muchos de los líderes, no amaban, y las guerras y las tragedias se sucedieron, y hubo odio, y después del genocidio, o aún durante la tragedia, pensaba, qué se puede hacer para cambiar, para que no suceda, sé que las personas somos capaces de no tener guerras, así, pero si no empezamos a actuar con amor, en nuestras palabras, en nuestros pensamientos, o nuestras acciones, si no, no hay esperanzas…
Tengo el privilegio, de viajar por todo el mundo y de compartir historias, y agradezco a Dios, siempre, siento hoy, que tengo un regalo, y el regalo está vivo al compartir historias con ustedes y contar sus historias, conmigo.
Un hombre vino hacia mí y me dijo, mejor escucharte hablar, porque recién, y por primera vez, a los 54  años, pude dormir en paz, y yo sentí lo mismo cuando dejé de odiar.
Y otra mujer le agradeció, porque a través de ella, después de escucharla hablar, pudo dialogar con su madre, que hacía mucho tiempo, como 20  años, que no hablaban, y se contaron las vidas de cada una, y rieron juntas, y estaba muy agradecida por ello.
Otra gran lección del genocidio, fue saber que Dios, existe, sin dudas.
Y la importancia de amar, los unos a los otros, de entrega total, sin condiciones, sin ningún tipo de objeciones, querer amar a Dios, sin importar donde estés.
El genocidio fue en 1994. Yo estaba en la Universidad, y estaba de regreso a mi casa, por las vacaciones de Pascua.
Nunca olvidaré, el día que empezó todo, un fragmento de mi pasado, que está siempre presente.
Fue un miércoles, el 7  de abril, a las seis de la mañana, y mi hermana entró en la habitación, con un palo en la mano, me dice: no sabes lo que pasó, mataron al Presidente, y entonces salté de la cama, y  sabía que podía pasar, y le dije, nos van a matar.
Ese momento, es una imagen, que permanece, conmigo, y le dije eso porque de alguna manera estábamos preparados para el genocidio, y estábamos preparados de alguna forma para la tragedia, porque siempre Dios, encuentra alguna forma de avisarnos.
Ya dos años antes del genocidio, en las radios se hablaban de las tribus hutus, y el trabajo de los empleados de la radio, era que la gente comience a odiarnos, los periodistas fingían estar borrachos, y decían pásame la botella de whisky o de scocht, y decían, a esa gente hay que matarla…
Por supuesto que sabíamos que había alguien detrás de esa radio, pero no sabíamos por qué, cómo nos iban a matar.
Otra cosa mucho más linda que Dios nos preparaba, como Fátima, como Lourdes, dos años antes del genocidio, se apareció Nuestra Señora, la Virgen del Rosario, allí, en África.
Y dijo una fecha, el 14  de agosto a las tres horas, que iba a venir alguien, así que miles de personas asistieron y yo estaba allí, y mis padres también, y uno de los mensajes que nos dio, fue que algo horrible nos iba a pasar,  y que el mensaje no es sólo para África, es para todo el mundo.
Y nos dijo que si rezáramos, nos podíamos salvar de esa tragedia, y cuando pienso, que sólo rezando lo pudiéramos haber evitado, a un millón de personas, este sufrimiento, y escuchábamos la radio, y pensé, estamos en problemas.
Y recuerdo cuando, con mi hermana escuchábamos las noticias, tan horribles, y el mismo día que el Presidente falleció, se cerraron todas las fronteras, y nadie podía salir.
Y dos horas después, la radio informó que 18  familias tutsis, habían muerto.
Y decían 8 chicos y sus padres han muerto, ocho chicos y sus padres han fallecido.
Y mi padre me dijo, aquí hay algo raro, que hayan matado a familias enteras...
Pero por eso era un genocidio, que es matar a todo un grupo de personas.
Estaba todo preparado, sabíamos que iban a venir por nosotros.
Y recuerdo que un montón de personas se llegaron hasta mi casa, y le preguntaban a mi padre, sobre qué hacer.
Mis padres eran mayores, y se preocupaban por los demás.
Mis padres ayudaron a construir casas para la gente pobre.
Y aunque a algunos no les gustaba, nosotros teníamos ropa nueva y zapatos nuevos.
Al segundo día había como 10.000  personas en el campo de fútbol, donde papá enseñaba.
Me recuerdo a mi padre, parado frente a todos y gritaba, se aferraba a su rosario, y daba algunas instrucciones.
Son pequeños grupos de personas, que están causando estos problemas en el país, no tengan miedo, les decía...
Y aunque sea que el gobierno, planeó todo esto, no tengan miedo...
Y seguía diciendo: Esta es una oportunidad que nos da Dios, para limpiarnos de nustros pecados, e ir al cielo...
Y no se les dice a las personas en ese momento, como morir, ellos querían huir.
Pero pensaban, él no es ajeno a esta situación, él también va a morir...
Hasta ese momento, no me había enfrentado con Dios, creía en el cielo, verdaderamente.
Hubo un momento de un gran silencio, para arrepentirse de los pecados.
Mi padre se acercó a mí, y me dio, su rosario, y yo era la única mujer, de los hermanos, no quería irme, pero obedecí a mi padre.
Y me llevaron a la casa de un vecino, que mis padres, creían que era una buena persona, y me decían, miralos bien a tus padres, porque no los vas a ver nunca más...
Y yo pensaba, como puede ser posible este final, como alguien puede matarlos por algo que nunca hicieron.
Era muy difícil para mí, aceptar, todo lo que estaba sucediendo.
La casa a la que tenía que ir estaba a unos treinta minutos de la mía.
Y les dije que mis padres me habían ordenado que me esconda, hasta que todo se calmare.
Y nos pusieron en un baño de su habitación, muy pequeño, y yo pensé, que era muy chiquito para mí, como me voy a acostar, como me podré estirar aquí, pensaba.
Yo seguía quejándome, y trajeron a cinco mujeres más, allí.
Y después trajeron a dos mujeres más...
Éramos ocho personas, en un metro por un metro veinte...
Y me enseñó un lección, que cuando las cosas están mal, no te quejes, porque pueden empeorar...
Y si uno pasa por dificultades en su vida, traten de hacer lo mejor y orar, porque quejarse, no sirve.
Y nos indicaron, que no habláramos entre nosotras, y que esperaran a que otra persona tirara el inodoro, para hacerlo nosotras, todo para nos ser descubiertas y masacradas.
Lo que quedaba de comida, lo repartían entre nosotras.
Y yo, que estaba un poco malcriada, no quería comer comida recalentada, porque tenía miedo de mis problemas con mi estómago.
Pero, en seguida una se da cuenta que las cosas han cambiado.
Recuerdo que al final de la semana sentía tantas cosas, y no podía expresarlas...
Y todo el tiempo, tenía pensamientos, de cómo nos odiaban, de los soldados que asesinaban, y pensaba todo el tiempo.
Y el enojo que sentía, se transformó en ira.
Y en aquel corazón fuerte, el odio.
Y recuerdo haberme hecho la pregunta: ¿por qué este sentimiento está en mi cuerpo?
Los pensamientos buenos, puden ayudar, pero los malos son los que incrementan el odio.
Al final de la semana estaba, completamente perdida, pensaba que iba a hacer si salía.
Así que le pedí a este señor, que pusiese una radio, en nuestro baño, para saber que sucedía en el país.
Y cuando escuchamos la radio, no podía creer, lo que sucedía, y los líderes de la población, gritaban abiertamente, en la radio, que encuentren a todos los  tutsis, para matarlos...
Y una persona que era del gobierno, que yo conocía que era muy bien educaba, gritaba, vayan casa por casa y maten a todos los tutsis, incluso a los niños, que son unas cucarachas, unas cucarachas...
Y decía, una serpiente, es una serpiente.
Y yo pensaba, se supone que esta es una persona educada, cómo toma estas decisiones...
Y también allí comprendí que uno puede desarrollar muy bien el cerebro, pero si no se tiene corazón, no se tienen valores, el cerebro sólo, puede causar males.
Mataron a las personas, que se refugiaban en los estadios, y en las iglesias, y después empezaron a buscar casa por casa, para continuar con la insensata matanza.
Y recuerdo la primera vez que se llegaron a donde estaba escondida, varias veces lo hicieron, pero esa vez fue la más peligrosa, y yo miré entre las maderas, y observé como unos mil o dos mil personas se acercaban a nuestra casa.
Después me dijeron que eran entre trescientas y cuatrocientas, vestían hojas de banana, tenían lanzas largas y machetes, y algunos eran los que yo llamaba amigos, con los que había ido al colegio, y recuerdo que un hombre dijo: he matado a unas trescientas condenadas cucarachas...
Así que entraron a la casa, de cuatro habitaciones, y revisaron todo, y en ese momento, yo pensé: Esto se acaba ahora...
Me sentía como miles de alfileres estaban sobre mi cuerpo, y no paraban.
Y después escuché como dos voces, como voces internas, y para mí, una era divina y otra maligna.
Una me decía, por qué no  abres, la puerta, esto es demasiado doloroso, terminá con esta tortura, ahora, pero la otra voz me decía: no abras la puerta...
Pide ayuda a Dios. Te acordás quién es Dios, es Todopoderoso, eso, que puede hacer cualquier cosa, no pienses lo que posible, sino lo que es posible a los ojos de Dios.
Y esto me dio esperanzas, pues en seguida me sentí con algo de alegría...
Y enseguida pensé, ¿dónde está Dios?, ¿sabe dónde nos escondemos? ¿puede ayudarme a mí y a las demás?
Es demasiado tarde, ya entraron a la casa, ¿puede hacer algo ahora?
Y yo me había olvidado, pero se puede hablar con Dios, sí.
Y en ese momento, sentí que la voz buena me decía, no pierdas la Fe, ahora, pues es cuando más la necesitás, pedí una señal, porque Él te escucha.
No te preocupes, pues todos son hijos de Dios...
Y entonces, le pedí a Dios, que me diera una señal...
Y en mi corazón le pedí a Dios: Si estás ahí, te pido que me des una señal...
Quizás no entienda como funciona todo, pero si me das esta señal, ahora, te prometo que nunca voy a dudar de Tu existencia.
Y voy a seguir Tus consejos...
Y LE PEDÍ A DIOS AYUDA EN ESE MOMENTO, Y QUE LAS 300  PERSONAS NO ENCUENTREN ESTA PUERTA DE MI BAÑO.
Y si ustedes no creen en Él, pídanle que les de una señal, sí...
Después me desmayé, creo, y cinco horas después, cuando recobré mi conocimiento, la persona que nos escondía, abrió la puerta del baño, y yo creí que eran los asesinos...
Nos dijo que se habían ido hace unas cinco horas, pero para nosotras, habían pasado sólo cinco minutos...
Nos dijo que entraron, revisaron el techo, el cielo raso, abrieron el clósed, revisaron las valijas, y no encontraron nada.
Llegaron finalmente a la puerta de nuestro baño, y uno de los asesinos, tocó la manija, y no se dio cuenta de que estábamos allí escondidos, pues no la abrió, sólo agitó el picaporte.
Y antes de abrir la puerta, le dijeron: confiamos en vos, sos buen ciudadano, no podés esconder a la gente mala, se dieron la vuelta y se fueron.
Y lo que pensé, cuando me enteré lo sucedido, no fue, estamos a salvo, sino: por Dios, es real...
Y lo escuché en un baño, ni siquiera en una Iglesia...
Y yo no había pronunciado palabra alguna, sólo fueron mis pensamientos.
Y entendí, que no debía dudar de Su existencia.
Y entonces me di cuenta que Dios sabe todo, nuestras ideas y pensamientos.
Es decir que no se tiene privacidad de uno.
Eso fue la parte extraña.
Y entonces le decía a Dios, yo estoy enojada, pero tengo buenos motivos...
Todavía estaba muy enojada.
Y quería entender quién era Dios, y en qué Dios creía.
Y me preguntaba, ¿quiénes somos?, ¿cómo llegamos aquí?
¿Y cuánto tiempo más tengo que estar acá, encerrada en este baño?, ¿por qué me pasa esto?
Y en la Biblia busqué algún tipo de respuesta, y encontré la frase: Ámense los unos a los otros, y por eso sucede todo esto, es muy serio el odio.
Y siempre volvía repensar: ¿cuánto tiempo más tengo que estar acá?
Y después de morir, ¿adónde vamos?
Y en la Biblia dice que podemos ir al Cielo o al Infierno.
Y pensaba en el Paraíso, donde todo sería fantástico.
Y pensaba en la eternidad, millones y millones de años, en la alegría permanente...
Y recuerdo que traté de representar cien años, y después intentar dibujar la eternidad, y comparar nuestra vida en la Tierra, con toda la eternidad, y dibujé un globo terrestre, que terminó siendo una pequeña mancha en lo simbólico de lo eterno...
Y me pregunté, por qué, me importa tanto esto, pero aún todo ello, decía siempre, perdoname pero yo sigo odiando...
Y yo cerraba la Biblia, porque no quería seguir leyendo todo eso.
Y en otras páginas encontraba el amar, a todos, y yo me decía no, no es posible esto, después de lo que yo pasé, no, nunca.
Y como había pedido la Virgen María, empecé a rezar el rosario, todos los días, y la Virgen nos dijo, que si rezan todos los días, desde el corazón, Yo los ayudaré...
Así que comencé a rezar el rosario.
Un rosario, me tomaba unos veinte minutos.
Y yo pensaba en los misterios del rosario, y los sentía profundamente.
Y gracias a Dios, que la persona que hizo esta oración, estaba sana de juicio, y cuando rezaba y pensaba en todos los seres humanos, yo decía, Padre, no puede ser todos los seres humanos, no todos, no.
Y me puse a pensar, si yo soy padre y tengo tres hijos, y uno de ellos es malo, dejo de ser su padre,no.
Y cuando empecé a rezar el rosario, empecé a sentirme mucho mejor.
Y cuando rezaba el rosario, era el único momento que me sentía en paz y no odiaba.
Y empezé a rezar el rosario, todos los días, desde la mañana a la noche, y un día conté cuántos rosarios rezaba, y conté veitisiete...
Pero cuando rezaba, había algo que me molestaba terriblemente, la parte que decía perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, y eso me ponía muy mal.
Si las decía sin pensar, no había problema alguno, pero si quería realmente sentirlo, sentía que le mentía a Dios.
Y yo sabía que la Verdad es la Oración, como voy a mentirle a Dios.
En ese momento sentía odio, tanto odio, que cada vez estaba más enojada, no podía perdonar...
Y comencé a rezar, poniendo todo mi corazón en ello, y me fui sintiendo mejor.
Recen de corazón, y sus cosas pueden cambiar, sí.
Un día quise saltearme esa parte que no quería rezar, y sentí algo como que me tocaban el hombro, y pensé, ¿será mi ángel guardian?, y se me recordó que el Padrenuestro, no fue hecho por humanos, que fue Jesús quien lo hizo, que creo que es Dios, y esa Persona no pudo cometer errores, y si uno quiere que Dios esté contento, mejor es decir todo el Padrenuestro, y creer que es cierto...
Y no lo dijo, para una sola persona, lo dijo para todos, y el hecho de que uno no pueda perdonar, no es Su problema, es de uno el problema, sí.
Por primera vez en mi vida entendí el real significado de esta frase, en el Padrenuestro.
Y cuando uno se siente sin ningún tipo de control, se puede decir, yo quiero rezar, pero no decir esa parte, y si no la digo, estoy mintiendo a Dios, y en ese caso déjense ir, dejen las cosas en las manos de Dios...
Y yo estaba arrodillada, y dije: Señor ayúdame a perdonar a estos asesinos, para que Dios me auxilie...
Y me di cuenta que las cosas que no resolvemos, es porque no las hablamos delante de Dios, tenemos la ocurrencia de creer saber todo, pero de ningún modo esto es así, y hay que saber dejar las cosas en Sus manos.     
Y CUANDO ME RENDÍ ANTE Él, ME SENTÍ EN UNA PAZ Y EN UN NIVEL, EN EL QUE NUNCA ANTES VIVÍ.
Y entonces empecé a rezar el Padrenuestro, y cuando llegaba a esa parte del perdón, le decía a Dios, Vos sabés que yo ahora no puedo perdonar, pero Te pido que me enseñes como debo hacer, que me ayudes a perdonar...
Y esto lo repetía siempre...
Y nunca pensé en la lógica, ya que es claramente imposible que uno perdone a quien mató a tu papá, a tu mamá, a tus hermanos, a tanta gente.
Y cuando llegaba a esa parte, me enojaba, y me daba cuenta que aún no podía perdonar...
Y recuerdo un día, que rezando el rosario, que Jesús se estaba muriendo en la cruz, y en ese momento relacioné mi propia vida, con las enseñanzas del Señor, y quería hablar con Jesús, y relacionar Su historia con la mía.
Y yo no pensaba en los libros ni en las películas, sino pensaba en el momento de la crucifixión, pensaba en Su sangre, en los clavos en las manos y en Sus pies, debe haber estado llorando...
Y me sentí mal por ello, y también me sentí mal por mí misma.
Y pensé, Él tenía poder para definir todo eso, pero no lo hizo, para salvarnos a todos nosotros...
Y en ese momento si a mí, me hubiesen dado poder, yo hubiera matado, miles de personas, y todo esto me hizo pensar y cambiar mi opinión.
Y recordé sus últimas palabras: PERDÓNALOS SEÑOR, PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN...
Yo había escuchado esa parte antes, pero en ese momento, esto tocó profundamente mi corazón.
Pero no fue la primera parte que me tocó, porque yo quería perdonar, pero no sabía el cómo, pero me tocó más la segunda parte: No saben lo que hacen...
La gente que mató, no pensaba en la consecuencia para sus hijos, para el país, de lo que estaban haciendo.
Cuando uno hace algo malo, se está, también lastimando a sí mismo, saben lo que es levantarse a la mañana y pensar que estoy asesinando, a personas...
Y creí en la misericordia, y comencé a sentir una lástima profunda por los asesinos.
Y pensé, no puedo competir con ellos, si yo me vengo, voy a ser como ellos, y eso NO LO QUIERO...
Y creí que el mundo estaba dividido en dos partes, el bien, el amor y el odio.
Y las personas estaban en esos grupos también.
Y las personas que estaban en el amor eran las personas como Gandhi o Nelson Mandela, o como San Francisco o la Madre Teresa, gente que a pesar de los sufrimientos que padecieron, nunca se transformaron en malos...
No odiaron, aunque sufrieron...
El odio, por ejemplo aprece con Hitler, responsable de otro genocidio,
y tantos otros.
Y yo sentí: ¿de qué lado estoy?, del amor o del odio...
Y por supuesto que opté por el amor.
Y entonces pensé, yo ahora puedo perdonar, pero la gente mala, se merece ir al Infierno...
Y Dios me hizo una pregunta, que yo quiero hacérselas a ustedes, todos hemos hecho cosas malas, pero en el  momento que las hacíamos, no nos dábamos cuenta que eran malas,  
quizás, al tiempo, entendimos que eran malas, y yo entendí, en ese momento, que podía perdonar, pues las personas podían cambiar.
Yo ahora soy una persona muy religiosa, y siempre me confieso, si tengo algo que decirle a Dios.
Y si yo pido perdón por las cosas pequeñas, porqué no puedo pedir por los asesinos, también, pues aún ellos, pueden cambiar...
Y yo comencé a sentirme mejor, porque empecé a amar a los asesinos, porque yo quería que vengan para el lado de los buenos, el lado del amor.
Antes pensaba son malos, pero ahora creía en que podrían ser personas buenas, que antes eligieron hacer cosas malas...
Ningún ser humano es malo, podemos cambiar, siempre, sin importar lo anterior, sí.
Sentí, como si me sacaran un peso de mis hombros.
Sentí que los amaba, y en esta oportunidad, el amor no era, lo que antes creía que era amor, y no significaba que yo justificara sus acciones, no, sino una verdadera forma de liberarme a mí misma.
En vez de desearles el mal, quería que no lastimen más a nadie.
Y comencé a aprender el inglés en el baño.
Y nunca hubiese pensado en eso, si mi corazón hubiera seguido sumergido en el odio.
Y mis pensamientos negativos se esfumaron, y pensé: ¿qué pasa si yo salgo de aquí y tengo que trabajar con personas que hablen en inglés?
Comencé a estudiar inglés con un diccionario, repitiendo la fonética.
Y parecían como oraciones, incluso, cuando estudiaba el inglés.
Nos quedamos tres meses en ese bañito, de abril a julio, y en ese momento pensaba, serán tres años, o quizás nunca vea el mañana...
Rezar me traía paz.
Cuando salimos la guerra había terminado, y esta gente, que hizo tanto daño, había sido derrotada.
Y regresaron personas que estaban en el exilio forzoso.
Cuando entré al baño pesaba 65  kilogramos, y cuando salí, 29.
A mí se me salían todos mis huesos, pero mi corazón estaba muy fuerte, más fuerte que antes.
Y la gente me miraba y decía: mirá, un esqueleto, pero yo decía: soy hermosa por dentro.
Y la primera noche, fui a un campo de refugiados, éramos como 50, y yo quería y tenía que saber que había pasado a mi familia...
Esperaba que se hubiesen escondido, también.
Pero la primera noche me enteré, que todo el mundo que había dejado atrás, había sido asesinado.
Mi madre, mi padre, mis dos hermanos, mi abuela, mi abuelo, mis vecinos, mis compañeros de escuela, mis mejores amigos, y éramos muchos los alumnos...
Un millón de personas fueron asesinadas, en esos tres meses de pesadilla...
Ruanda es un país pequeño, se lo puede atravesar, en cinco o seis horas.
Había cuerpos abandonados, por todos lados, y los perros comían los cadáveres.
Y muchas veces quería aún morir, y pensaba, ¿cómo, quién pudo hacer todo esto?
A veces lloraba y gritaba por cinco minutos...
Y entonces me acordaba de Dios, cuando estaba en el baño, y pensé estar al lado de Dios, no abandonarlo, el viaje de tus padres, no es el tuyo, ellos están en un lugar mucho mejor, no te inquietes, pensaba...
Tu viaje no termina, aún, pensé.
Quizás signifique que tengamos un día más, o quizás una semana, o quizás un año, y nosotros pensamos siempre que nunca moriremos, pero en realidad no hay garantías de que viviremos un minuto más...
Si supiésemos la verdad, viviríamos diferente.
Y yo pensé que Dios me decía: Ésta es tu vida, tu regalo.
Sin importar cuan larga o corta sea.
Y siempre depende de vos, cómo la vivís.
SI AMÁS U ODIÁS... 
Si construís o destruís...
Si sos bueno o malo...
Si te importa la gente, o no te importa...
Si sos una buena persona y servís a los otros o los utilizás...
Y sentí que Dios me ofrecía su ayuda...
Y sentí como que algo me levantaba del piso, y me decía, comienza a trabajar, pues no sabes por dónde vendrá esto, para vos.
Y entonces me di cuenta que había refugiados que necesitaban más ayuda que yo.
Y traté de hacer el bien.
Y me sentí mejor.
Y siempre pedía ayuda a Dios, y el cambio.
Y le decía, necesito sábanas, necesito frazadas, y así.
Como una niña que va a un colegio pupilo, y le pide a su padre todos sus elementos.
Y yo les digo que ustedes seguramente tienen seres queridos, parientes, o amigos, y a ellos díganles que los aman, exprésenles el cariño, sí.
Y nunca lo demos por sentado, cuando las obligaciones nos alejen un poco.
Y yo no tenía nada, ni teléfono, ni Facebook, ni nada, en el campo de refugiados, y en ese momento me di cuenta de que si Dios me ayudaba le tenía que agradecer.
Y una cosa que pedía era ropa para poder cambiarme...
Y un tiempo después, una persona llegó al campo de refugiados, con un paquete, de una tía mía que estaba en Bélgica, y había ido a la escuela secundaria, conmigo.
Y había escrito una carta: Sé que muchos amigos han muerto, pero si vos has sobrevivido, no vas a tener nada, por ahora, y quiero que tengas esto...
Y entonces pensé, Dios está presente, deseo abrazarlo y agradecerle lo que hace por mí.
Y después vino una mujer que nos ayudó y nos llevó a su casa, esa mujer había conocido a mi madre, antes.
Bueno, mi parte de alojamiento ya estaba, así que empecé a rezar, por trabajo.
Y después me enteré, que esta mujer que nos había alojado, vivía al lado de la delegación de las Naciones Unidas.
Y había una oficina que se hablaba francés e inglés.
Así que empecé a buscar trabajo allí, y un mes después encontré trabajo en las Naciones Unidas.
Yo iba y me decían que estaba muy flaca, y yo me iba, y rezaba en mi casa, el rosario, y volvía al otro día, cuando me volvían a decir que estaba muy flaca, y así.
Y siempre que iba, por suerte, había un guardia distinto en la puerta.
Y entonces les conté mi historia a las personas de esa oficina, y no podían creerlo, y me decían ¿vos vivistes eso?, y hasta se ponían a llorar...
Y esta gente me alentó a escribir un libro, y yo pensaba, yo no soy escritora, los escritores nacen así, yo no sé...
Pero finalmente escribí un libro, el primero me tomó tres semanas y el segundo, tres meses.
Y escuché voces que me decían: ¿qué te pensás que sos?, no podés escribir un libro...
Y hay gente que habla mucho mejor el idioma...
Sos de un pequeño país de África, bien lejos, a ellos no les importa lo que vos digas...
Y yo cerraba mi libro, y decía: ¿qué estoy haciendo?
Y después empezaba a pensar en que Dios me creó, Él me quiere, Él quiere que yo haga esto, y la voz buena volvía y me decía, escribe el libro, después te vas a preocupar cómo lo publicarás...
Hacé lo que tengas que hacer, y deja que Yo me preocupe por el resto...
Rezaba el rosario, todos los días, y le pedía a Dios que me diera la fuerza para hacer lo que tenía que hacer...
Y logré terminar el libro, era el 1ro. de Mayo del año 2005, y lo puse en un sobre, y dije adiós, ya terminé lo que tenía que hacer, ahora te toca a Vos.
En el público se oyeron muchas risas...
Y le dije, voy a seguir amando al prójimo, y voy a asegurarme de hacer cosas buenas.
Y no decir la palabra amar, sino lo importante es realizarlo.
Tres días después, fui a un taller, pues un amigo mío me había dado una tarjeta.
Recuerdo al salir del taller, que había un hombre al final de una oficina, y la gente, después que les hablaba, se reía o lloraba.
Y me dio curiosidad, y quise ver quien era esta persona y qué les decía.
Y me dí cuenta que todos tenían un libro y que el hombre se los autografiaba.
No sabía, quién era, ni qué escribía, y solamente quería ver qué me podía decir.
Así que le mostré el libro.
Les cuento esto, para que cuando ustedes le pidan algo a Dios, sepan que Dios es Todopoderoso, y que lo va a hacer...
Así que me acerqué a este hombre con un poco de miedo..
Me firmó el libro, yo me estaba por ir, pero me detuvo.
Y me preguntó: ¿cómo estás?
Y yo contesté: bien.
Y me preguntó de donde era...
Y le dije: De Ruanda.
Y después se le iluminó su cara.
Y me preguntó: ¿sabés lo que pasó en Ruanda?
Sí, sí, ¿me estás preguntando a mí?
Sí, pero ahora todo está bien, y yo quería irme, pero él me retuvo.
Sus hijos estaban con él, y me preguntó: ¿dónde están tus padres y tus hermanos?
¿Dónde estaban en el genocidio, sos hutus, sos tutsi?
Le hice un resumen en un minuto, sí yo me escondí, mis padres están en el cielo, pero no te preocupes, que está todo bien.
Y me preguntó: ¿qué te hace sonreír, después de todo lo que vistes?
Yo sé que esa gente no está perdida, yo sé que existe el cielo, y yo estoy aquí, y tengo que hacer mi parte.
Yo habí terminado el libro, pero no se lo podía decir, y pensaba, yo sé que Dios responde, pero tan rápido, me asombré.
Antes nunca había conocido a ningún escritor, pero tenía el sueño de que el mío se publique.
Y él me preguntó si yo había pensado escribir un libro, le dije que sí y que ya había comenzado a hacerlo.
Y este escritor me dijo, que si encontrás la forma de explicarle a la gente, como permanecés así, después de lo que te pasó, y sos vos misma, yo te prometo que te publicaré tu libro.
Y yo pensaba: ¿quién sos?
Y mi cabeza me daba vueltas, cómo puede saber que estaba buscando alguien que me publique...
Y descubrí que había escrito más de cuarenta libros, la persona que me hablaba.
Y si hay alguien que me puede enseñar a escribir libros, es él.
En una semana, que no pude dormir, le dije: terminé el libro.
Y él me dijo: ¿en una semana?
Y entonces le conté la verdad, que había escrito el libro, y lo había terminado tres días antes de conocerlo, pero que me resultaba difícil, decírselo.
En los posteriores meses, me presentó a su publicista y a su editor, y ayuné por seis meses, hasta que llegó el día de la presentación de mi libro.
Comía vegetales y pescado, y rezaba, pidiendo a Dios que sea un libro bueno, que no sirva para mal a nadie.
Y el 1ro. de Marzo del 2006, salió mi libro, y dos semanas después salí en el New York Times, y yo ni sabía que significaba eso.
Era mi primer libro, y recuerdo que me llamaron de 60  minutos, que es un show muy importante en Estados Unidos, y que se ve en todo el mundo.
Y yo recién había llegado a los Estados Unidos, practicamente.
Y me llamaron y me dijeron que querían hacer un programa con mi historia.
Y yo me pregunté: 60 minutos, ¿qué es 60 minutos?
¿Quién le pone mi nombre a 60 minutos?
Me parece una hora, 60 minutos, je, je.
Y entonces llamé a mi publicista, y le dije alguien llamado una hora, o 60 minutos, me llamó y quiere contar mi historia.
Y él se volvió loco.
¿Quién te llamó? ¿Qué productor? ¿Qué te dijeron?
Y cuando cortó, me llamó otra persona y me empezó a hacer las mismas preguntas, y yo me dije: ¿Qué está pasando?
Y tardaron un buen tiempo en explicarme todo, lo que era el programa de 60 minutos, qué pasaba cuando se publicaba un libro, las distintas etapas, pero estaba tan contenta que no paraba de agradecer a Dios, hasta ahora.
Le doy, verdaderamente todo el crédito a Dios, y en especial, cuando veo a personas a las que les hablo, y me dicen que mi historia cambió sus vidas.
Y cuando viene una persona y me dice, tu padre nos ayudó a reparar nuestras casas, tu mamá ayudó a nuestras esposas, para que sean mejores mujeres, recibí cartas de Japón, de Asia, de África, es tal la alegría de poder ayudar, y mi primer libro fue una gran bendición, pues fue conocido en poco tiempo.
Y tuve la oportunidad de crear una Fundación, para ayudar a los que están en situación de guerra y en pobreza.
Y las ganancias de mis libros, van a esa Fundación.
Los libros han sido traducidos en más de cuarenta idiomas, en todo el mundo.
Y también he conocido líderes de países, que me dijeron, que mi libro ayudó a tomar decisiones mejores para sus ciudadanos.
Y allí una se da cuenta que Dios es Todopoderoso, y que está en todos lados, por más pequeña que una sea...
Y a mí me dio el derecho de pensar, que de hecho, puedo escribir libros.
Y en especial, compartir mi Fe.
Sé que si nuestros corazones, son buenos, todo lo exterior será excelente.
Y por eso escribo mucho sobre eso.
Y también escribo sobre la Virgen María, en África.
Mostrar que es nuestra Madre, y Ella nos dice que el rosario es un rezo, a través de Ella, hacia Jesús, y en realidad el rosario, es un resumen del Nuevo Testamento.
Y ahora hice un CD con el Rosario, y me ayudó una amiga mía, que es protestante, y un día me llamó y me dijo: ¿el rosario, puede funcionar para mí, como lo hizo para vos?
¿Te parece que puedo hacerlo?
¿Incluso si no soy católica?
Sí, por supuesto...
Así que la llamé y me contó, que esa noche lo rezó, toda la noche...
Y a la mañana siguiente, tenía que encontrarse con un Juez, pues iban a deportar a su hermano.
Y me llamó después, y me dijo: Immaculée, no vas a creer lo que pasó, era como si el Juez, de repente se hubiera transformado en mi mejor amigo, y mi hermano se pudo quedar.
No te puedo decir que voy a ser católica, pero sí que voy a rezar el rosario, por el resto de mi vida.
Y hasta el día de hoy, es una íntima colaboradora, me ayuda en los campamentos, cuando los visito, hace cinco años, que había pasado esto, y hace poco decidió tomar la Eucaristía...
En el auditorio se escucharon muchos aplausos intensos y espontáneos.
¿Entonces, sos católica o no?, le dije.
No me voy a arrepentir.
Y ella me aconsejó que ponga todos los misterios en un CD, y finalmente lo logré hacer.
Y me di cuenta que las personas que amamos, también participan de estos misterios.
Y nuevamente hubo otro aplauso unánime y completo.
Y entonces preguntó: ¿Alguien quiere tener hijos?, y en las primeras filas una joven levantó su mano, y entonces Immacullee, le dijo: Esto es para vos, y le dio un rosario.
Mientras continuaba el aplauso cerrado.
Este es un rosario de plata y el    100 % que obtuve de este rosario, se lo di a mi Fundación.
Quiero recordarles que estoy muy contenta de estar en su país, Argentina, y antes de irme quiero recordarles, que todos pasamos por cosas feas, en la vida, pero sin importar lo que nos pase, recuerden que siempre hay ESPERANZA, y hay un Dios, y si yo puedo perdonar, cualquiera puede perdonar, y en el perdón hay mucha paz, y libertad...

En nuestra historia argentina hay un caso especial de perdón que me parece muy interesante refrescar...
Dorrego fue un hombre muy importante del Partido Federal de la ciudad de Buenos Aires, alcanzó la gobernación de la provincia más rica de Argentina, casado con Ángela Baudrix, y tenían dos hijas.
En días previos a su fusilamiento por órdenes de Juan Lavalle, escribió en diciembre de 1828, unas líneas a su esposa:
"Mi querida Angelita: En este momento, me intiman que dentro de una hora debo morir; ignoro por qué; mas la Providencia Divina, en la cuál confío, en este momento crítico, así lo ha querido. PERDONO A TODOS MIS ENEMIGOS, y suplico a mis amigos que no den paso alguno en desagravio de lo recibido por mí..."
Aunque este fue el pedido del generoso Dorrego, antes de ser fusilado, este hecho cubrió de luto con sangre, la república toda e inició la guerra fratricida entre federales y unitarios, que se prolongaría por muchos años siniestros.
Otro ejemplo maravilloso de perdón, y que realmente me sorprendió muchísimo y me marcó de alguna manera, fue el ver a San Juan Pablo II, en la celda de su agresor turco, quien le había disparado, y debió ser operado para salvar su vida. Esta foto recorrió el mundo, y a mí, personalmente me impactó totalmente.

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