LEONILDO FORESTO, UN JOVEN DE 90 AÑOS. HOMENAJE A CHAÑAR LADEADO.
EL JOVEN DE 90 AÑOS FORESTO, HOMENAJEA A CHAÑAR LADEADO:En el mes de Agosto, del año 2014, quise hacer un homenaje a la Inmigración, y el señor Leonildo Foresto, quiso traernos una filmación que rescató de la historia de su familia, de la localidad de sus orígenes, Chañar Ladeado, que había realizado un familiar, allá por casi 100 años atrás.
Por las dudas que no se viera bien, se la pedí al señor Leonildo Foresto, y la grabé con una copia en mi ordenador.
Pedí un día extra, para realizarla un sábado, en el Colegio de Nuestra Señora del Huerto, y la Madre Superiora, me autorizó, muy gentilmente.
Comenzó la charla, en la que, tratándose de un sábado, pero un 23 de Agosto, hice primero un recuerdo del tan querido “Éxodo Jujeño”, y de su propiciador, el General don Manuel Belgrano, y luego invité a Leonildo a hacer su presentación, mientras manejaba la filmación tan valiosa, de Chañar Ladeado.
Primero Foresto, indicó, que si quería alguien del auditorio, realizar alguna pregunta, no habría, de parte de él, ningún problema.
Comenzó explicando:
Mi abuelo, llegó a Chañar, en el año 1893, a dos años que el pueblo se había fundado.
Y dejó, una huella muy profunda...
Fue varias veces Presidente de la Comuna, e hizo obras, que todavía hoy, se recuerdan, con ideas de avanzada.
Y a pesar, de que casi no lo conocí a mi abuelo, yo siempre destaco, tengo un fanatismo por él, porque me enseñó un montón de cosas.
Y realmente se puede decir, que todas las familias de inmigrantes tenían problemas similares, y buscaban idénticas soluciones.
Y mi abuelo, dejó a mi abuela, en Italia, le puso un pequeño negocio, para que ella, pudiese subsistir, y se vino a América.
Venía a la tierra soñada, huyendo, de las revoluciones, de la miseria, venían a buscar la tierra de sus sueños.
Realmente ellos, hicieron la América. No tenían conciencia, en su verdadera dimensión, de lo que lograron.
Hicieron la Argentina, porque esa nube de inmigración, fue la que señaló el camino a seguir, y que la Argentina, en 1930, era sexta nación mundial.
Cuando vemos hoy, no con envidia, pero sí, deseando parecernos, a Australia o Canadá, en esa época los mirábamos hacia abajo, cuando Argentina era 6ta. Potencia mundial…
Y no solo eso, era el granero del mundo.
Desde este puerto hermoso de Rosario, partían las riquezas, al mundo, y ahora vemos como fuimos cayendo, de a poquito, y todos compartimos un poquito la culpa, qué se va a hacer.
Volviendo a mi abuelo, como Presidente Comunal de Chañar, varias veces, y se le ocurrió una feliz idea, y ustedes recordarán que los hermanos Lumière, comenzaron a trabajar en lo que sería, posteriormente, el cine, a finales del siglo XIX, y el abuelo, en el año 1925, trajo un equipo de la ciudad de Buenos Aires, porque calculo que en Rosario, acá, no había nada de cine, hacía veintipico de años que recién se había inventado.
Y trajo este equipo de filmación, para grabar las Fiestas Patronales del pueblo.
Los que ya no tenemos treinta años, sabemos, que las Fiestas Patronales, eran las fiestas del año, las chicas se lucían, se ponían los mejores vestidos, venía gente de todos lados, de los alrededores, leguas y leguas, en sulky.
Por caminos de tierra, por supuesto.
Y como venían los amigos, también las amas de casas, se querían lucir, y por querer impresionar a sus amistades, las mejores comidas, se hacían ese día.
Y comidas, que después eran devueltas, porque cuando se hacían las fiestas en los otros pueblos, también, y allí íbamos como invitados.
Eran tiempos sensacionales.
No sé por qué, ni culpa de qué, ni de quién, pero esas fiestas no se hacen más.
Hoy solamente se hace una Misa, y ese es todo el festejo.
La fecha es el 24 de Junio, la fecha de San Juan, y era un velorio, no había nadie, y la gente aprovechaba el feriado, y se iban a Venado Tuerto o a Rosario, y el pueblo, vacío.
Más que lo que yo pueda ver, se puede observar en el film. Esta película es una reliquia, es un verdadero regalo del abuelo, para todos los nietos, y en ese momento, yo, el Doctor Abellan (h), acoté: “es para la ciudad, y para la Argentina, por qué no, no es un regalo para la familia, es para todos, es traer del pasado algo hermoso, para disfrutarlo, en este momento. Ustedes van a ver ahora el film, y si les digo que es una ciudad de Europa, ustedes me creerían, realmente.”
Ustedes hubieran visto cómo era el pueblo en ese momento, siguió Leonildo.
Y le voy a sugerir, que presten atención, como van vestidos, las señoras, como dice el Doctor, parecen italianas, o sus descendientes, o aún españolas.
La gran influencia, que tuvo Europa, para la Argentina.
Van a ver, las bandas de música, es impresionante, hay que pensar que era 1925, hay que ubicarse un poco, sí, pero no pude saber, cuántos habitantes tenía Chañar en 1925, hoy contamos en Chañar, con casi 6.000 habitantes.
Pero 90 años atrás, serían 600 personas, tal vez.
Y cuenten ustedes los ejecutantes de la banda que van a pasar, creo que hay más de 100 ejecutantes, aunque parezca mentira.
Me comentaron que vendría la nieta del Maestro Lazarini, pero todavía no llegó.
Quiero personalmente rendirle un homenaje, al Maestro Lazarini, italiano, que llegó en el grupo de inmigrantes de esa época, amaba la música, y la logró inculcar en el pueblo.
A mí me impresionó, la cantidad de ejecutantes de la banda, que había en esa época.
Todos con sus uniformes, y sus instrumentos, un verdadero poema, verlos.
Y dejó en el pueblo, el deseo, de ser músico, y lamento que no está la nieta, porque lo quería homenajear, hoy.
Porque perfumó con música, a muchos de nosotros, en Chañar Ladeado.
Los voy tratando de ubicar a ustedes, en el año 1925, sí.
Ahora veremos la película, y la vamos a ir deteniendo, y luego si hay tiempo, y la quieren ver de nuevo, no hay ningún problema.
Entonces me preguntó, ¿cuánto tiempo disponemos?
Dr. Abellan (h): -El tiempo que querramos.
Entonces Leonildo me dijo: Hasta mañana, en la mañana, riendo.
Un segundito, me olvidé de un detalle, antes de la proyección:
Mi abuelo, había dejado a mi abuela en Italia, y él necesitó un trabajo de siete años, en cualquier trabajo que se le cruzara, y yo tengo un libro de los italianos que se destacaron en la Argentina, y estaba la foto de mi abuelo, en ese libro.
Trabajaba de sol a sol, y en Chañar, juntó un grupo de gente, hizo una Comisión, y comenzó a funcionar, muy bien, ya a los tres años.
Quiero decir, que aparte de trabajar de sol a sol, le dedicaba horas, ya pensando, ya pensando en los hijos y en los nietos, del porvenir.
Pensaba, que sin educación, no se va a ninguna parte.
Y sacrificando horas a su descanso, se puso a trabajar y creó la Escuela Fiscal 213, que aún funciona, hoy, donde yo cursé de primero a sexto grado, completo, y ya que toco ese tema, un amigo, de una localidad cercana, Berabebú, siempre hablábamos con él, y me trajo una foto que es una reliquia también, del cuerpo docente, de esa Escuela Fiscal 213 y recuerdo a la señora que durante muchos años fue su Directora, en esta tan querida escuela 213.
A mí, me señalaron, me enseñaron a vivir, sí, por el camino que hay que seguir.
Muchos de los de Chañar, que hoy están aquí, fueron alumnos de ella, y a mí me tocó la señora Matamuda, de primero a tercer grado.
Luego, tuvimos a la Vicedirectora, la señora Delia Collado, que era una piba, en esa época.
En ese entonces, magisterio, eran tres años, nomás.
Así, que salían de doce, del primario, porque era hasta sexto, nomás, y eran maestras con quince o dieciséis años.
Y nosotros estábamos de 11 o 12.
Así que la diferencia era poca.
Por otro lado, me modeló completamente mi vida, me señaló el camino, y lo que no había que seguir, me enseñó, el respeto a los mayores, y una vez, me decía, que yo era el hijo que ella no había tenido.
Cuando falleció mi mujer, ella estuvo en el velatorio, y ella le dijo a su esposo, Oscar: Mirá, este fue el hijo que yo no tuve…
Del público preguntaron, ¿qué pasó, con su abuela que quedó en Italia?
El abuelo, con siete años de trabajo total, juntó la plata, para que ellos dos vinieran de Italia, en barco.
Ella vivía en un pueblo de Piamonte, que gracias a Dios, yo estuve allí, de visita, un pueblo que hoy, tiene cuatro Iglesias, un pueblo importante.
Y se comenzó a proyectar la película.
Miren la banda de música, qué cantidad de ejecutantes...
Fíjense en la Policía, en los uniformes que tenían, miren la cantidad de personas, que impresiona, recuerden el año, 1925.
Miren como iban vestidas las señoras.
Miren los chicos, de saco y corbatas, con medias tres cuarto.
Se imaginan, cuando llegó a Buenos Aires, y tomaron el tren para Rosario, al ver la inmensidad del país que estaba llegando, sin conocer el idioma, y yo me pongo en su lugar, lo que habrán sentido, desarraigo de su pueblo, de su madre, de su padre, y juntarse aquí, en esta inmensidad de kilómetros y kilómetros, no sé en ese entonces, cuánto demoraría el tren Buenos Aires-Rosario, y luego en sulky, hasta un pueblo que se llamaba Díaz, como 40 o 50 kilómetros, para ir a un nuevo hogar.
Era una tapera, que ni siquiera tenía ventanas, tenía los orificios, pero no las ventanas, con ramas de árbol, que el abuelo había colocado en puertas y en las ventanas, para tratar de paliar el viento, y lo que fuera.
Y cuando prendieron el farolito, imagínense, la luz que habrá tenido, se le llenó la pieza de sapos, y la abuela, en esa llegada a la América, no se bajaba de la mesa, durante horas y horas, y el abuelo, con escoba grande, sacando los batracios.
Había llegado de Italia, y la recibían los sapos…
Fíjense, el sacrificio, el desarraigo, todo lo que eso significó.
Ahora van a ver la Iglesia vieja de Chañar Ladeado, con tanto que me han hablado, y la veo en la película, como que yo la conocí, pero no.
Tengo una gran bronca, que se haya derrumbado a esa Iglesia, es increíble la insensibilidad, por qué tener que destruir, por qué no conservar nuestro pasado...
En ese entonces, no había registro civil, y la Iglesia, cumplía esa labor, y allí también se anotaban los nacimientos, los casamientos, los decesos, toda la historia cívica del pueblo, por qué fue derrumbada...
Cuando me enteré, tuve entrevista con el Presidente de la Comuna de ese momento, pero no pude verla en pie.
Gracias a la sabiduría de mi abuelo, la podemos disfrutar tal como era en esa época.
Luego van a ver la Procesión, y después había juegos, en las plazas, en los alrededores, atendidos por las señoritas del pueblo.
Todas, bellamente disfrazadas, algunas con picardía, y todo lo que se recaudaba, era a beneficio de la Iglesia, y a la Sociedad de Beneficencia, que manejaba la Iglesia.
Ese señor que vino ahora, es mi hermano, mi doble, je, je, que tiene 92, dos años más que yo, que se pare, señor Foresto, y todo el público aplaudió.
Tiene 92, y es más loco que yo, se pelea con todos en la calle, porque lo paran y no lo dejan seguir, sí, je, je.
Y sigue, a pesar de su edad, organizando viajes.
Es un privilegio, que no es personal, somos de familia longeva.
El abuelo nuestro falleció en 1929, y la expectativa de vida era 45 o 50 años, y él falleció a los 82, y siendo Presidente comunal.
Nosotros siempre decimos, que el Foresto, que no llega a los 95, vino fallado, je, je, je.
Y en un rincón de la Iglesia nueva, hay una placa que se rescató de la Iglesia vieja, demolida, y fui, y la encontré, una placa de mármol, bastante grande, y dice: Gracias al señor Juan José Foresto, se construyó esta Iglesia, y relataba que fue acompañado por una Comisión.
Y se nombra a las familias más destacadas de Chañar, sí.
Allí, en la película, que la puse de nuevo, se ve la Iglesia vieja, fíjense las damas, vestidas muy a lo italiano.
Se pueden apreciar, las calles de tierra, las edificaciones, en ese momento, y observen la nitidez de esta película, de casi 100 años, es increíble.
Miren por ejemplo las niñas, todas con sombreros, y en ese entonces, ya había dos sombrererías en Chañar, porque se usaba mucho esta prenda.
Miren las patronas, su elegancia, con que se vestían, evidentemente influencia europea, más italiana.
Imágenes religiosas. Las autoridades, este señor, era mi abuelo.
Tiene unas medallas, porque él estuvo en la guerra, y lo condecoraron por su valentía.
En cada acontecimiento, él se colocaba esas medallas, con orgullo.
Todos los vestidos, se los hacían ellas, unas señoritas tenían quioscos, otras vendían flores, estaban las jocketas, y fue reconociendo a algunas de las señoritas que se veían en la filmación.
Una de ellas, era una belleza de morocha, y la que le sigue es Novarini, todas nerviosas, por salir en la película, la novedad del cine.
Estas señoritas eran las mensajeras, y ¿qué tarean tenían las mensajeras?
Les llevaban mensajes a los hombres, que no se animaban a decirles algo a las chicas, y ellas se los llevaban...
Era un poco para romper el frío, y siempre se portaban muy bien, no sé como se portaban cuando estaban solos, pero hasta allí, siempre la corrección.
Fíjense en el film, que se ve que hacía mucho frío. Miren la Comisión de Damas, y está nuevamente la Novarini, está la señora de Antonio Aramburu, entre los que recuerdo.
Y hasta un partido de fútbol, se filmó, observen, increíble, por un lado el equipo chañadense, contra un equipo de una localidad vecina, Arteaga.
El señor Bertero, fue Presidente de la Comuna, también.
¡Los de Chañar no retrocedemos nunca!, bromeó, frente a un defecto en la proyección.
Entre los juegos populares, que se hacían, en la Plaza, se hacía el palo enjabonado, el del cuis, todos los juegos que había por esa época, el bingo, que era la lotería.
Toda la comida era casera, por supuesto, y los recibían a los familiares y amigos, con fiambres, no se compraba nada.
Con jamón, bondiola, y luego las pastas, y las hijas colaboraban mucho, las madres cocinaban y sabían atender su casa, y eso aprendían sus hijas.
Sabían coser, sabían cortar, como dice la canción, todas virtudes indispensables para una señorita, buena madre futura.
Todas las virtudes de una buena ama de casa.
Y después los pollos, lechones, de todo.
Y a veces, un poco competían entre vecinas, y se acordaban como habían comido el año anterior, en tal casa, y querían superarla.
Era una cosa muy simple, no era una verdadera envidia.
Y después un montón de tortas, sí, hechas por ellas.
Y el clericó, que no faltaba nunca.
Y, después, una reparadora siesta.
Para después cenar, que era por lo menos igual, o aún más generosa que el almuerzo.
Lo que sí, es, que al cenar, había que apurarse, porque después de la cena, estaban los fuegos artificiales,
que eran la novedad, en ese entonces.
Y todos corriendo, donde se hacían los fuegos, sí.
No había muchas fiestas en el año. Estaban las fiestas cívicas, el carnaval, año nuevo, reyes, navidad, y este baile, que seguía a los fuegos artificiales, y era muy esperado.
Y las chicas, con sus mejores vestidos, venían galanes, de todos los pueblos de alrededor, sí, llegaban en los Ford T, y el baile se hacía en el salón, con un par de miembros de la Comisión, con muchas luces de velas, que se disolvían y caían al piso, como cera, haciendo el piso mjuy brillante, y resbaladizo.
El salón estaba pintado, adornado, con flores.
Y actuaban las orquestas del pueblo, que habían aprendido, con el profesor, y ya se largaban solos.
Y el baile comenzaba con un paso doble, tocaban ese paso doble, y se iniciaba el baile en general.
Empezaban temprano, y se terminaba a las dos o a las tres de la mañana.
Contaré una anécdota: Como mi abuelo era italiano, a los jardines y las quintas, los atendía, él mismo, y fue condecorado, como expliqué, por el gobierno italiano, con medallas de Méritos.
Allí está mi abuelo, leyendo periódicos italianos.
Y se puede observar, la dificultad que tenía con sus manos, no puede sostener bien el mate, en el film...
Era muy activo, y tenía una polenta,
él terminaba al mediodía su labor en la Comuna, y para ir a su casa, inexorablemente tenía que pasar por mi casa, de paso, y entonces, mi abuelo, entraba todos los días, y tenía en la mesa, preparada, una copa de vino, que él siempre gustaba, y veía a sus nietos, y a los hijos, y los comentarios.
La casa donde nosotros vivíamos, en media manzana, y se acostumbraba que dentro de ese predio, quinta, palomar, corral de las aves, infaltables, los árboles frutales, con cuatro eucaliptus enormes, de quince o dieciocho metros de alto, un pino enorme, en el terreno descampado.
Y en una de esas oportunidades, que estaba tomando esa copa, en la esquina de mi casa, en su vereda, había un desnivel, y cuando llovía, se inundaba, y la gente no podía pasar.
Y un día el abuelo le dijo a mi papá, que se llamaba Victorio, le dijo: -Victorio, me estás haciendo quedar mal, por era el hijo del Presidente de la Comuna, y la gente no podía pasar por su vereda.
¡Arreglala, por favor!
Sí papá, le dijo Victorio.
Y nunca la arreglaba, y un día llegó el equipo de la comuna, y ese día cuando llegó el abuelo, le dijo:
-Victorio, vistes que te arreglé la vereda.
Gracias papá, quedó hermosa, gracias.
Gracias, qué gracias, acá está la factura...
Transporte, material, y personal, todo incluido.
Él era el hijo del Presidente de la Comuna, pero la plata pública era sagrada.
Era un verdadero compromiso.
Lo hacían así, tan simple.
Ahora continúo con el baile, hasta las dos o tres de la mañana, y otro paso doble anunciaba la finalización del baile.
Los jóvenes querían siempre seguir bailando, pero con el alivio de las señoras, y ahí se terminaba la fiesta.
Y a mí me tocó alguna vez alguna de esas procesiones, y recuerdo que hacía mucho frío, mucho, y cuando íbamos a la escuela, de mañana, íbamos por la orilla de la cuneta, y que estaba la helada, y era todo hielo en esas cunetas, que parecía más frío, al ver eso.
Y los pobres autos nuevos, de esa época, tenían serios problemas, para ponerlos en marcha, porque estaban todos escarchados.
Y a algunos, hasta se les escarchaba el radiador, y tenían que buscar agua, aparte.
Y los que predominaban, eran los infaltables sulkys, un montón, con techo de lona, para cinco o seis personas, y con mantas y ponchos, pasaban el frío del camino.
Y allí se escuchaban los agradecimientos, por las atenciones recibidas, y se escuchaban las despedidas, sí.
Vuelvan al año que viene, se decían, siempre.
Antes tienen que ir ustedes a nuestra casa, a devolver atenciones.
Muy lindo todo, muy simple. Se hacía todo muy fácil.
Esto, fue hasta ahora un introito, más o menos, están ahora dispuestos, cómo se vivía en esa época, cómo era, ahora quiero explicarle, cómo se hacía vivir, en una familia tipo, sin heladera eléctrica, sin lavarropas, sin ninguna de las comodidades, que ahora a nosotros nos sobran, no era fácil, no era nada fácil.
Primero les voy a presentar a mi familia, para que ustedes se ubiquen cómo era la casa.
Porque había que hamacarse, para tener esa casa.
Mi madre se llamaba María Godín, mi padre Victorio Foresto, Ítalo, el mayor de la familia, tenía 95 años, y una niña que falleció a los dos años, se llamaba María Carolina, era lña más chiquita.
Y aquí está una hija, que dijeron, si tengo una hija le voy a poner ese nombre, que es tan hermosos, y aquí está, en esta reunión, presente, María Carolina, y todo el público, aplaudió.
Y presentó, al lado de su hija, a los demás integrantes jóvenes de su familia, que lo acompañaron en toda la reunión. Siguió el aplauso cerrado de la concurrencia.
Y ya soy bisabuelo, con cuatro bisnietos, de un año y medio, de tres, cinco y seis años, tres varones y una nena, con nietos que se casan y todo.
Si empiezo a hablar de mis bisnietos, no paro más.
Y a Heriberto, que le decíamos Tino, 84 años, y Victorina, que fue todo un espectáculo en el pueblo, falleció hace muy poiquito, muchos la conocieron, era mi amiga, mi hermana, y falleció hace poco a los 93 o 94 años.
Los últimos representantes de la familia, somos mi hermano y yo, ambos de más de 90 años, cada uno.
Y como éramos poco, adoptaron una nena.
Les voy a contar cómo, la adoptaron, mis padres.
Con los problemas, que hay ahora, para adoptar una nena, que es una locura.
Mis padres, tenían unos amigos en Corral de Bustos, que se visitaban, y en una oportunidad, fueron a visitar a ese amigo, y escuchaban a una nenita, en una casita de al lado, que lloraba, lloraba y lloraba, y en un momento, mi padre le dijo, ¿qué pasa con esa nena, que desde que llegamos está llorando?
Y, es una huerfanita, se le murió, la madre, y el padre desparramó, los otros ocho o nueve hijos, por todos lados, entre los parientes cercanos, y otros no tanto, y a ésta, no la quieren, pobrecita, de cinco o seis años, y un día yo le pregunté a mi madre: ¿Y cómo decidieron adoptarla?
Mirá, me dijo, tu padre me miró, no más, y yo hice una seña, de que sí, entonces, él se levantó, golpeó, en la puerta de al lado, salió un señor, y le dijo de la nena que lloraba, y que como no tenían comodidad, para tenerla, y se le ofreció, si se la querían dar, yo la aceptaría, le expresó, con firmeza.
El señor de al lado, les puede dar referencias de nosotros, nos conoce, de hace tiempo, sí, y fue una hermana más, así de simple.
Y no faltaba un par de pibes atorrantes, que venían a quedarse, diez o doce días, algunos sobrinos, y también venían a mi casa.
Ella, se casó al tiempo con un empleado de papá.
Nuestra casa, tenía seis enormes habitaciones, con una cocina, un garage, y una marlera.
¿Saben ustedes lo que es el marlo?
El envoltorio del choclo, se utilizaba para cocinar, en vez de usar carbón, u otra cosa, se usaba el marlo.
Era una habitación enorme, que le llamábamos, la marlera, y se depositaban los marlos, en la cosecha del maíz.
Y había un recipiente de como unos 80 centímetros, y los más chicos éramos los encargados de llenarlo, con marlos, para cocinar, después.
Era el combustible, y no se gastaba en conseguir otro.
Había otra habitación, donde se lavaba la ropa, y tenía una ducha, y en el fondo estaba el excusado, se imagina ustedes, con tres o cuatro grados de frío, y tener colitis, je, je.
El baño, tenía que estar lejos, nunca dentro de la casa.
Alguna vez se cocinaba un pavo, para Navidad.
Y estaba el terreno, con esos árboles, un duraznero, y la infaltable quinta, que abastecía, en épocas de vacas flacas.
Mi mamá, era la cocinera. Y manejaba la economía hogareña.
Como en muchas casas.
Hay que explicar un poco, cómo eran las reglas internas, para mantener, toda esa casa.
Hay que hamacarse, once personas, lavando la ropa a mano, que había que planchar, hacer la comida, para todos.
Había como en las que se ven en las películas de cowboy americanas, unos transportes, todos forrados por dentro, techados, carros, con cortes de carnes, que iban pasando, casa por casa, y la ama de casa, compraba, todos los días, la carne, no había heladeras.
Y también con carros pasaban los lecheros, los pescadores, en esa época, eran extremadamente raros.
Después sí, pero en ese entonces, pescadores, no había, generalmente.
Y el lechero, traía directamente su vaca, y la ordeñaba, delante de la gente.
Era, bien directo, del animal, al tarro, y más económico.
Para mantener la casa, había 8 chicos, en tareas escolares, con una abuela, que estaba en silla de ruedas, y había que cuidarla, y los domingos, como buenos italianos, creyentes, había que llevarla a Misa, y todo esto se realizaba en paz y armonía.
Nuestro padre tenía campo, y vivíamos, muy bien.
Vivíamos con mi tío, pero después vino la Gran Depresión, la gran crisis del año 30, que para que se den una idea, de esa crisis, que nosotros pasamos, por acá, porque de un día para otro, con un mal negocio, se pasaba directamente a la pobreza, de muchísimas familias, no era un caso particular, un montón de gente, les sucedió entrar en profunda crisis, empezó en Norteamérica, y se difundió por todo el mundo, una verdadera crisis, crisis de hambre, y en mi casa, eso se pudo paliar, porque mi madre, hacía maravillas, porque se aprovechaba todo, realmente, todo, la quinta, los frutos, las aves, lo único que comprábamos, diariamente, era la carne, sino todo lo otro era "fato in casa", sí, realmente.
Y había que tener un orden total, y la familia, toda, trató de ubicarse, en la nueva situación, y mi hermano y yo, nos levantábamos, nos hacíamos las camas, y hacíamos la pieza.
Nos llamaban, cuando había que hacer un mandado, los dos íbamos y veníamos.
Y a veces apostábamos, el que llega primero, va a tener la tarea más liviana, y nos matábamos, por ganar.
Se cocinaba con la famosa cocina llamada "económica", de hierro, con tres hornallas, se limpiaba, se cerraban las hornallas.
Con el fuego, se ponía una bifera gigante, y así se cocinaba, muchas veces, así.
Y en un rincón de la cocina, había un recipiente donde entraban más o menos 5 litros de agua, y esa era el agua caliente, para lavar los platos, después.
Todo bien controlado.
La crisis, por supuesto, cambió, todas las costumbres de la casa, y mi hermana, chica, enseñaba a tocar el piano, y tenía, n muchos, pero tenía sus alumnos.
Y así se sacaba unos pesos, también.
Pero en un momento, hubo que vender el piano, también.
Y mi otra hermana, Isolina, enseñaba labores, bordados, en fin, bordados a mano.
Y también había un vestíbulo, donde se hacían lo que hoy se llama asaltos, donde mis hermanos y sus amigos, traían sandwiches, y jugos, y se hacía la milonga, y mi hermano y yo éramos los vitroleros, los vencargados de manejar, en esa época la vitrola, sí. Los vitroleros, eran los "discjokeys", de la época.
Y había que bañarse. Y el jabón, también se hacía en casa, y ¿cómo se hacía?
En un tambor grande, de agua, se ponían, grasa, y otros ingredientes, que no recuerdo, y se ponían después en unos moldes, también de chapa, de unos 8 o 10 centímetros, de largo, y se volcaba el jabón, allí, se lo dejaba enfriar, y luego se lo cortaba en panes, y las tareas, no faltaban, nunca.
Pero uno de los problemas, más grandes que había en esa época, eran las alimañas, no había los insecticidas, de ahora, o había muy pocos, y muy costosos.
Y entonces, dos veces al año, sacábamos, las once camas, al patio, y del agua que hervía, con regaderas o pavas, y regábamos con agua supercaliente, todo el colchón, que se había abierto, tratando de matar todas las chinches, las pulgas, y demás parásitos, que había allí.
Y los huevitos, que también había, y muchos.
Dos veces al año, se hacía todo ese trabajo, con los colchones, en el patio.
Había también que cardar la lana, para hacer que el colchón vuelva a ser mullido, y usable.
Y luego, el colchón, tenía todo alrededor, un reborde, como un repulgue, y nos sentábamos, todos alrededor, y matábamos los bichitos, uno por uno, aunque parezca mentira, sí. Y había que hacerlo, nomás.
No era la vida tan fácil.
Todo esto, siempre, estaba supervisado por la madre, siempre.
Y guay, que nos distrajéramos, nos ponían en vereda, en seguida.
Terminada la tarea, se secaban los colchones, y se rearmaba la pieza.
A grandes rasgos, así, vivía una familia de inmigrantes, en eswa época.
Había contado, que la abuela llegó de Italia, a una tapera, pero que duró poco, porque mi abuelo siempre fue muy activo, antes de venir a Argentina, había estado muy poco en Estados Unidos, y después fue un tiempo a Brasil y no se acostumbró, pero el decidió, primero ir a Buenos Aires, y después a Vila, y a Chañar, recién fundado, y que lo estaba esperando. Había muchas facilidades, para obtener tierras, los gobiernos, querían poblar, con inmigrantes europeos, de preferencia.
Los pueblos nacían al compás del ferrocarril. Llegaba el ferrocarril, primero, y cuando llegó a Chañar., se fundó Chañar Ladeado.
Foresto, dio por finalizada la charla, ante un estruendoso aplauso, de la concurrencia.
Y en ese instante, vino la pariente del Maestro de Música de Chañar, que hizo maravillas, con la música, y se levantó una señora hacia donde estaba Foresto, con otro aplauso, para la nieta de Lazarini, que recién había logrado llegar.
Y Foresto, pidió que les transmita a toda su familia, un merecido homenaje al Maestro Lazarini, que brilló, por esa época, en Chañar Ladeado, sembrando de música y color al pueblo, siempre.
Siguieron los aplausos, emocionados, de muchas personas con pasado en Chañar.
Y Foresto, dijo: -Acá el Doctor Abellan, que no se pierde una, me trajo la canción de Chañar Ladeado.
No la conocían como canción, y la nieta del maestro Lazarini, la leyó, para todos, como un poema:
Tu historia, es una historia de inmigrantes,
que trazaron un día tus caminos,
y el oro del trigal marcó destinos
para aquellos primeros habitantes.
Una tarde de sol, noble espejismo,
de aquellos que soñaban tu trazado
bajo un chañar agreste e inclinado,
firmaron a su sombra tu bautismo.
Era un canto de fe, pueblo heredado
con aliento y clara estrella
Dios entonces bajaba hasta la huella
bendiciendo a mis antepasados.
Se escribieron los días con un canto
y los surcos besaron la semilla;
un ruego quieto fue oración sencilla
de la llanura mística hasta el barranco.
Hoy que en tu pulso el corazón abarca
un aleluya azul de bronce sin badajo
hasta el rebelde corazón de un pájaro
regresa con amor a su comarca.
Esta canción, fue escrita por Mirley Avalis, siendo elegida de entre unas treinta canciones, presentadas. Una vez escogida la letra, el Director de la Banda de Música Comunal, Lito Turini, compuso su música.
Esta canción, se estrenó el 17 de agosto de 1990, durante un acto en la Escuela Fiscal No. 213.2
José Foresto dirigió Unión Vecinal, de 1918, a 1920, por segunda vez: de 1922 a 1924, por tercera vez, de 1924 a 1926, y la última vez, desde 1929, hasta su fallecimiento en 1930.
¡Loas al inmigrante!
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